martes, 20 de septiembre de 2011

Mi manual de estilo en Twitter

Esta entrada corre el riesgo de sonar muy pedante y no se trata de eso... se trata de que todos tenemos algunas políticas de publicación en twitter que son absolutamente individuales y, en los casos que conozco, tácitas, aunque creo que ahí están y que todos tenemos algunas.  No es que uno se crea con alguna verdad revelada sobre qué cosas debe decir y sobre qué cosas es mejor no hablar, pero la fuerza del uso empieza a darle claridad a uno sobre los temas de los que habla o no habla, sobre las discusiones en las que participa o en las que no le interesa participar, en fin, uno tiene un filtro entre la cabeza y la boca o en este caso, entre la cabeza y los dedos... Estas son mis políticas, las mismas que irrespeto con frecuencia:

  • Procuro no hablar de temas en coyuntura y no hablar de nada que no conozca.
  • Procuro no burlarme de nadie gratuitamente.  Hay que hacer la excepción de las personas que son cercanas a uno y con quienes el tono de la relación es ese.
  • No hago tuits indirectazos, ni a quién correspondan, ni el que entendió entendió.  A no ser que no sean indirectazos y esté segura de que esa persona está esperando ese tuit, pero incluso así, me dan mucha pereza.
  • Procuro no entender los tuits indirectazos, aunque uno casi siempre los entiende.
  • Procuro no generalizar.
  • No respondo agresiones.  He recibido muy poquitas, pero tengo muy claro que una persona que lo agrede a uno por twitter lo que está buscando es que entre más bravo el toro, mejor la corrida.
  • Procuro contestar todas las menciones... cortesía básica. Igual con los DM's.
  • Procuro no atacar a ninguna persona o grupo de personas con mis tuits.
  • Procuro no coquetear en el TL o no hacerlo muy evidente.
  • Uso twitter como chat, aunque a tanta gente le moleste, a mí me gusta conversar.
  • No contesto coqueteos agresivos.
  • No doy consejos en el TL, ni me gusta que me los den si no los he pedido y no los voy a pedir.
  • No sigo gente agresiva.
  • No sigo gente radicalizada políticamente.
  • No sigo homofóbicos, ni racistas, ni católicos recalcitrantes, ni personas intolerantes con la diversidad.
  • No sigo celebridades a no ser que digan de verdad cosas que me parezcan a mí interesantes. Y a Alejandro Sanz porque mi hermana lo ama y estamos esperando que la salude.
  • No hablo de fisiología en twitter: ni que tengo que ir al baño, o que estoy tuiteando desde allá, o que tengo PSM... nada de eso, no me gusta.
  • Tampoco hago tuits con contenido sexual explícito, yo la mojigata. Me parecen super necesitados.
  • Procuro no sonar lambona ni condescendiente ni empalagosa.
  • No especulo, no hago tuits inventándome la muerte de nadie ni cosas por el estilo.
  • Esto va a sonar muy obvio, pero procuro ser honesta y no posar de nada.  Pero todos posamos de algo, es inevitable.  Tal vez yo procure posar de honesta.
  • Sé que no lo logro, pero procuro no ser agobiante... en serio.  En la bio debería poner que soy como Susanita y que tengo una incapacidad para incomunicarme.
  • No hago correcciones ortográficas en el TL de twitter. Hay muchos ya con esa labor.
  • No insulto a nadie por twitter.
  • Procuro ser clara con el lenguaje, para que no haya confusiones o malentendidos con el tono de los tuits.
  • Me gusta hablar con gente tranquila que no se tome muy en serio lo que uno está diciendo, que pueda entender que, sobre todo, me gusta estar ahí para pasar ratos entretenidos, con gente entretenida.  He dado con gente muy bacana.
  • Procuro no hablar sentando cátedra, en twitter hay un montón de gente y especialistas serios en todas las áreas.  Procuro hablar desde el respeto al conocimiento y a la ignorancia de los demás.
  • Procuro hablar partiendo de la base de que son muchas las cosas que ignoro, me parece una cautela necesaria.
  • Procuro no criticar a mi familia o a mis amigos en twitter.
  • Procuro no hablar de asuntos laborales serios.  Nada que pueda ocasionar que se me acabe la "contrata".
  • Procuro no personalizar los tuits ni hablar de nadie en concreto cuando voy a criticar algo.
  • Igual, cuando voy a hacer una crítica siempre pienso que yo también soy como las actitudes que critico.  Me mata pues la altura moral que no tengo, pero en serio, procuro hacer eso.
  • Procuro no darle importancia a twitter, pero evidentemente esta entrada demuestra que se la doy.
  • Y a veces hago todo lo contrario... 
Comparando a twitter con la vía pública, paso mis tuits por el siguiente filtro: ¿yo diría eso delante de cualquier desconocido en la calle?
A veces contesto que sí y no los pongo.
Y a veces contesto que no y los pongo.
Pero a veces sí le hago caso al filtro.
Que quede claro que diciendo lo que he dicho, no me comprometo a nada y todo lo contrario.

Desde hace mucho rato no me salen entradas como las que a mí me gusta hacer y creo que es porque este tema (del que me cuesta mucho hablar) me ha estado rondando desde cuando abrí twitter, como tratando de entender su dinámica, que no me parece tan sencilla, porque es la misma dinámica de las relaciones personales que es compleja.  Esta entrada es necesaria para salir del tema y ver si así puedo seguir hablando de cosas que me gusten más.

Para las personas que no tienen twitter, es decir, para mis papás:
Tuit: mensaje de 140 caracteres.
TL: Time Line, donde aparecen todos los tuits de todos.
DM: Mensaje directo entre dos personas solamente.

martes, 6 de septiembre de 2011

1985

En el 85 juré que el mundo se iba a acabar con una certeza de 11 años.  Las instituciones - con la toma al palacio de justicia - y la naturaleza - con la explosión del volcán nevado del Ruiz que sepultó Armero más el terremoto de México - me hacían pensar que no quedaríamos sobre este planeta ni los hombres ni los animales. Pero el planeta no se acabó, ni pasó nada. Y así seguimos a pesar de todos los desastres de los que es capaz la naturaleza, la nuestra incluida; este planeta parece ser capaz de encajar, procesar y seguir girando como si nada.
Ese año le perdí la fe al fin del mundo y ahora creo, con tristeza, que no me va a tocar, ni el fin del mundo ni el fin de nada de lo que contiene.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Roller Coaster

En esta ciudad casi desde cualquier parte puede ver uno aterrizar aviones y saber así si el aeropuerto está operando o no.  Ese día, desde la ventana del apartamento alto de mi abuela, como a las 2 de la tarde, supe que ese avión sí había aterrizado.  Presencias que enrarecen toda la ciudad.  Estas calles me parecen diminutas, no esconden bien a nadie, aquí todos nos podemos encontrar.  Y casi sucede, estuvimos a menos de 10 pasos.  Solo recuerdo una anticipación parecida: la que sentí cuando tenía 14 años y hacía fila durante más de 30 minutos para montarme en una montaña rusa impulsada por la valentía de otros sin poder decir que yo prefería un recorrido más tranquilo.  De eso, hoy, hace un año.  Todavía no me bajo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Pasas del drama a la comedia...

No me sé bien los libretos, nunca me los aprendo completos.  Los leo intentando comprender la idea general y repitiendo para mí mismo: hablo yo, luego él, luego ella y luego otra vez yo; me paro aquí, miro hacia allá, señalo la calle imaginaria que pareciera quedar en donde solo hay pesas y cuerdas de la tramoya y repito los textos sobre las acciones, todas las noches durante un mes por lo regular, intentando entender al personaje que me toca representar; reacciono con base en los prejuicios que tengo sobre la persona es, ella o él y completo los espacios vacíos donde deben ir mis frases con algunos cambios en la intención o en las palabras.  Mis compañeros aprecian eso porque dicen que les da algo con qué trabajar.

Un día quisiera abandonar la escena, salirme del texto y decir algo que no esté incluido en el guion, obligar a mis compañeros de reparto a reaccionar con lo primero que se les ocurra mientras miran mi cara impávida que deja claro que voy firme en otra dirección, algo que tenga la dosis justa de ficción sobre la ficción... un matiz, un giro pequeño que nos obligue a la emoción.  Pensarán mis compañeros que el público no debe darse cuenta de que lo estamos arriesgando todo - como si fuera mucho - que no debemos dar la impresión de haber perdido el control, y juntos, como en una armonía que no existe, le daremos una vuelta a la historia y la llevaremos hacia otro lugar.  Pero nunca fui buen escritor, soy actor y regular.  Así que no arriesgo la trama, doy la impresión de ser un actor comprometido con el final, ese que ya todos conocen, tan repetido mil veces, tan estudiado, tan aceitado, que llegamos a él ya sin pensar... en las obras que represento el destino no cambia jamás.

Como en mi vida, tal cual.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Otros

Se me están acabando las ganas de escribir sobre mí.  Quisiera escribir sobre otros... a veces pienso que la vida mía no es de verdad y que esa solo les sucede, por ejemplo, a los que se columpian todos los días sin camisa en una hamaca mientras convierten una concha de caracol que les llevó el mar, en un flamenco rosado para venderle a los turistas, esperando que el río que pasa cerca de su casa no traiga mucha agua para que no les toque subirlo todo a la hamaca porque entonces ellos se quedan sin lugar.
Y de eso quisiera escribir...

jueves, 21 de julio de 2011

Providencia

Para los primos.

