viernes, 2 de marzo de 2018

Dolor

Hace algunos años una amiga se quejaba conmigo porque un conocido suyo le había dicho que mejor no publicara estados de Facebook donde dejara ver que estaba triste o frustrada o abatida o brava o ningún sentimiento de esos "negativos" que porque "somos lo que proyectamos" y que si se veía que la estaba pasando mal la gente podía asumir que estaba fracasando en la vida y que eso podía traerle como consecuencia que no quisieran, por ejemplo, contratarla en ninguna parte.

¿Cuál es el matiz ahí?, ¿cuál es el punto exacto en el que podemos ser seres humanos a los que nos duelen cosas sin que la gente haga esos juicios tan despiadados?, ¿qué tanto podemos ser nosotros y no esos autómatas de la programación neurolingüística que siempre son exitosos para atraer el éxito?, ¿qué tanto de depresión tapamos con sonrisitas en redes sociales?

Me gusta mucho el ejercicio sobre el duelo que está haciendo Manuela Álvarez publicando en Facebook, en Twitter, en Instagram su tristeza por la pérdida de su esposo.

Somos seres gregarios y no estamos siempre contentos; natural es también aburrirse, sentir tedio, frustración, dolor. Que para algunas personas sea incómodo ver a la gente pasando por eso habla más de la manera en la que ellos lidian con sus propias mierdas que de el fracaso del que se expone.

Exponerse, con todo y la decisión de ceder un poco en el derecho a la intimidad, es más valiente y corajudo que meter la cabeza en un hueco, fingir alegría, ser exitoso para ser exitoso. Mentirse para estar bien es estar dos veces mal.

Yo sí necesito a los otros para sanar mi dolor. Hoy, un año después de la muerte de mi primo, Mateo Villegas, lo nombro como lo hacemos todos en mi familia, para que no se nos olvide que esta fecha nos une en la tristeza y que también nos ha enseñado un poquito sobre el amor.

martes, 27 de febrero de 2018

Oveja negra

Cuando estaba en el colegio nos hicieron un test de personalidad y entre todas las cosas nos preguntaron si nos sentíamos la oveja negra de la familia. Yo contesté que sí porque mi hermana es perfecta y yo soy yo. Irresponsable, desordenada, descuidada, desconsiderada, despistada, nosabequéquieredelavida, nosabedóndeestáparada, en fin...

Cuando conté en mi casa que había respondido eso me sorprendió la reacción de mis papás, muy preocupados con que yo me sintiera de esa manera, cuando a mí me parecía que sobre eso había consenso. Pensaba que estábamos todos de acuerdo.

No sé qué significaba para ellos ser la oveja negra de la familia, pero si hoy me vuelven a preguntar vuelvo a contestar que en mi casa soy yo porque me ha costado mucho más trabajo que a mi hermana ubicarme en la vida, encontrar ese lugar del mundo que nos corresponde a cada uno; que quiere decir saber cómo me voy a sostener a mí misma y poder responder por mí. Aunque soy independiente hace mucho tiempo y cada vez más, parece que tanta independencia tampoco es de ovejas blancas.

Yo no sé, no entiendo bien, qué se espera de uno. Pero quizá los hermanos ovejas negras, que no resultamos definitivamente malas personas, tengamos la fortuna de la libertad. Lo que de mí se espera no me condiciona, se espera que sorprenda, muchas cosas caben en esa categoría, y yo no he dejado de defraudar.

martes, 9 de enero de 2018

Memoria

Quién sabe cómo elige el cerebro recordar ciertas cosas muy pequeñas, detalles que parecen muy bobos, con mucha precisión. Hay un punto de la carretera vieja entre Manizales y Chinchiná en el que siempre recuerdo una canción de José Luis Perales que alguna vez sonaba en el carro de mi papá, un Fiat Mirafiori blanco, justo cuando pasábamos por ahí. Nada importante, pero mi cerebro eligió ese momento para recordarlo con precisión. El olor del carro, una mezcla de paño, calor y cigarrillo lo acompaña.

Y otros recuerdos los construye el cerebro por asociación. No estoy segura de si Mateo, mi primo que acaba de cumplir 10 meses de haberse muerto, me habló de eso a mí o a mi hermana y ella luego a mí y yo después le pregunté a él, no sé, pero cada que miro el edificio de ventanales azules del Parque Médico recuerdo que a él le gustaba. A mí me parecía feo, muy raro para Manizales, aquí no solemos hacer cosas así, como tan estrafalarias. Además esos vidrios azules tienen una connotación de estética narco que yo rechazaba porque sí. Pero Mateo le dijo a mi hermana o a mí o a ella y luego yo le pregunté, no sé, que qué putería, que la punta del edificio es en forma de diamante, que eso es difícil de construir y que como diseño esto y lo otro... Mateo no se ponía con exposiciones, no debió haber dicho mucho, no dijo mucho. Pero entender es valorar y comprendí que ahí había algo que yo no conocía y que estaba juzgando desde el prejuicio. Ahora me gusta el edificio, y me gusta más porque me lo recuerda a él.