martes, 26 de noviembre de 2024

"A mí no me gustan las mujeres con canas"

 A veces he oído cosas como "a mí no me gustan las mujeres con canas". A los señores poco les importa que yo esté ahí al lado de ellos, toda llena de canas. Lo dirán justamente para que lo escuche. Como una manera de decirme que no les gusto. O como una manera de indicarme que estoy por fuera del deber ser. Está bien. A mí ellos, en particular ellos, y no por nada en particular (como ser calvos o gordos), no me gustan, es mutuo, puedo morir tranquila.

Sin embargo, esos comentarios me parecen cada vez más raros. No solamente porque, obvio, a medida que uno aprende sobre feminismo aprende a detectar con mayor facilidad las formas que adoptan los mandatos del patriarcado, sino porque en el marco de la lógica, me parecen llamativos. 

Voy a empezar haciendo una pregunta que detesto: definamos gustar. 

¿Es gustar un verbo que derivaría en acción?: me gusta, es decir, ¿quisiera que yo también le gustara a ella e invitarla a salir y lo que surja?

¿Es gustar simplemente un verbo apreciativo?: me gusta, es decir, ¿me gusta mirarla?, ¿me gusta admirarla?, ¿me gusta verla?, ¿me gusta que exista ahí, sin canas?, ¿para que yo la vea?, ¿para que yo la admire?, ¿para mí goce y disfrute?

Dado que muchas veces escucho ese tipo de expresiones por parte de señores casados, que dicen esas cosas delante de sus esposas, tengo la fuerte sospecha de que las dicen para la segunda de las posibilidades. Ese "derecho" adquirido por los señores para calificarnos: linda, fea, gorda, flaca, con canas, sin canas, muy nalgona, nada de nalga, muy tetona, como una plancha... etc. La existencia de las mujeres para el goce y disfrute de los señores. A veces me los imagino que van por ahí con una caja de sellos mentales calificando mujeres a lo que marca, como una caricatura de Quino.

Pero todo esto lo digo por otra cosa... ¿A ustedes cómo les gusta la gente?

Y no me refiero a la respuesta obvia que puede derivarse del comienzo de este texto: con canas, sin canas, gorda, flaca, inteligente, chistosa, alta, bajita... etc. Me refiero al proceso por el cual una persona llega a gustarles. Cómo les empieza a gustar o cómo les gusta alguien. Cómo alguien que existe por ahí, sin que ustedes se hayan percatado, de pronto parece que se enciende por dentro y para ustedes brilla y ya no pueden dejar de notarla. 

Analizo mis gustos y pocas cosas en común tienen las pesonas que me gustan. Y yo sí, cuando hablo de gustar, lo defino como que quisiera que yo también le gustara, invitarlo a salir y lo que surja. 

Claro, a veces también veo hombres, y mujeres, que me parecen bellos y los admiro, pero puede ser que me gusten o no. Y claro, las mujeres también decimos a veces cosas como "a mí no me gusta tal cosa". Yo por ejemplo siempre digo que "no me gustan los hombres tacaños". A veces cuando digo cosas con el mismo sentido de los señores a los que no les gustan las canas, lo digo para disculpar un gusto que va al contrario: me gustan barrigones, me gustan calvos. 

Si hablo de lo físico me han gustado flacos y gordos, altos y bajitos, calvos y peludos, barrigones y sin barriga, cejones y de ceja delgadita, boquianchos y boquiflacos. Inteligentes sí me han parecido todos, chistosos me han parecido todos, amables casi todos, con la triste excepción de un malparido. 

Por supuesto que entiendo este asunto con la belleza hegemónica en donde las mujeres estamos obligadas a vernos de cierta manera y ya está, y por supuesto que esta es otra problematización de ese mandato. Pero quiero cuestionarnos desde otro lugar: estoy segura de que cuando a un hombre le gusta una mujer, si en verdad le gustan las mujeres, no se fija tanto en si tiene canas o no. Le gusta y punto. 

Hace falta reconciliarnos con nuestro gusto vs. la imposición de lo que creemos que debe gustarnos. La liberación, la libertad para asumir que lo que nos gusta a nosotros es posible que no le guste a nadie más, y que eso está bien. Entender que la persona que tenemos al lado, porque nos gusta, es un reflejo nuestro, pero no en el mismo sentido del reflejo que devuelve el espejo, sino de lo que tenemos dentro. De los valores que valoramos (sí, con la redundancia). De las cosas que nos parecen atractivas, y que muy poco tienen que ver con la forma, a menos que estemos tan aconductados que seamos incapaces de ver más allá de eso. 

Este es un post en defensa de mis canas. Venceremos. 

miércoles, 11 de octubre de 2023

Nos interesamos

 Conversar con mi papá sobre el trabajo. Se interesaba de verdad. Y preguntaba. Y opinaba. Y daba recomendaciones. Y si lo hubiéramos dejado hubiera tomado decisiones.


Mi amorcito, por qué es que tienes que ir tan temprano a trabajar. Papi, lo que pasa es que esta semana tenemos una situación particular, pero la semana entrante ya vuelvo a mi horario normal. ¿Y qué es lo que estás haciendo ahora? Estoy coordinando un programa adicional. ¿Pero a ti te contrataron para eso? No, pero estoy cubriendo a alguien. ¿Y eso te lo reconocen de alguna manera? No señor. ¿Y no has pensado hablar con tu superior? Mi superior me pidió el favor directamente. ¿Y ese superior no tiene un superior con el que puedas hablar? No, realmente. Y por qué no le planteas a tu superior que te reconozca ese tiempo con tiempo libre, o con una bonificación, tu tiempo vale, mi amorcito, los derechos de los trabajadores bla, bla, bla…


Autoficción, como dicen ahora, pero hubiera podido ser una conversación con mi papá a la hora del almuerzo. 


Con quién estabas hablando, mi amorcito. Con un compañero, papi. ¿Y qué pasó? Que tenemos un desacuerdo. ¿Cuál desacuerdo, mi amorcito? Él está tomándose atribuciones que hacen parte de mis competencias. ¿Y ya le dijiste que por favor no se tome esas atribuciones? Sí señor. ¿Y qué te dijo? No le gustó. ¿Cómo le dijiste? Le dije “mira, sutano, por favor entiende que eso que estás haciendo es atravesarte en mis funciones y me causa inconvenientes”. ¿Estás segura de que esa era la mejor manera de decirle las cosas? Pues creo que sí. Tú puedes ser percibida como muy mandona, mi amorcito… quizá si le dijeras “mira, sutano, con todo el respeto y el cariño, lo que pasa es que bla, bla, bla...".


Imposible contradecirlo.


Era bello eso, por supuesto. Su deseo de ser un papá acompañador, su deseo de involucrase, de estar pendiente de nosotras, lindaba, también, con la impertinencia y la condescendencia, obvio. 


Nos mirábamos de reojo mi hermana y yo y nos lo decíamos todo. Aquí viene otra vez su papá, mi papá. “Se interesó”, decíamos, y entendíamos. Mi papá estaba otra vez haciendo preguntas y sugiriendo acciones, interviniendo, para que ella y yo nos desempeñáramos, según su criterio, de la manera más profesional posible. Divino. Y muy metido. 


¿Les pasa a ustedes? 


Nos pasa ahora a nosotras. Julia me pregunta, yo le pregunto. Hermanita, ¿ese paciente se va a morir?, ¿es cáncer?, ¿ya le dijiste?, avísale, ¿cuándo le vas a avisar? Me parece que no deberías dormir hasta que le saques ese lunar a esa persona.  


Hermanita, ¿están vendiendo licor adulterado?, ¿en dónde?, ¿vas a publicar el listado de sitios a donde es mejor que la gente no vaya? Me parece que no deberías dormir hasta que salves a toda la humanidad. 


Es lindo eso. Obvio.


lunes, 10 de octubre de 2022

Día mundial de la salud mental

Hoy es el día mundial de la salud mental. En la emisora en la que trabajo hemos tenido todo el día contenidos relacionados. En el espacio que conduzco, La Tarima, tuve al psiquiatra Juan Carlos Castro hablando sobre *el estado de las cosas* en Manizales. Mal. 

Una combinación de endogamia, enfermedad mental, consumo de sustancias, pospandemia y este mundo que nos inventamos, que no nos da tregua, tienen a la ciudad con una de las peores tasas de suicidio del país, pero no solo eso sino que hay demasiada gente intentándolo. 

Para el mismo tema, porque de prevención hay que hablar todos los días, invité hace dos semanas a la psiquiatra Mariana Aranda. Ambos señalaron la importancia de que trabajemos juntos, de que hagamos comunidad, de que todos deberíamos saber algo sobre primeros auxilios psicológicos. Urge. Mientras tanto, la política pública de la ciudad para estos temas consiste en una campaña que se llama La vida es bella. La desconexión es increíble y además es síntoma.

Como es el día de hacerlo, recojo aquí algunas de las cosas que me dijeron los dos especialistas y que considero que pueden ser claves y útiles.

Mariana Aranda:

"Lo más importante de todo es reconocer los síntomas, identificarlos y pedir ayuda. Además, hay una campaña muy bonita de la Sociedad Colombiana de Psiquiatría que se relanzó en 2022 en conmemoración del día internacional para la prevención del suicidio que consiste en hacer directamente la pregunta. Si uno ve que un familiar, un amigo, la pareja, un hijo, la mamá, el papá, tiene síntomas de depresión, por ejemplo: que esté comiendo mucho o que no esté comiendo nada, que duerma mucho o que no duerma nada, que no disfrute las actividades que antes disfrutaba, que tenga un ánimo triste persistente durante todo el tiempo, que no es reactivo al medio, es decir, que no mejora con ningún factor externo que antes lo podía alegrar, o que simplemente ven algún cambio en esa persona, si lo ven muy ansioso, nervioso, irritable, si no puede rendir en el trabajo o en el estudio, y esto específicamente para niños o adolesentes que empiezan a tener mal desempeño académico, la propuesta es hacerles directamente la pregunta '¿has pensado en suicidarte?'".

"Había la idea generalizada, también entre profesionales de salud mental, de que si uno hacía directamente esa pregunta podía inducir el suicidio y eso no es cierto. Lo que esto hace es que la persona que tiene un sufrimiento psíquico importante hable sobre su sufrimiento para que un tercero pueda ayudarlo, orientarlo o darle apoyo. Otra cosa importante es no estigmatizar o empeorar estos síntomas con comentarios como que es falta de berraquera o que es falta de voluntad, porque esto es como cualquier otra enfermedad, que, además, son enfermedades muy prevalentes en esta región. Es importante ayudar a quitar el estigma y adicionalmente a saber qué hacer porque no podemos seguir teniento este tipo de situaciones tan dolorosas que dejan una marca tan grande en las familias y en la sociedad. La solución es construir comunidad". 

"Nuestro problema es histórico. Los psiquiatras nos unimos durante la pandemia con ánimo de incidir en la política pública de la ciudad, pero la respuesta fue no muy buena. Tenemos que empezar a informarnos sobre las maneras en las que se intervienen estos síntomas cuando ya se configura un trastorno. A una persona que tiene una distorsión cognitiva, una distorsión de la realidad, una persona que ve la vida gris o negra, no le vas a decir que la vida es muy bonita, o que la vida es bella, y esperar que las cosas vayan a cambiar, desde mi opinión personal y profesional esto resulta ofensivo". 

"Frente a la realidad de familias que ya se están enfrentando a un familiar fallecido, a un suicidio consumado, lo que podemos hacer es decir 'aquí estoy cuando me necesiten cuenten conmigo', y tratar de que la comunicación sobre el asunto no sea sobre el morbo de los detalles de cada situación pues eso va en contra de la prevención del suicidio. Las familias necesitan un acompañamiento por parte de profesionales de salud mental porque los suicidios consumados dejan una huella indeleble en las familias".

"Es importante recordar que las personas que se suicidan o que tienen intentos de suicidio, no es que se quieran morir, sino que quieren dejar de sufrir, y no ven otra salida, es importante que no perdamos eso de vista". 

Juan Carlos Castro:

"Las patologías mentales siguen representando un alta carga de morbiliad, y una altísima carga de días perdidos efectivos, por lo que esto implica que es un inestabilizador financiera de los estados. Para bien o para mal esto ha hecho a los estados más conscientes de que se requiere atención e intervención". 

"Thomas Insel, médico psiquiatra y quien fue durante muchos años el director del Instituto de Salud mental de Estados Unidos, dice en su libro Healing (Sanando), que luego de muchos años de experiencia administrando rubros de inversión para la salud mental, entendió lo que otro médico recomendaba: 'como me dijo un psiquiatra alguna vez en California, para la atención de la salud mental se necesitan tres P: people, place, and purpose'. En español: gente, refugio/hogar y propósito. Si las personas tienen gente que los apoye, si tienen un lugar, un refugio, y si le encuentre un sentido a su existencia, las estadísticas cambian. Intervenir en estos tres aspectos ha demostrado en modelos de ciudades como Trieste, Italia, que incluso con el peor de los trastornos mentales en cuanto a severidad y pronóstico, se puede lograr llevar una vida plena. En algunas ciudades dejaron de apuntar a cosas más complicadas y empazaron a faciliatar el acompañamietno familiar, comenzaron a buscar lugares, refugios, casas y han trabajado psicoterapéuticamente en la búsqueda de propósito. Esta última puede ser la parte más difícil, la que requiera más intervención y más recursos de capacitación, porque ser psiquiatra o ser psicólogo no implica necesariamente la capacidad de hacer psicoterapia". 


miércoles, 24 de marzo de 2021

Correazos

Mi papá me pegó una vez unos correazos para castigarme por un daño que habíamos hecho mi hermana y yo en la sala de la casa. Jugando, y después peleando, caímos juntas sobre la cortina de la biblioteca y con el tubo metálico que sostenía la tela y que se desprendió de la pared, dañamos un reloj de balines que él había traído de Alemania. 

Lo dañamos para siempre. 

Cuando mi papá llegó de trabajar mi mamá lo recibió con la historia y mi papá nos anunció los correazos.

Pero la verdad es que mi papá no quería pegarnos. Él solía resolver los problemas que tenía con nosotras conversando. Entonces demoró la pela. Hoy lo imagino triste por tenernos que pegar, mientras que mi hermana y yo esperábamos ansiosas a que se decidiera.

No sé cuánto tiempo pasó, pero fue el suficiente para que el asunto de le saliera de las manos y se configurara la tortura de la espera. 

Cuando llegó a mi cuarto yo estaba desconfigurada llorando. Mi papá ya había prometido el castigo y él cumplía esas promesas. Me pidió que me acomodara para la nalgada y yo lloraba a los gritos como si de verdad mi papá me estuviera matando. Cuando por fin me volteé mi papá me pasó la correa aperezada y sin fuerza.

Creo que la decisión de prohibir el castigo físico que tomó el Congreso colombiano lo hubiera librado también a él de la tortura de pegarnos.

jueves, 11 de marzo de 2021

Vitiligo

Una manchita café apareció en mi frente un día cuando tenía seis años. Creo recordar que estábamos en una finca y yo había estado todo el día en la piscina. Como mi papá era dermatólogo constató la existencia de la mancha y seguramente dijo que eso no valía la pena. Al día siguiente constató que la mancha se había extendido a toda la frente y ahora tenía nombre: se llamaba vitiligo. Me revisó por todas partes... las partes donde suele dar vitiligo, y constató que tenía las manchas blancas con café no solamente en la frente, sino también en otros lugares del cuerpo. Reiteró que eso no valía la pena. El tratamiento: sol, ponerme al sol, más piscina. Encantada de la vida. Cuando en el Hospital Universitario de Caldas compraron una lámpara de luz ultravioleta el tratamiento incluyó visitas a ese lugar. Me ponían un antifaz que impedía que la luz me dañara los ojos y me dejaban sola unos ratos largos, sentada, mirando hacia la luz. La mancha de vitiligo era mi primera historia, fue lo primero que me pasó en la vida. A mí. Era mi historia, mía. Era un motivo de conversación y yo estaba feliz de podérselo contar a todo el mundo. Un suceso. Mi primer suceso. ¡Drama! Una particularidad que yo sentía que me hacía especial. No conocía a nadie más con vitiligo. Única. La verdad es que yo siempre me he sentido muy especial. Me ponía feliz cuando alguien me preguntaba, y siempre me preguntaban, claro, porque era la sensación: "¿qué es lo que tienes en la frente?", y con seis años narraba mi versión de los hechos: "vitiligo, una despigmentación de la piel. Tengo en la frente, en las axilas, en las rodillas, y en una parte que no te puedo decir". Risas. Encantada de la vida.

martes, 5 de enero de 2021

El feminismo y sus tensiones

(En 2020 hice dos cursos sobre feminismo con la Universidad del Norte. Este texto es el resultado de uno de los trabajos que nos pidieron y que publico aquí para conservarlo en un lugar donde no se me pierda y también porque me gustó como quedó, atenta a comentarios).


El feminismo y sus tensiones


En este ensayo me propongo demostrar que en la naturaleza del feminismo están las tensiones incrustadas desde su propia concepción y que esa naturaleza de “polos encontrados” se extiende a muchas de sus nociones. Ideas que se enfrentan, que parecen contrarias y que incluso pueden hacer parecer al movimiento y a la teoría que lo sustenta inconsistente; que esas tensiones pueden entenderse mejor y abordarse mejor si se piensa en ellas como tránsitos o puntos de partida y llegada.


Por tensión entiendo la contraposición de dos posturas frente a un mismo tema, los argumentos que defienden cosas opuestas sobre un mismo asunto y las discusiones que se dan, sobre todo hoy en redes sociales, alrededor de estas cuestiones. 


Y por tránsitos o puntos de partida y llegada entiendo que estas discusiones pueden ser ajustadas o inexactas dependiendo del momento histórico en el que se revisen, de la localización geográfica desde donde se miren o desde las enunciaciones particulares de quién las exponga. 


Para hacerlo me voy a centrar en el libro Descolonizar La Memoria, Descolonizar Los Feminismos de Adriana Guzmán, feministacomunitaria, lesbiana e indígena Aymara de Bolivia. 


Espero que la conclusión de mi ensayo sea una contribución para que perdamos el miedo a discutir sobre estos aspectos enfrentados, o para que esas discusiones se lean más como conversaciones en proceso, que dogmas de fe, o diferencias irreconciliables. 


Voy a mostrar tres tensiones que hemos abordado, quizá no detenidamente, sino de pasada en el curso de Feminismos desde América Latina, derechos, movimientos y mujeres icónicas, que he ido anotando en mis lecturas de clase y que llamaron mi atención al encontrar casi un patrón: a cada idea que se da por elaborada y en la que se llega a algún tipo de consenso le nace, casi de manera inmediata, un cuestionamiento de peso de donde surge necesariamente una tensión.


Pero primero quiero exponer por qué digo que esta dinámica en tensión del movimento feminista está incrustada desde su concepción. 


Las primeras feministas no sabían que lo eran. Lo que ellas veían como un trato desequilibrado no tenía todavía nombre o quizá se llamaba solamente injusticia, inequidad, desigualdad. Por lo mismo es difícil establecer quiénes fueron esas primeras mujeres feministas. Tal vez, si hemos leído un poco, nos vengan a la mente las figuras de mujeres como Mary Wollstonecraft que en 1792 escribió su Vindicación de los Derechos de la Mujer, aunque el término “feminismo” no fue acuñado sino hasta el siglo XIX. Entonces podríamos conceder que el feminismo tiene su origen europeo, por lo menos lo que se ha conocido como la Primera Ola, en el siglo XVIII.


Sin embargo eso es falso. Si regresamos a la idea de que las primeras mujeres feministas no sabían que lo eran, es probable que antes de la ilustración se hayan dado muchas disputas entre personas que notaban un desequilibrio entre los hombres y las mujeres. Ahí está para ser anotado en la larga historia del feminismo el sacerdote francés Poullain de la Barre que en 1673 publicó su texto Sobre la igualdad de ambos sexos, discurso físico y moral donde vemos la importancia de dejar atrás los prejuicios, o también la filósofa francesa Olympe de Gouges que en 1791 escribió La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.


Pero además, desde América Latina las mujeres indígenas reclaman un comienzo propio de su lucha feminista. Dice Adriana Guzmán en su texto que “... Las luchas no son propiedad privada, las palabras tampoco, el feminismo no nació en Francia, nació y nacerá en todo territorio donde enfrentemos el sistema patriarcal de muerte, las palabras no se privatizan, los sentidos se construyen y se disputan, eso también es autonomía”. 


Por tanto, ¿dónde y cuándo nació el feminismo? Será difícil de establecer. Eso no quiere decir que no reconozcamos a Mary Wollstonecraft, o a otras figuras europeas o latinoamericanas, como Bartolina Sisa o las sufragistas, precursoras en momentos en donde ese desequilibrio que combatían era más grande y más intimidatorio. Son todas emblemáticas, mayores, abre caminos y rompe esquemas. Lo que sí podemos es dar contexto a cada inicio conocido, reconocerlo, valorarlo y mostrar cómo, incluso así, es probable que se hayan perdido en el tiempo las primeras mujeres que se negaron a las exigencias de los hombres, o que pelearon a muerte con uno para evitar ser violadas. Esas también son las primeras feministas. 


Así cuestiona Adriana Guzmán, entonces, el desconocimiento de una parte de la historia, que hace a lo que hemos conocido como “histórico” un no universal: “¿Qué es pues lo universal? Para los filósofos griegos lo universal era lo opuesto a lo individual o particular, pero no sólo se opone a lo particular o a lo diferente sino que lo anula y pretende superarlo, planteando así un conocimiento, unas teorías universales, que supuestamente se deben cumplir y acatar, unos valores y una ética universal, una especie de absolutismo, de un todo, que refleja también el triunfo de la razón sobre la naturaleza. Lo universal se propone como una estrategia de dominación y colonización de los cuerpos y las mentes, pues está hecho a medida de quienes detentan el poder, los valores universales de “libertad, igualdad y fraternidad” de la Revolución Francesa, la ciudadanía y los derechos por ejemplo son a medida del hombre blanco y burgués y por tanto no aplicables a las mujeres, ni siquiera a las blancas y burguesas como ellos, y menos aún a las indias e indios de AbyaYala (Latinoamérica) que ni siquiera eran considerados humanos y ni por si acaso ciudadanos. Lo universal entonces es uno y no es neutro es una estrategia de colonización”.


Lo que quiero decir entonces con la exposición de estos argumentos sobre la dificultad para establecer un comienzo, es que si ni siquiera eso, establecer un origen, es posible con certezas o con consensos, y si, en efecto como así ha sido, muchas mujeres discuten, con razón, que no se las ha tenido en cuenta en la historia del movimiento, podríamos admitir que este es el movimiento de las cuestiones más que de las conclusiones. Es el movimiento donde cada concepto, cada idea, cada libertad que se persigue es sometida a revisión porque no solamente su origen, sino las ideas en su origen, fueron sometidas también a revisión.


¿Cansado? Tal vez. Pero no le falta entretención. 


En una segunda parte quiero mostrar otras tensiones, quizá no las que están de moda (mujeres trans, teoría queer, binarismo, abolición del género, abolición de la prostitución y la pronografía vs. regulación) que son importantes y que me despiertan también mucho interés, sino las que son pertinentes para nuestro curso de Feminismo en América Latina. 


Las tres tensiones que me propongo abordar son:


  1. Desde la localización: feminismo europeo vs. feminismo latinoamericano.

  2. Desde la propia enunciación: feminismo blanco vs. feminismo de minorías étnicas.

  3. Desde la agencia o la calidad de víctimas: empoderamiento feminista. 


No me propongo abordar cada una de esas tensiones exhaustivamente pues no tengo el espacio y no es tampoco el propósito de este ensayo. Tampoco pretendo llegar a conclusiones o establecer posiciones sobre cada una de estas tensiones sino meramente enunciarlas. Me propongo mostrar la existencia de la tensión y proponer una lectura sincrética de la misma, es decir, reconocer las verdades que pueda haber en cada uno de sus lados.


Feminismo Europeo vs. Feminismo Latinoamericano


La tensión entre estas dos posiciones geográficas desde donde se ejerce el feminismo está dada por las luchas que persiguen. Mientras que el feminismo europeo se centra en los derechos de las mujeres, la igualdad frente a los hombres y las luchas por liberar al cuerpo femenino, el feminismo latinoamericano entiende su lucha desde la liberación de sus comunidades y sus territorios y en ese sentido se enuncia como antisistémico. 


Si Simone de Beauvoir afirma que el hombre es lo dado y la mujer es “lo otro”, las feministas latinoamericanas afirman que son “lo otro periférico”, donde la distancia no está dada solamente por el sexo, sino por la raza, la etnia, la pobreza, la orientación sexual, la cosmología y toda la condición de minoría que cabe para ellas. Son lo otro de lo otro. 


Afirman incluso que muchas de ellas no caben en la categoría mujer tal como se ha concebido desde una visión occidental y patriarcal, pues no son vistas como lo íntimo, lo sagrado, lo virginal, lo maternal, lo del cuidado, sino simplemente como hembras que paren hijos para las labores esclavizadoras a las que toda sus comunidades han sido y siguen siendo sometidas. Por lo tanto es una lucha no solamente por la liberación de las mujeres, sino por la liberación de lo femenino extendido también a la naturaleza. 


Sobre estos hechos geográficos Adriana Guzmán sostiene opiniones interesantes como esta: “Por último como gracias al capitalismo transnacional extractivista el territorio hoy llamado Bolivia no tiene mar, nuestro feminismo no tiene olas, nos construimos desde la tierra que nos sostiene y nos alimenta”, donde se evidencia que incluso las abstracciones que hacemos están signadas por el lugar que habitamos.


Y sobre la inclusión de la naturaleza dentro de las categorías que deben ser liberadas de la opresión sistémica patriarcal dice Adriana Guzmán: “... la liberación es en comunidad, que una se libera a sí misma, pero que tiene responsabilidad también, en la liberación de las otras, de los otros y de la naturaleza. La liberación es en comunidad para construir la comunidad, comunidad de la que no hay un modelo, esa comunidad que hay que inventar”.


Esta inclusión de la naturaleza como otro femenino que debe ser liberado de prácticas capitalistas patriarcales es también una lucha situada desde lo geográfico, pues los territorios empobrecidos de Latinoamérica muchas veces son los que sirven como despensa de materias primas y de alimentos para los países más ricos que son los que dominan el sistema.


Cómo armonizar esta tensión. Estamos en deuda con el feminismo latinoamericano de las indígenas, las campesinas, las comunidades afro, las lesbianas, puesto que sus luchas siguen siendo en el mejor de los casos omitidas y en el peor despreciadas. Un verdadero feminismo que se diga universal debe incluir todas las luchas en contra de todas las opresiones sin perder el foco en lo femenino.


Feminismo Blanco vs. Feminismo de Minorías Étnicas


La tensión entre estas dos enunciaciones está dada por el reconocimiento de la interseccionalidad y de que no todas las mujeres somos las mismas mujeres. No sufre la misma opresión una mujer blanca europea que una mujer indígena, negra o latina. Mientras las mujeres blancas dicen “queremos trabajar”, las mujeres de latinoamérica dicen “queremos que se nos reconozca como trabajadoras y que no se nos esclavice”. Mientras las mujeres blancas piden igualdad de participación en la política, las mujeres racializadas de latinoamérica piden siquiera un lugar de participación y que no se las mate o se las violente cuando se involucran en política o cuando defienden a sus comunidades. 


Dice Adriana Guzmán: “... En cada una de estas olas, clasificación que ha sido asumida por varias feministas, se van identificando hitos, declaraciones, planteamientos que visibilizan a feministas europeas, francesas, inglesas, italianas, alemanas, como si el feminismo o la lucha contra el patriarcado sólo se hubiera dado en ese lado del mundo. El movimiento sufragista en América Latina -también blanco y burgués por supuesto- las feministas en el movimiento obrero o en la lucha contra las dictaduras, son “datos” que no entran en las olas, menos aún van a entrar las luchas anticoloniales de nuestras abuelas indígenas originarias hechas desde nuestros pueblos y la comunidad”.


También hay una deuda desde lo universal en el escaso reconocimiento que tienen las luchas de las mujeres cuya condición se ve impactada no solamente por su género, sino también por el color de su piel. Es importante que, de nuevo, un feminismo que se enuncie en contra de todas las opresiones, reconozca estas y encuentre su origen, que está dado por una opresión general, ya no de lo masculino sobre lo femenino, sino de lo blanco sobre todo lo demás.


