lunes, 9 de diciembre de 2019

Muy normal la bipolaridad

El psiquiatra dijo que hiciera esto cuando no se tratara de mí y la verdad es que ahora mismo no siento la necesidad de hablar de mí o para mí o para quienes están alrededor de mí. Debe ser la eutimia en la que me pone el medicamento que me recetaron.

En septiembre de este año supe que hago parte del 4% de la población de Caldas (o del Eje Cafetero, no lo tengo muy claro) que (sufrir y padecer me parecen dos verbos demasiado dolidos y no me siento así tampoco) tenemos trastorno bipolar. En mi caso, trastorno bipolar tipo 2. Sorprais. En el resto del mundo la incidencia de esta enfermedad es del 3%. Se levanta un poquito el indicador en Caldas (o en el Eje Cafetero o en tierra paisa: Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, una parte del Tolima y Norte del Valle) por dos circunstancias particulares.

1. La Endogamia Paisa: para no ir más lejos mi mamá es Villegas Villegas y siempre me ha parecido particular que en mi familia haya tanto gago y además daltónicos, con el caso muy particular de una prima con la misma condición, cosa rarísima porque el daltonismo se da sobre todo en los hombres, lo que indica que el gen le venía por madre y padre, que en ese caso también están emparentados más arriba en su propio árbol genealógico. Al parecer, nuestra condición geográfica hacía difícil conocer chicas y chicos muy lejos de la finca. Eso por un lado. Pero además, preferíamos el malo conocido que el bueno por conocer. Por otro lado. Y había que cuidar el patrimonio familiar: casándose entre primos eso era más fácil. