Un collage de temas que es una opinión que tengo sobre La Sociedad.
1.
Hace unos años cantaba en un coro femenino. Nueve mujeres. No hay necesidad de ponerle mucha imaginación a eso para acertar y decir que era complicado conciliar nueve temperamentos femeninos. Tuvimos muchos problemas de toda índole: musicales, por la ropa que usaríamos para cada concierto, por los planes que haríamos, por los ensayos que tendríamos, por lo que comeríamos y también porque algunas de las integrantes querían que como agrupación transmitiéramos algún tipo de impresión homogénea en la gente que nos conocía. El grupo se llamaba Trocatinte, nos ganamos varios apodos:
trocstars, rock y tinto y trocatontas son los que recuerdo.
La gente no nos soportaba, nadie nos aguantaba, todo el mundo decía que éramos muy pinchadas. O eso decía una de las integrantes de Trocatinte. El día que le preguntamos quién era exactamente "todo el mundo" nos dimos cuenta de que era ella y tres o cuatro personas más, cercanas a ella, las que tenían ese montón de opiniones que reflejaban el sentir de La Sociedad.
2.
La mujer del César no solo debe serlo sino parecerlo.
Qué dirán los demás.
Pero uno se pone a mirar detenidamente y no da. Yo no he podido saber bien quién es, quién conforma La Sociedad esa que opina sobre estupideces como la forma de ser de uno. Probablemente soy yo. Y sí, yo opino mucho sobre los demás. Pero dudo mucho que mi opinión tenga fuerza. Tal vez tendría fuerza si esa gente sobre la que sin criterio he opinado le diera importancia a lo que yo opino y viniera a reclamarme.
3.
Una vez, cuando tenía 17 años, la mamá de una amiga me vio dándome unos picos con un ex novio que para la época ya tenía novia nueva, en una fiesta en el Club Manizales. Como toda la noche había estado con mi mejor amigo la amiga mía supuso que el tipo con el que me había visto su mamá era ese y se puso a decirle a "todo el mundo" que yo me había encarretado con Marcelo. Como lo que estaba diciendo era parcialmente mentira y como yo tenía 17 años y a esa edad uno libra unas batallas todas pendejas, yo me fui con Marcelo para donde mi amiga y le dije que me dijera en mi cara la mentira que estaba diciendo. A ella le importó cinco centavos aclarar que había hecho ese supuesto y que entonces yo contara con quién me estaba dando picos... y me tocó contarle a Marcelo, que no quería a Julián - el de los picos -, el pecado que estaba cometiendo... que sí era medio pecado dado que el hombrecito tenía novia y a los 17 años esas cosas son gravísimas (a esta edad de pronto también). Tragedias romanas del siglo pasado. El caso es que uno aprende que esos pecados se manejan distinto, dejando que la gente opine enredada, por ejemplo.
4.
Pero lo que quiero decir no es eso, ni remotamente... lo que quiero decir es que no importa si la gente acierta o no cuando opina sobre uno. Y que tampoco debe importarle a nadie lo que uno opine sobre ellos. Son todos juicios sin contexto porque nadie lo conoce a uno lo suficiente y uno no conoce a nadie lo suficiente y además nunca la sociedad podrá ser tanta gente junta o podrá tener una forma tan cierta como para que una cosa de esas, un chisme, una mala opinión, tenga consecuencias reales más allá de las consecuencias que tenga sobre lo que uno piensa de uno mismo.
5.
En estas cosas pienso mucho cuando evoco a La Sociedad Manizaleña que dicen que opina mucho sobre uno, que es implacable. Y yo me pregunto mucho quiénes son y en este caso particular a veces creo que sí sé... es una gente de la que estuvieron contando cosas entretenidísimas hace poquito y yo celebro que den motivos para que hablemos bien de ellos. Ojalá me inviten a una de sus swinger parties, aunque deben opinar que a estas alturas, como todavía me falta marido, no tengo con quién jugar.