Hasta hace más o menos 10 años yo todavía soñaba con esa finca.  Tenía un árbol de nísperos, un papayo macho o hembra, no recuerdo, pero de esos que nunca dan papayas, un árbol de guayaba dulce y otro de guayaba agria, un mango, varios árboles de naranjas y mandarinas, un eucalipto y muchos palos de café.
El abuelito León construyó con la ayuda de Germán, el mayordomo, una casita de muñecas que tenía luz y agua. Me impresionaba que mi abuelito supiera hacer cimientos y poner medidas de nivel.  Cuando la terminó me entregó la llave a mí con algún discurso que destacaba la importancia de ser responsable ya que yo era la nieta mayor y, amarrada de una cabuya, me la colgó del cuello. Así que mi pinta de todos los días consistía en un vestido de baño y esa llave única colgando sobre mi barriga que me hacía propietaria, en sociedad con mi hermana y mis primos, de un predio para nosotros en Providencia.
Lucero, que fue la que me presentó la canción Malagueña, diciéndome que dónde más va a tener uno los ojos sino debajo de esas dos cejas, era la esposa de Germán.  Tenían dos hijos: Germán Darío y Nini Johana que habían nacido, él, en el furor de alguna novela venezolana y ella, cuando era reina su tocaya.  Hoy, si están vivos, son personas de más de 30 años.  En la casa de ellos, que también construyó mi abuelito, estaba instalado el único televisor de la finca, por lo que todos los nietos nos la pasábamos allá viendo Mazinger Z y cosas por el estilo, que no sé si le gustaban a Germán, pero que era lo que poníamos.
La finca estaba ubicada en una de las regiones más lluviosas de Colombia, Tarapacá.  En esa época oía decir que después de los aguaceros que les tocaba soportar a los del Chocó, seguíamos nosotros en índices de pluviosidad.  Como el techo era de eternit sin tejas de barro ni cielo raso, cuando llovía de noche el ruido no me dejaba dormir; nunca me quejé.  Esa es la edad en la que uno es capaz de adaptarse a todo.  Luego uno crece, se vuelve complicado y ya no tolera una noche incómoda porque amanece con los ojos hinchados.
Solo una vez fuimos a misa en la vereda San Andrés.  No volvimos porque ese día, delante de toda la concurrencia - recolectores de café y otros mayordomos de las fincas cercanas - al cura le dio por hacer un discurso populista sobre los ricos y los pobres y mi abuelito, que tenía hermano cura y bravo al que él le daba sermones, se sintió insultado.
Empezaron a robarnos.  Primero las cosas y ropa que dejábamos afuera por las noches, luego un pesebre que era de mi mamá, después se entraron y se llevaron todos los electrodomésticos dejándonos de regalo los cables para conectarlos.
La vereda se dañó y el abuelito tomó la decisión de vender la finca "a puerta cerrada", que significa con todo lo que hay adentro, incluidos los patines de mi hermanita y yo.
Siempre tuve ganas de volver.
Hace como 2 años estuve allá otra vez.  Fui con mi primo Camilo.  Los recuerdos de infancia lo llenan a uno de expectativas grandes: la piscina no es olímpica, el kiosko, que también hizo mi abuelo, solo conserva unos ladrillos, la casa de los agregados es pequeña y la casita de muñecas es verdaderamente diminuta.  Nos dejaron entrar y recorrer la casa principal y cada uno fue a donde quería ir.  De pronto me encontré en el cuarto que era de la tía Ángela frente a un mueble grande en forma de trapecio que tiene una puerta a cada lado de un centro con cajones.  Después de casi 25 años de no ir a ese lugar jugué a abrir una de esas puertas para comprobar que el sonido producido era absolutamente idéntico al que sonaba en mi cabeza.  Sentí que yo era todavía los momentos bonitos de la niñez en Providencia.


lunes, 18 de julio de 2011

Duele

Sí tengo tema, pero no quiero herir susceptibilidades: las mías.
Porque he creído que no es bueno exponer el dolor para que gente a la que no le importo se ría.
Y ocultar que soy vulnerable me protege de eso y me da una falsa sensación de fortaleza.
Pero para empezar a ser fuerte hay que reconocer que nos duele lo que nos duele y que nos hiere a veces la vida... que dejamos un lado descubierto porque creemos que por ahí nadie puede hacernos daño, porque no podemos cubrir todos los frentes y es necesario en algún punto confiarnos.
Y una amiga que pasar por un dolor que no puedo comparar con el mío me da una lección de humildad ante la vida: no hay necesidad de duelos clandestinos.
Y duele y me importa... duele.