Desde la agencia o la calidad de víctimas: empoderamiento feminista


Esta es la tensión que de manera más sutil se lee en el texto de Adriana Guzmán y por lo mismo quizá la más difícil de evidenciar desde allí, sin embargo mucho se ha dicho sobre que no es lo mismo pedirle a una mujer blanca, empleada o independiente, a la que no la acompaña ningún hombre, que se empodere, frente a una mujer indígena, negra o campesina que no ha recibido ninguna educación y que no es dueña de nada. No pocas veces, con indolencia, se habla de empoderamiento como si significara lo mismo para todas, como si fuera un abrigo que se pone y automáticamente brindara a las mujeres el poder de andar solas. Como si la propia agencia no dependiera de las condiciones materiales, de los derechos otorgados, reconocidos y garantizados por Estados que para estas mujeres están ausentes. 


Mientras hay un feminismo que corre hacia el reconocimiento de sus derechos y libertades, hay otro que todavía está contando sus muertas. Hay un feminismo que lucha por su autonomía e independencia y otro al que todavía no se le reconoce su condición de víctima. Hay, si se quiere, dos momentos históricos distintos y unos medios y canales a los que todavía no acceden la mayoría de las mujeres. No puede proclamarse el logro de nada si no puede incluirse a todas las mujeres. Las feministas, si nos enunciamos como tales, no podemos desconocer en nuestros privilegios la precariedad y miseria de la mayoría de nosotras. Por tanto no podemos proclamar y afirmarnos sororas si las compañeras de otras latitudes siguen sufriendo opresiones que las otras nunca conocimos. Esta no puede ser la lucha de algunas, es la lucha por todas. 


Sobre este asunto, que como ya dije, se manifiesta de manera sutil en el texto de Adriana Guzmán, destaco este fragmento que muestra lo que hacen las mujeres, unas por otras, cuando son lo otro de lo otro, la periferia, y no les queda más opción que la muerte: “... En un intento desesperado por mantener la cultura que las ligaba con otra forma de vida, nuestras abuelas se refugiaron en las alturas conformando comunidades autónomas de mujeres, o como relatan los cronistas, sociedades sólo de mujeres que resistían a la colonia, pastaban sus rebaños y se defendían entre sí ante las autoridades, algunos cronistas mencionan suicidios de mujeres indígenas como forma de resistencia e infanticidios, mataban a sus hijos varones, probablemente para que no crecieran en ese mundo o para que no fueran enviados al trabajo en las minas de donde no volverían”.


Ya mencioné una idea sobre cómo superar esta tensión, pero quiero también concluir aquí: hay una lucha que es por todas, que bien puede haber empezado en Europa, Oriente, África o América, que recoge las exigencias de unas o de todas, pero que no ha terminado y que está lejos de concluir. Hasta no liberar a la última de las mujeres es importante reconocer que el movimiento feminista solamente está empezando.


martes, 21 de julio de 2020

La Silla

Esta semana se vivió un episodio de amores y odios en el chat familiar. Transcribo sin necesidad de más explicaciones y solamente con los nombres cambiados para guardar la reputación de los implicados.


Patricia:
Familia, hola, espero que todos estén muy bien. Voy a salir del sillón de papá Ramiro, por si alguno de ustedes está interesado, yo se lo hago llegar. Quedo muy pendiente.

Patricia:


Aura Catalina:
Está hermoso, tía.
Puedo levantar la mano si consigo quién me la guarde?

Aparicio:
Patri, a mí me interesa, mil gracias.

Aura Catalina:
Que levanten la mano a quien le interesa y hacemos una rifa? Qué dicen?

Berenice:
Aparicio, qué rico, queda en muy buenas manos. Patri, me parece que en manos de Aparicio queda muy bien, por mí no te preocupes que yo le cedo mi lugar para Aparicio.

Aparicio: 
Gracias, Berenice.

Berenice:
Sé que lo disfrutas muchísimo. Con todo gusto.

Aparicio:
Berenice, me encanta. Me trae muchos recuerdos. 

Patricia:
Como Aura Catalina también quiere la silla, y no sé si alguien más, me parece que una rifa es lo más adecuado. Alguien más quiere participar?
Hasta ahora los que han dicho que están interesados son Aura y Aparicio.

Mónica:
Yo la quiero.

Patricia:
Aura, Aparicio, Mónica.

María Adelina:
Yo quiero también.

Cleotilde:
Yo también entro en la rifa.

Patricia:
Aura, Aparicio, Mónica, María Adelina y Cleotilde.

Maria Adelina:
Patri, hablé con mi papá y también quiere participar en la rifa.

Patricia:
Listo.

María Adelina:
Gracias, tía.

Patricia: 
Aura, Aparicio, Mónica, María Adelina, Cleotilde, Demetrio.
Alguien más?

Berenice:
Patri, esperemos que conteste Myriam y los hijos, y los hijos de Aparicio. Eso sería lo correcto.

Patricia:
Esperemos, claro.

Adirana:
Jajajajaja Oiga, quién dijo rifa! Yo participo.

Patricia:
Listo, otra. Voy a anotar.

Demetrio:
Estoy listo a recibirla.

Adriana añadió a Claudia, Myriam y Roberto.
Adriana añadió a +57 313 123454 y +57 314 123456

María Adelina:
A ver, estamos agregando familiares? Adriana, por favor me agregas estos contactos.

Contactos de Santiago, y David.

Demetrio: 
Yo creo que yo tengo más derecho que otra persona entre los nietos al único que papá Ramiro llamó para que le manejara la fotografía fue a mí porque él ya estaba muy jodido para caminar.

Claudia:
Yo quiero la silla!

Demetrio:
De los que estamos vivos yo creo que soy el que tiene más ferecjo
Perdón, más derecho.

Patricia:
*Foto de los apuntados en la rifa*

Claudia:
No entiendo nada de lo que está pasando.

Patricia:
Voy a dar plazo para inscripción hasta mañana a medio día que haré la rifa.
Adriana, agrega todos los contactos.

Roberto:
Patri, qué estás rifando?

Patricia: 
Esta silla, Roberto.
Que es de su tatarabuelo.

Claudia:
Yo quiero la silla.

Patricia:
Anotada.

Roberto:
No la veo, no estaba en el grupo.

Patricia:


Roberto:
No, qué miedo. Paso, muchas gracias.

Aparicio:
Adriana, apunta a Salvador y a Alina, los hijos de Piedad y Alberto.

Patricia:
De pronto hago una subasta jajaja

María Adelina:
De acuerdo, tío. Por favor, que agreguen a Santiago y a David, ya mandé los contactos, sigo pendiente.

Roberto:
Me pueden inscribir en la rifa, que si me la gano se la regalo a algún hermano de mi papá.

Berenice:
Discúlpame, Demetrio, qué pena contigo, yo tenía igual derechos para las cosas de mi papá y mi mamá y claramente no me tuviste en cuenta.

David:
Holaaaaaa

Adriana:
Me confirman si me faltó alguno por incluir al grupo, por fis.

Aparicio:
Sí, Demetrio, no digás. Cuando mi papá y mi mamá dejaron la casa, vos te llevaste todo lo que había menos las fotos que tiraste a la basura. No tuviste en cuenta a Jaime, Berenice, Arturo y Yo. Entonces cómo te arrogás un derecho que vos usurpaste?