Sí tengo. Que me invite La Sociedad que yo quiero opinar con ella.
O que no me inviten, para poder criticar.
martes, 6 de noviembre de 2012
jueves, 1 de noviembre de 2012
Pelagra
Mi papá y mi hermana son dermatólogos. Hoy en la mesa del comedor, como en más o menos tres de cada cuatro almuerzos familiares, ellos estaban discutiendo "un casito muy bonito" de una señora que encontraron perdida y que mandaron para el hospital psiquiátrico (especulo, esa parte de la historia me faltó, una licencia), y que fue remitida a dermatología porque tenía una enfermedad de la piel. Resultó que la señora tenía pelagra que es la enfermedad de las tres D: diarrea, dermatitis y demencia y que se manifiesta en gente que se alimenta mal, y que como consecuencia de eso no tiene una vitamina que se llama niacina, y que puede terminar en la muerte. Pero a uno le ponen la niacina y lo alimentan bien y rapidito, rapidito - así dijeron - se alivia y queda otra vez de combate.
Este casito tan bonito fue discutido en una página que tiene la Asociación Colombiana de Dermatología para la que mi papá aportó la historia del ¿descubrimiento? de la enfermedad. Como amo a mi papá y la historia me parece muy interesante la subo al blog.
Ahí va:
A mí me parece de mucho interés el conocimeinto de como se fueron encontrando las explicaciones de las cosa que dan en la piel. Hoy ya vamos en las moléculas, pero por algo más grande empezó la explicación de todo. Brevemente y con la pelagra: el maíz. Lo llevó de América a Europa digamos que Colón – aunque no nos conste -, allá lo sembraron por todas partes porque daba un rendimiento de 80 y tantos granos por grano sembrado. El trigo sólo daba 4 granos por grano, ¡pucha!, la dicha para alimentar marranos y campesinos. Aparecieron males mentales y calenturas en la piel en toda esa gente y nadie sabía el porqué. Mató a más gente que la peste y que Hitler hasta que un gringo dos siglos después, un señor Goldberg en 1900 y tantos, notó que a los indígenas de México y vecinos de Centroamérica, no les daba pelagra... ¿y eso por qué si también comen maíz? Elemental, por un detallito, ellos al maíz para hacer su tortilla lo dejaban por la noche “cuajando” en agua de cal y esa cal hace que el maíz suelte triptófano, precursor de la niacina, ¿y qué pasa con los que toman isoniacida?, este antituberculoso lentifica la conversión del triptófano de la dieta normal a niacina. Eso es todo, queda uno como más fresco, ¿o no?
Quizás me faltó decir -para que se entienda bien- que el maíz que comieron los primeros enfermos de pelagra no tenía ni triptófano y mucho menos niacina.
Jairo
---
Luego de contar eso y dado que mi mamá y yo nos interesamos en el asunto, mi papá y mi hermana se pusieron a hablar de un museo que está en París, que se llama L´Hôpital Saint Louis donde hay unos moldes en cera (moulages) que son representaciones realistas de las enfermedades dermatológicas. Antes de las fotos así se enseñaba a los médicos a reconocer las enfermedades. En Colombia también la Universidad Nacional tiene algunos moldes. La parte de la historia de la medicina me parece una nota y la dermatología tiene mucho que contar dado que es una especialidad tan evidente, está todo ahí a simple vista. Muy bacano. En esos almuerzos familiares de contenido dermatológico uno de cada seis resulta interesante.
Este casito tan bonito fue discutido en una página que tiene la Asociación Colombiana de Dermatología para la que mi papá aportó la historia del ¿descubrimiento? de la enfermedad. Como amo a mi papá y la historia me parece muy interesante la subo al blog.