David:
Estoy rifando tamales.

Aura Catalina:
Yo tengo otra sugerencia.

Berenice:
Entonces Adriana, agrega a mis siete nietos.

Aura Catalina:
Que se rife por familia y que cada una resuelva.

Santiago:
Hola! Se rifa a mi hermano y a mi mamá. Interesados al privado.

Myriam:
Nota de voz: Ay, Patri, qué pasó con la silla. Cuente a ver, usted la ha querido mucho. Me impresiona. Bueno, si la va a rifar apúnteme a mí, me queda preciosa en mi pieza.

Patricia:
No pretendo que la rifa sea para peleas y si es para peleas no hago nada.

Aparicio:
Y sabes las fotos las recogieron Myriam y Matilde.

María Adelina:
Me salgo de la rifa.

Aura Catalina:
Y de ahí el que gane decide cómo queda.

María Adelina:
Gracias por tenernos en cuenta.

Aura Catalina:
Uy, esto se puso maluco, qué triste. Gracias, Patri, por tenernos en cuenta.
Besos a todos.

Patricia:
Yo quiero hacer una rifa para alguien que le sirva la silla. 
Yo no quería que esto fuera para peleas.
Quería que la silla quedara en alguien de la familia.
Pero tranquilos. 
Yo veo qué hago con la silla.

Aparicio:
No son peleas, Patri, es que Demetrio no tiene ningún derecho sobre nadie. Él no tuvo en cuenta a nadie cuando nuestros padres fueron para el asilo.

Patricia:
Y qué tristeza el resentimiento que guardan en sus corazones.

David:
Nos sentamos de a turnitos.

Demetrio:
Yo salgo de la rifa.

Aparicio:
Patri, a mí me sirve bastante.

Alberto: 
Yo soñé con papá Ramiro y dijo que si esto pasaba me la dieran a mí que soy el más chévere así que lo siento por todos. Ya mando mi dirección. Gracias. Avenida Siempreviva en Springfield.

María Adelina salió del grupo.
Aura Catalina salió del grupo.
Demetrio salió del grupo.
Roberto salió del grupo.
Claudia salió del grupo.

jueves, 23 de enero de 2020

Desamor propio

Hablar de los abusos que nuestras parejas ejercen sobre nosotros me parece muy díficil en el sentido de que hay que empezar por admitir que los permitimos porque no nos queremos bien.

Por supuesto que somos las víctimas. No intento decir que es culpa nuestra. Pero es duro admitir que no nos amamos tanto como tratamos de hacerlo. Yo intento pensar bien de mí misma: que soy inteligente y bonita y que no importa que a veces sea tan inútil porque de alguna manera he triunfado con mi vida y la tengo bajo control casi todo el tiempo, o al menos sé que si venzo a mi abulia soy capaz de hacerlo. Pero en el fondo no lo logro. No me convenzo. No me lo creo. Nos enseñan a sentirnos siempre insuficientes y culpables, gordas, feas, brutas, locas.

Ese problema de amor propio tampoco es nuestra culpa, no es que no seamos o no estemos suficientemente buenas. Es que el estándar es imposible. Imposible para mí, en todo caso. Y tengo que aprender a quererme a pesar de eso, para no permitir nunca más que alguien manipulador perciba mis vacíos y los llene con su aprobación y desde ahí tenga el poder para destruirme.

Creo que decirlo ayuda, matar el tigre sin asustarse con el cuero. Las palabras obran de maneras que a veces se me parecen a la magia. Esperemos. 

lunes, 9 de diciembre de 2019

Muy normal la bipolaridad

El psiquiatra dijo que hiciera esto cuando no se tratara de mí y la verdad es que ahora mismo no siento la necesidad de hablar de mí o para mí o para quienes están alrededor de mí. Debe ser la eutimia en la que me pone el medicamento que me recetaron.

En septiembre de este año supe que hago parte del 4% de la población de Caldas (o del Eje Cafetero, no lo tengo muy claro) que (sufrir y padecer me parecen dos verbos demasiado dolidos y no me siento así tampoco) tenemos trastorno bipolar. En mi caso, trastorno bipolar tipo 2. Sorprais. En el resto del mundo la incidencia de esta enfermedad es del 3%. Se levanta un poquito el indicador en Caldas (o en el Eje Cafetero o en tierra paisa: Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, una parte del Tolima y Norte del Valle) por dos circunstancias particulares.

1. La Endogamia Paisa: para no ir más lejos mi mamá es Villegas Villegas y siempre me ha parecido particular que en mi familia haya tanto gago y además daltónicos, con el caso muy particular de una prima con la misma condición, cosa rarísima porque el daltonismo se da sobre todo en los hombres, lo que indica que el gen le venía por madre y padre, que en ese caso también están emparentados más arriba en su propio árbol genealógico. Al parecer, nuestra condición geográfica hacía difícil conocer chicas y chicos muy lejos de la finca. Eso por un lado. Pero además, preferíamos el malo conocido que el bueno por conocer. Por otro lado. Y había que cuidar el patrimonio familiar: casándose entre primos eso era más fácil. Eso condujo a un montón de gente con los mismos apellidos porque aquí todos somos primos lejanos o cercanos.   

2. Además, un gen vasco que vino a dejarnos cosas como decir crispeta, cachucha o motilar y un material genético enriquecido de enfermedades mentales.

Entonces en esta zona del país hay mucha esquizofrenia, bipolaridad y depresión. Tanta, tanta, que la Universidad de Antioquia en asocio con una universidad gringa, de la cual no recuerdo el nombre, están ejecutando aquí el Paisa Project, un estudio psiquiátrico y psicológico de la población enferma contrastado con un grupo control que en total incluirá a diez mil personas para tratar de entender mejor estas enfermedades, que por lo demás, parece que son todavía más misterios que certezas, aunque algunas de esas últimas sí hay. El mismo día que me diagnosticaron me preguntaron si quería hacer parte del proyecto. Dije que sí y mi sangre y mis pruebas están contenidas en el estudio.

Como dice Lorena Beltrán, #NoEsDeLocos hablar sobre estas cosas y es necesario que lo hagamos. No he leído (pero lo haré) el libro de Margarita Posada "Las muertes chiquitas" que entiendo que habla sobre depresión. Cuando estaba en medio de la enfermedad me regalaron Mi bipolaridad y sus maremotos, de la periodista bogotana Catalina Gallo que cuenta y explica cómo funciona su cabeza. Y bueno, la bibliografía es mucha, hago referencia a los libros que siento más cercanos porque qué bueno que cada vez más personas con nombre propio contemos y mostremos que tener estas cosas es tan normal como tener diabetes o cualquier otra condición médica y que, en los casos de las enfermedades mentales, ningún diagnóstico nos condena, ninguna enfermedad nos define, solo es otra cosa que aprendemos sobre nosotros. Mi psiquiatra (el Dr. Juan Carlos Castro, de las mejores cosas que me pasaron este año fue tener la fortuna de que fuera mi psiquiatra) dice que incluso una enfermedad que parece tan severa como la esquizofrenia si se trata a tiempo y bien, no tiene porqué impedir que se viva una vida plena. Y lo mismo pasa con la depresión o la bipolaridad.