Ahí va:
A mí me parece de mucho interés el conocimeinto de como se fueron encontrando las explicaciones de las cosa que dan en la piel. Hoy ya vamos en las moléculas, pero por algo más grande empezó la explicación de todo. Brevemente y con la pelagra: el maíz. Lo llevó de América a Europa digamos que Colón – aunque no nos conste -, allá lo sembraron por todas partes porque daba un rendimiento de 80 y tantos granos por grano sembrado. El trigo sólo daba 4 granos por grano, ¡pucha!, la dicha para alimentar marranos y campesinos. Aparecieron males mentales y calenturas en la piel en toda esa gente y nadie sabía el porqué. Mató a más gente que la peste y que Hitler hasta que un gringo dos siglos después, un señor Goldberg en 1900 y tantos, notó que a los indígenas de México y vecinos de Centroamérica, no les daba pelagra... ¿y eso por qué si también comen maíz? Elemental, por un detallito, ellos al maíz para hacer su tortilla lo dejaban por la noche “cuajando” en agua de cal y esa cal hace que el maíz suelte triptófano, precursor de la niacina, ¿y qué pasa con los que toman isoniacida?, este antituberculoso lentifica la conversión del triptófano de la dieta normal a niacina. Eso es todo, queda uno como más fresco, ¿o no?
Quizás me faltó decir -para que se entienda bien- que el maíz que comieron los primeros enfermos de pelagra no tenía ni triptófano y mucho menos niacina.
Jairo
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Luego de contar eso y dado que mi mamá y yo nos interesamos en el asunto, mi papá y mi hermana se pusieron a hablar de un museo que está en París, que se llama L´Hôpital Saint Louis donde hay unos moldes en cera (moulages) que son representaciones realistas de las enfermedades dermatológicas. Antes de las fotos así se enseñaba a los médicos a reconocer las enfermedades. En Colombia también la Universidad Nacional tiene algunos moldes. La parte de la historia de la medicina me parece una nota y la dermatología tiene mucho que contar dado que es una especialidad tan evidente, está todo ahí a simple vista. Muy bacano. En esos almuerzos familiares de contenido dermatológico uno de cada seis resulta interesante.
martes, 23 de octubre de 2012
La inconforme
Me da dificultad aceptar que tengo motivos para querer cambiar algo.
Ni siquiera uso con frecuencia la palabra inconformidad porque procuro que me guste lo que soy y lo que tengo. Y me gusta. O será de cómoda, o de miedosa.
Pero ya quiero cambiar.
Me aterra decirlo y que después no pase nada. Que es lo más probable. Por alguna parte hay que empezar.
Aquí en el blog donde suelo (o solía) empelotar esos sentimientos queda como muy bien decir que quiero que algo cambie. A veces me ha pasado que con solo decir algo las cosas empiezan a obrar. ¿Vio? Ya empecé por no hacer nada y dedicarme a esperar que algo extraordinario le dé un giro a todo lo demás.
Quisiera que no fuera solo un ímpetu, pero a veces siento que no tengo más que la fuerza para eso. No sé si es de mansa o de miedosa... o si es la anemia. O la falta de claridad porque no tengo idea de qué quiero cambiar.
Quisiera ser empresaria de una cosa pequeña.
Quisiera hacer algo que sea tangible.
Quisiera vivir en clima caliente de vestidito.
Quiero un perro. Sobre todo quiero un perro.
Ya está.
Ni siquiera uso con frecuencia la palabra inconformidad porque procuro que me guste lo que soy y lo que tengo. Y me gusta. O será de cómoda, o de miedosa.
Pero ya quiero cambiar.
Me aterra decirlo y que después no pase nada. Que es lo más probable. Por alguna parte hay que empezar.
Aquí en el blog donde suelo (o solía) empelotar esos sentimientos queda como muy bien decir que quiero que algo cambie. A veces me ha pasado que con solo decir algo las cosas empiezan a obrar. ¿Vio? Ya empecé por no hacer nada y dedicarme a esperar que algo extraordinario le dé un giro a todo lo demás.
Quisiera que no fuera solo un ímpetu, pero a veces siento que no tengo más que la fuerza para eso. No sé si es de mansa o de miedosa... o si es la anemia. O la falta de claridad porque no tengo idea de qué quiero cambiar.
Quisiera ser empresaria de una cosa pequeña.
Quisiera hacer algo que sea tangible.
Quisiera vivir en clima caliente de vestidito.
Quiero un perro. Sobre todo quiero un perro.
Ya está.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Cien metros planos
Los estamos corriendo empinados. Los estamos corriendo cuesta arriba. Nos estamos exigiendo más de lo acostumbrado. Estamos haciéndolos rendir de una manera nunca vista. Estamos llevando todo un poco más allá de lo que ya hemos visto. Estamos cansados de correrlos pero seguimos intentándolo. Queremos alcanzar un meta que desconocemos. Queremos abrazar una gloria que es efímera. Queremos llevar la corona de un triunfo pírrico. Queremos ir contra la corriente y desafiar lo establecido. Queremos ir en contra de todo lo que se ha dicho. Queremos compartir el triunfo con otros que también se rebelaron. Sentirnos respaldados por gente que no podrá ni aplaudirnos. Gente que corre su propia pendiente. Todos en una carrera en contra de nosotros mismos. Los atletas que somos ya estamos muy cansados. Cansados del desgaste de correr hacia arriba amarrados desde abajo.
La humanidad está conformada por un montón de gente finita que hace cosas excepcionales para que queden en libros o archivos que parece que durarán más que cada uno de nosotros como registro de lo impresionantes que podemos ser cuando nos exigimos.
En reposo, descansando, cómodos, parece que no somos nada trascendente. Hay que correr 100 metros planos en menos de 10 segundos para que quede nuestro nombre inscrito en alguna cosa física que nos sobreviva con el fin de poder llevarle el hilo a los logros de la humanidad.
----
Qué bueno que de verdad exista otra civilización y que alcancemos a conocerlos antes de que se apague el sol para poderles decir "miren lo que somos capaces de hacer con estas piernas". Porque sino todo este esfuerzo, teniendo mucha gracia, tiene muy poquita gracia.
La humanidad está conformada por un montón de gente finita que hace cosas excepcionales para que queden en libros o archivos que parece que durarán más que cada uno de nosotros como registro de lo impresionantes que podemos ser cuando nos exigimos.
En reposo, descansando, cómodos, parece que no somos nada trascendente. Hay que correr 100 metros planos en menos de 10 segundos para que quede nuestro nombre inscrito en alguna cosa física que nos sobreviva con el fin de poder llevarle el hilo a los logros de la humanidad.
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Qué bueno que de verdad exista otra civilización y que alcancemos a conocerlos antes de que se apague el sol para poderles decir "miren lo que somos capaces de hacer con estas piernas". Porque sino todo este esfuerzo, teniendo mucha gracia, tiene muy poquita gracia.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Tetas y marido
Otra entrada sobre mujeres.
En mi salón del colegio éramos 15 niñas. Muy poquitas porque Los Cerezos pretendía educación personalizada que significaba - siempre digo lo mismo - al ritmo de la más lenta y teníamos dos compañeras que de verdad lo eran.
Eran también ellas las más montadoras del salón. Gorda, piernas de futbolista, el papá de tal es traqueto, Zutana tiene mal tipo, mi papá dijo que no da cinco centavos por la virginidad de Perana, boca de negra, su novio es marica, qué piernas tan secas, enana, nerda, sapa, puta, en fin.
Las dos intentaron solucionar parte de lo que las llevaba a ser de esa manera con implantes mamarios. No digo que todas las muchachitas que se ponen implantes mamarios son montadoras, digo que las ganas de atacar a los demás gratuitamente nacen de insatisfacciones personales. Ellas eran lindas —mucho— y sin embargo sentían la necesidad de hacer sentir mal a otras niñas que, aunque no lo eran tanto, tenían algo que ellas no tenían: inteligencia, nobleza, bondad, amabilidad, no sé.
¿Desventaja para qué? Supongo que para conseguir marido, su única ambición.
Las dos tienen marido, las dos tienen tetas, pero conservan la actitud montadora. Señas de que ni las tetas, ni los maridos, hicieron el trabajo que tenían que hacer: hacerlas sentir bien con ellas mismas porque a uno le pueden operar todo menos la autoaceptación.
Pero encajan, que sigue siendo la misma necesidad adolescente.
Yo no sé quién madura, parece que nadie.
En mi salón del colegio éramos 15 niñas. Muy poquitas porque Los Cerezos pretendía educación personalizada que significaba - siempre digo lo mismo - al ritmo de la más lenta y teníamos dos compañeras que de verdad lo eran.
Eran también ellas las más montadoras del salón. Gorda, piernas de futbolista, el papá de tal es traqueto, Zutana tiene mal tipo, mi papá dijo que no da cinco centavos por la virginidad de Perana, boca de negra, su novio es marica, qué piernas tan secas, enana, nerda, sapa, puta, en fin.
Las dos intentaron solucionar parte de lo que las llevaba a ser de esa manera con implantes mamarios. No digo que todas las muchachitas que se ponen implantes mamarios son montadoras, digo que las ganas de atacar a los demás gratuitamente nacen de insatisfacciones personales. Ellas eran lindas —mucho— y sin embargo sentían la necesidad de hacer sentir mal a otras niñas que, aunque no lo eran tanto, tenían algo que ellas no tenían: inteligencia, nobleza, bondad, amabilidad, no sé.
¿Desventaja para qué? Supongo que para conseguir marido, su única ambición.
Las dos tienen marido, las dos tienen tetas, pero conservan la actitud montadora. Señas de que ni las tetas, ni los maridos, hicieron el trabajo que tenían que hacer: hacerlas sentir bien con ellas mismas porque a uno le pueden operar todo menos la autoaceptación.
Pero encajan, que sigue siendo la misma necesidad adolescente.
Yo no sé quién madura, parece que nadie.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Plumas en el nido
Cuando estaba en Medellín estudiando en la Universidad teníamos un amigo al que le decíamos Gallina. Era la época de los beepers y el teléfono fijo. Cuando terminábamos de estudiar, o salíamos de rumba, o por cualquier motivo nos despedíamos tarde y teníamos que irnos cada uno para su casa por separado, Gallina tenía la costumbre de ponerle un mensaje al beeper de una amiga en el que le decía "plumas en el nido" que eran las palabras clave para saber que ya estaba bien en su casa. Ella me llamaba a mí o yo la llamaba a ella y así con todos los amigos, hasta que todos sabíamos que no faltaba ninguno por llegar a la casa... Eso se nos pegó, nunca se me olvidó y ahora lo uso en twitter para decir que estoy metida debajo de mis cobijas.
No se me ocurrió a mí y siempre pensé que la frase era transparente, pero parece que falta que yo tenga apodo de ave plumífera para que la cosa acaba de cuajar porque cada rato me preguntan que eso qué significa y hasta hubo uno que me dijo que googleo la expresión para saber si tenía origen literario y no.
Ahí les cuento de dónde salió de eso.
No se me ocurrió a mí y siempre pensé que la frase era transparente, pero parece que falta que yo tenga apodo de ave plumífera para que la cosa acaba de cuajar porque cada rato me preguntan que eso qué significa y hasta hubo uno que me dijo que googleo la expresión para saber si tenía origen literario y no.
Ahí les cuento de dónde salió de eso.
lunes, 13 de agosto de 2012
El hámster
Al hásmter lo encontré muerto un martes. Ese lunes había sido festivo. Lo encontré en el lócker oscuro y frío en el que lo puse a vivir después de buscarle sin éxito un hogar y porque a mis 12 años (sí, es disculpa) no encontré nada más qué hacer con él.