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Esta semana estaba en un almacén del centro de Manizales cuando llegó una señora que resultó ser la mamá de una de las dependientes. La señora me pareció un poquito acelerada, pero yo no hubiera dicho que estaba enferma de nada. La que me contó que la señora es bipolar fue la hija, muy apenada por el comportamiento de su mamá. Traté de tranquilizarla diciéndole que yo tengo lo mismo, y que tener esto es normal, y que en Caldas la bipolaridad es frecuente y que tranquila y creo que ella no me creyó de a mucho nada de lo que le dije porque me preguntó, entre otras cosas, que si yo me cambiaba la forma de vestir y me dijo que yo no me veía como si tuviera lo mismo que su mamá. Tan difícil explicar tantas cosas sobre estas enfermedades en cinco minutos, no solamente porque uno también está aprendiendo, sino porque además la carga de estigmatización es tremenda y verdaderamente impide una conversación franca de esa manera, porque casi todo el tiempo está uno diciendo que no, que las cosas no son como los otros creen que son. Qué necesario decir, repetir e insistir en que estas cosas son completamente normales, frecuentes, tratables y que uno no es solamente ese diagnóstico.

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A pesar de que me aconsejaron lo contrario, que no contara, que no era necesario, que no era estratégico, cuando me preguntan por qué estuve tanto tiempo incapacitada, cuando tengo que contar que ahora me duermo muy temprano, cuando me ofrecen trago y digo que no puedo, cuando me preguntan cualquier cosa que implica contar que tengo una enfermedad mental contesto eso, que tengo una enfermedad mental y que tomo medicamento para controlarlo. No le doy mucho trámite a esa respuesta. Porque aprendí de un amigo homosexual (José Carlos, no te lo he dicho nunca, pero qué ejemplo el que das) que el mundo se cambia cambiando, cambiándolo, saliéndonos de las respuestas hipócritas de siempre, dejando de disimular las verdades, asumiéndonos delante de los demás. Es la mejor manera de quitarle al asunto el velo de tabú, corriéndolo simplemente. La reacción de los demás no me pertenece, los prejuicios de los demás no me pertenecen, cada uno verá cómo lo asimila, no es tanto mi problema como suyo y si tienen problema, pues se enfrenta, como también he tenido que hacerlo, porque sobre todo la ignorancia hace a la gente muy torpe para expresar o gestionar sus preocupaciones.

Todavía estoy aprendiendo. Estas enfermedades significan, más que todo, un cambio en el estilo de vida: no mezclarle trago o drogas, dormir por lo menos ocho horas, alimentarse bien, hacer ejercicio, meditar, tratar de estar aquietado. Es decir, lo mismo que le mandan a un infartado. Lo mismo que le mandan a un diabético. Lo mismo que los médicos le recomiendan a cualquiera, porque el estilo de vida influye tremendamente sobre todas esas cosas. ¿Si ven? Como tantas cosas. Muy normal.

viernes, 19 de julio de 2019

Felices 10 años, querido blog abandonado

Otra cosa que cumple años es este blog. 10 años.
Siquiera vine a poner las bombas para que no pasara sin pena ni gloria.
Aunque más pena que gloria porque desde octubre no publico nada y eso porque se murió mi papá y puse aquí las palabras que leí en la misa de ese día.

Sí creo que ha cambiado mucho la dueña de este sitio. Ahora habla de sí misma en tercera persona, para comenzar.

Por allá tengo una entrada en la que reniego del feminismo y otra en la que condeno las corridas de toros. Sobre los dos temas cambió de forma de pensar.

Además intentaba la ¿poesía? Qué vergüenza. Si no borro eso es porque solo hay una cosa que detesto más que esas entradas y es la morronguería. Sí, yo hice eso, y qué. 

Cada rato se me ocurren temas para escribir. Este espacio me ayudo mucho en el entendimiento con otras personas, familiares, que me leían y entonces me comprendían y esa comunicación fue bonita. Pero nunca tengo el tiempo suficiente o el ánimo suficiente para sentarme a hacerlo. Poco me importa que los blogs ya casi no tengan lectores, lo que pasa es que yo misma he dejado de serlo y en consecuencia tampoco me animo a escribir.

Quisiera contar cuál ha sido durante toda mi vida la lucha con mi peso, por ejemplo. Contar lo que he alcanzado a leer sobre la relación con la comida. O contar cómo fue ese cambio de punto de vista sobre el feminismo, pero prefiero oír y leer a otras en esa materia. O escribir lo que me ha pasado en este tiempo, que por ser tanto y no terminar de pasar me cuesta mucho trabajo ver en perspectiva.

Y además la esperanza que tengo solo me alcanza para enfocarla en los contenidos que producimos para la emisora y ahí me la gasto toda. De resto me siento un poquito agotada con el mundo la mayoría del tiempo y en consecuencia...

Felices 10 años, querido blog abandonado.

viernes, 5 de octubre de 2018

Octubre 4 2018 Jairito

En primer lugar, mi mamá, mi hermana y yo queremos agradecerles a todos por acompañarnos en este momento y por todas las manifestaciones de cariño para nosotras y para mi papá. Sobre todo, nos conmueven mucho quienes tienen un recuerdo cercano de él. Quienes fueron sus alumnos, sus amigos, quienes lo acompañaron y lo cuidaron. Y quienes lo han hecho también con nosotras. Un saludo muy especial a sus amigos, que sabemos que pasan por un dolor similar al nuestro porque fueron también su familia: la Tata, Jenny, Guillermo, Gustavo, Roger, Mario y todos los que no alcance a nombrar, me perdonan por no mencionarlos a todos, para ustedes también va un abrazo. Tres personas a quienes hay que resaltar por el trato que dieron a mi papá, a pesar de que no los unía con él más que la coincidencia: Gloria Osorio, la empleada de la casa de mis papás que hizo este último tramo de mi papá más amable; Lina Aguirre, la enfermera de los fines de semana de mi papá; y, muy especialmente a Leonardo Patiño, el enfermero de todos los días, con quién la calidad de vida de mi papá cambió radicalmente. El empeño, dedicación, minuciosidad y amor con el que hace su trabajo fueron decisivos en este espacio de la vida de mi papá. Les agradecemos nosotras tres y les agradecemos en nombre de mi papá que sé que tendría palabras más amorosas que las mías para decirles, si hubiera podido. A él se le notaba en la cara el agradecimiento que sentía por estas personas que le ayudaron tanto.

La generosidad de mi papá con su vida y con su historia, nos dejó muchas anécdotas y lecciones que, para mí, siempre estuvieron llenas de esa sabiduría de quien ha sabido equivocarse –¡y vivir!– y que nos servirán para recordarlo siempre. Frases como “no traguen entero”, “no se dejen poner etiquetas”, “no les importe lo que opinen los demás sobre sus cosas”, “yo soy yo y mis circunstancias”... Para nosotros está fue primero una frase de Jairo que de Ortega y Gasset. Tangos como “Se va la vida”... Las historias de su vida profesional como profesor y como dermatólogo, la página web de asocolderma donde pudo ser generoso con todos sus colegas, nos ayudarán no solo a recordarlo a diario, sino a hacer eso que los hijos de padres amorosos tratamos de hacer cuando tenemos alguna circunstancia en la que hubiéramos querido contar con el consejo de ese papá… Esas historias nos ayudarán a preguntarnos “¿qué hubiera dicho Jairito?” y a obtener sin mucha dificultad una respuesta -ayudada por la memoria- para buscar la grandeza en las emociones y la ética en las actuaciones, desde la honestidad del corazón.