Cuando en los colegios todavía se usaba abrir animales para, dizque, saber cómo funcionaban los organismos vivos nos pidieron llevar una rata de laboratorio para hacer lo debido en la categoría "mamíferos"; lo que ya habíamos hecho en la categoría "anfibios" con una rana que me pareció llena de nada por dentro. Cualquiera que hubiera visto una maqueta hecha por alguna de las niñas de séptimo grado de mi colegio podía concluir fácilmente que no teníamos ni idea de usar un bisturí. Así quedó la rana, un masato de sangre y lo que sea que tengan las ranas por dentro.
Con mi mamá buscamos mucho y no encontramos en todo Manizales al proveedor de ratas de laboratorio, lo único que pudimos hacer fue comprar un hámster en el Ley de Sancancio que en esa época tenía una sección de animales en la que también vendían tortugas.
Compré una mascota para disecarla. Un animal tierno para matarlo en clase de biología el lunes a las 10 de la mañana. No me sentía muy bien al respecto. Seguramente yo lo que quería era un animalito y encontré la excusa perfecta para comprarlo. Sin embargo, lo llevé el lunes al colegio a clase de biología, tenía que hacer la patraña completa. De esta parte no estoy muy segura, yo creo que sí tenía intenciones de ofrecerlo a la ciencia y no pude.
Marcela Muñoz fue la única, en un salón de 15 niñas, que encontró al proveedor de ratas de laboratorio. Mary la profesora, estaba muy brava porque solamente dos niñas habíamos hecho la tarea de llevar una pobre víctima a la clase, así que nos tocaría agruparnos para ver un corazón diminuto, un estómago diminuto y demás cosas que traemos adentro los mamíferos en tamaño reducido como si matando una cosa llena de presas chiquitas la muerte se presentara también disminuida.
La rata era linda, blanca inmaculada. Muerte por formol. Poco formol, Mary calculó mal. La rata adentro de una campana de vidrio. La rata intentaba subir a la parte más alta. La rata se empinaba. La rata abría la boca todo lo que podía intentando obtener algo de aire limpio. La rata sufría y no se moría. La rata chillaba. No vi nada más. Cogí mi hamster y me fui a llorarle al capellán.
Le dije al cura que yo no iba a permitir que nada le pasara a ese hámster, que Mary me podía poner un uno, un cero o lo que quisiera, pero que yo lo iba a salvar. Tenía un problema fundamental para mi causa: mi mamá no me lo dejaría tener en la casa. Mi mamá ama el orden y la limpieza. Me compró el hámster porque estaba segura de que yo lo iba a matar. Si lo llevaba a la casa lo mataría ella. Él se ofreció a llevárselo para el hogar de los sacerdotes del Opus Dei en Manizales. San Francisco de Asis, la bondad existía.
A la semana siguiente me entregó el hámster. Ya no podía tenerlo más. La rectora del colegio se enteró del asunto y estuvo otra semana en su casa. Pero luego de eso el hámster volvió otra vez a mí y a mis problemas para tomar decisiones. Lo llevé a la casa. No. Mi mamá no me dejó tenerlo ahí. Me lo llevé para el colegio. Dónde lo pongo mientras tanto...
En el lócker vivió cerca de un mes al cabo del cual me dañó todos los libros y se cagó y orinó en todas las cosas. Me lo merecía. Me merecía algo peor. El martes cuando llegué y lo encontré muerto lloré mucho por no haber hecho lo que debí haber hecho: soltarlo. Seguramente se hubiera muerto tarde o temprano, incluso tal vez más temprano que tarde, pero se hubiera muerto suelto y no atrapado en un coco metálico donde lo puse yo por creer que conmigo estaría mejor que suelto. Por boba. Por creerme la Dian Fossey de los hámsters. Porque la naturaleza mejor sola que con nosotros.
Por eso veo una araña en el baño y no intervengo para nada. El hámster no tuvo ni nombre, lo boté en un basurero. Nunca me he sentido peor ser humano.