Esa generosidad de mi papá con Julia y conmigo era deliberada. Una vez mi hermana le preguntó de dónde había sacado el ejemplo o la motivación para ser ese hombre tan maravilloso que nos correspondió por papá.... Él le contestó que en ese minuto en el que se convirtió en padre se había propuesto ser un papá especial. Fue nuestro amigo. Nunca, mientras nos formaba, nos trató con condescendencia, sino como pares. Siempre nos dio argumentos racionales antes que argumentos de autoridad. Nunca nos dijo “no, porque soy su papá y yo digo que no”. Debía ser agotador tener que estar buscando siempre los argumentos para explicarnos por qué no podíamos hacer esto o aquello y creo que la clave fue la honestidad. Perdonen a los padres que han dicho eso, pero me parece admirable que en todo el tiempo que estuvo con nosotras él no lo hiciera. Buscar bien dentro de él los motivos por los que le parecía que algo debía ser de una forma y no de otra, nos enseñó que siempre es posible debatir, explicar, argumentar, y que la razón no le pertenece a nadie. Ante los argumentos, muchas veces mi papá no tuvo problema en cambiar de forma de pensar o de darnos un permiso que primero había negado, por poner un ejemplo tonto. Todo lo que nos enseñó lo reforzó con el ejemplo, y cuando no tenía un buen ejemplo para darnos, lo reconocía y nos hablaba como adultas para que entendiéramos que la condición humana nos gobierna a todos y que por eso debíamos ser personas compasivas con los demás, con él, con mi mamá, pero sobre todo con nosotras mismas. Hay cosas que uno aprende y otras no, a pesar de eso nos seguimos dando mucho palo, como él, porque el ejemplo enseña más que cualquier cosa.

Mi papá luchó mucho toda la vida para ser lo que era, una lucha que peleó principalmente con él mismo, con lo que había aprendido, con lo que nos enseñan, con los convencionalismos, con eso que entendemos como “la sociedad”, cosas a las que muchos de nosotros no les encontramos sentido. Yo por eso les pido que recordemos a mi papá como era, para rendirle honor a ese deseo suyo de ser una persona auténtica, única como lo somos todos, con defectos como lo somos todos, pero también con grandes virtudes, principalmente esa de nunca dejar de luchar por ser lo que podía ser, lo que quería ser y por tratar de formarnos con esa libertad.

Gracias a todos por recordar a mi papá con cariño y con generosidad, la misma que él nos dispensó a todos.

miércoles, 11 de julio de 2018

La gente de bien

Hace poco alguien mencionó en Facebook a "la gente de bien", eso y un comentario de mi prima Maria Paula Cabrera señalando una incoherencia me hicieron reflexionar sobre quiénes son esas personas:
La gente de bien critica a los marihuaneros desde su borrachera.
La gente de bien critica el aborto desde sus hijos malcriados que dejan al cuidado de la empleada.
La gente de bien critica a los homosexuales desde el maltrato e infidelidad a su esposa.
La gente de bien opina que los líderes sociales algo malo deben estar haciendo desde su evasión de impuestos y pagos injustos a sus empleados.
La gente de bien opina que la gente quiere todo regalado desde los privilegios que creen que son derechos.
La gente de bien no se da cuenta de que son bastante hijueputas.
La gente de bien dice reconocer la honorabilidad y el trabajo del ejército pero paga la libreta militar de sus hijos para que no pierdan el tiempo en eso.
La gente de bien dice que los pobres son pobres porque quieren mientras todos sus trabajos son palanqueados.
La gente de bien pide que no se incite a la lucha de clases pero no hace nada para tener un país más equitativo.
La gente de bien nos llama ahora a la unión mientras estuvieron ocho años dividiendo al país.
También hay que decir que la gente de bien no es toda uribista. También hay mucha gente privilegiada que cree que es de izquierda porque no vota por Uribe.
La gente de bien dice tener conciencia social, pero sale en los Panamá Papers.
La gente de bien piensa que sus empleados tienen que agradecer que tienen trabajo, pero les gritan y los tratan mal.
La gente de bien se sorprende de que estés soltera mientras te tira los perros estando casados.
También del otro lado se sorprenden de que sigas soltera mientras critican a su marido porque "no se sabe ni el nombre de los muchachitos".
La gente de bien se casa, tiene hijos, va a misa, trabaja, muchas veces son infelices, pero todo el que no cumpla esos requisitos les parece rarísimo.
La gente de bien dice que la mujer es el ser humano más hermoso que hay, madre, hija, esposa, pero les pagan menos que a los hombres por el mismo trabajo y dicen que es que no son tan capaces.
La gente de bien dice que cómo van a ser machistas si tiene hijas mujeres, pero ven a alguien parqueando mal y dicen que seguro es una vieja bruta.
La gente de bien quiere que todo cambie para que nada cambie.
La gente de bien dice que homosexuales claro, pero donde nadie los vea, y sin darse besos delante de sus hijos, sin demostraciones de amor en público, pero no tienen problema en darle tremenda pela al hijo en el centro comercial.
La gente de bien cree que amar es proveer y creen que la compasión es sentir lástima.
La gente de bien lee este hilo y piensa, "ve, yo no pensé que Ana María fuera una resentida", pero me siguen saludando queridos. Yo también.

viernes, 2 de marzo de 2018

Dolor

Hace algunos años una amiga se quejaba conmigo porque un conocido suyo le había dicho que mejor no publicara estados de Facebook donde dejara ver que estaba triste o frustrada o abatida o brava o ningún sentimiento de esos "negativos" que porque "somos lo que proyectamos" y que si se veía que la estaba pasando mal la gente podía asumir que estaba fracasando en la vida y que eso podía traerle como consecuencia que no quisieran, por ejemplo, contratarla en ninguna parte.

¿Cuál es el matiz ahí?, ¿cuál es el punto exacto en el que podemos ser seres humanos a los que nos duelen cosas sin que la gente haga esos juicios tan despiadados?, ¿qué tanto podemos ser nosotros y no esos autómatas de la programación neurolingüística que siempre son exitosos para atraer el éxito?, ¿qué tanto de depresión tapamos con sonrisitas en redes sociales?

Me gusta mucho el ejercicio sobre el duelo que está haciendo Manuela Álvarez publicando en Facebook, en Twitter, en Instagram su tristeza por la pérdida de su esposo.

Somos seres gregarios y no estamos siempre contentos; natural es también aburrirse, sentir tedio, frustración, dolor. Que para algunas personas sea incómodo ver a la gente pasando por eso habla más de la manera en la que ellos lidian con sus propias mierdas que de el fracaso del que se expone.

Exponerse, con todo y la decisión de ceder un poco en el derecho a la intimidad, es más valiente y corajudo que meter la cabeza en un hueco, fingir alegría, ser exitoso para ser exitoso. Mentirse para estar bien es estar dos veces mal.

Yo sí necesito a los otros para sanar mi dolor. Hoy, un año después de la muerte de mi primo, Mateo Villegas, lo nombro como lo hacemos todos en mi familia, para que no se nos olvide que esta fecha nos une en la tristeza y que también nos ha enseñado un poquito sobre el amor.