Cuando en los colegios todavía se usaba abrir animales para, dizque, saber cómo funcionaban los organismos vivos nos pidieron llevar una rata de laboratorio para hacer lo debido en la categoría "mamíferos"; lo que ya habíamos hecho en la categoría "anfibios" con una rana que me pareció llena de nada por dentro. Cualquiera que hubiera visto una maqueta hecha por alguna de las niñas de séptimo grado de mi colegio podía concluir fácilmente que no teníamos ni idea de usar un bisturí. Así quedó la rana, un masato de sangre y lo que sea que tengan las ranas por dentro.
Con mi mamá buscamos mucho y no encontramos en todo Manizales al proveedor de ratas de laboratorio, lo único que pudimos hacer fue comprar un hámster en el Ley de Sancancio que en esa época tenía una sección de animales en la que también vendían tortugas.
Compré una mascota para disecarla. Un animal tierno para matarlo en clase de biología el lunes a las 10 de la mañana. No me sentía muy bien al respecto. Seguramente yo lo que quería era un animalito y encontré la excusa perfecta para comprarlo. Sin embargo, lo llevé el lunes al colegio a clase de biología, tenía que hacer la patraña completa. De esta parte no estoy muy segura, yo creo que sí tenía intenciones de ofrecerlo a la ciencia y no pude.
Marcela Muñoz fue la única, en un salón de 15 niñas, que encontró al proveedor de ratas de laboratorio. Mary la profesora, estaba muy brava porque solamente dos niñas habíamos hecho la tarea de llevar una pobre víctima a la clase, así que nos tocaría agruparnos para ver un corazón diminuto, un estómago diminuto y demás cosas que traemos adentro los mamíferos en tamaño reducido como si matando una cosa llena de presas chiquitas la muerte se presentara también disminuida.
La rata era linda, blanca inmaculada. Muerte por formol. Poco formol, Mary calculó mal. La rata adentro de una campana de vidrio. La rata intentaba subir a la parte más alta. La rata se empinaba. La rata abría la boca todo lo que podía intentando obtener algo de aire limpio. La rata sufría y no se moría. La rata chillaba. No vi nada más. Cogí mi hamster y me fui a llorarle al capellán.
Le dije al cura que yo no iba a permitir que nada le pasara a ese hámster, que Mary me podía poner un uno, un cero o lo que quisiera, pero que yo lo iba a salvar. Tenía un problema fundamental para mi causa: mi mamá no me lo dejaría tener en la casa. Mi mamá ama el orden y la limpieza. Me compró el hámster porque estaba segura de que yo lo iba a matar. Si lo llevaba a la casa lo mataría ella. Él se ofreció a llevárselo para el hogar de los sacerdotes del Opus Dei en Manizales. San Francisco de Asis, la bondad existía.
A la semana siguiente me entregó el hámster. Ya no podía tenerlo más. La rectora del colegio se enteró del asunto y estuvo otra semana en su casa. Pero luego de eso el hámster volvió otra vez a mí y a mis problemas para tomar decisiones. Lo llevé a la casa. No. Mi mamá no me dejó tenerlo ahí. Me lo llevé para el colegio. Dónde lo pongo mientras tanto...
En el lócker vivió cerca de un mes al cabo del cual me dañó todos los libros y se cagó y orinó en todas las cosas. Me lo merecía. Me merecía algo peor. El martes cuando llegué y lo encontré muerto lloré mucho por no haber hecho lo que debí haber hecho: soltarlo. Seguramente se hubiera muerto tarde o temprano, incluso tal vez más temprano que tarde, pero se hubiera muerto suelto y no atrapado en un coco metálico donde lo puse yo por creer que conmigo estaría mejor que suelto. Por boba. Por creerme la Dian Fossey de los hámsters. Porque la naturaleza mejor sola que con nosotros.
Por eso veo una araña en el baño y no intervengo para nada. El hámster no tuvo ni nombre, lo boté en un basurero. Nunca me he sentido peor ser humano.
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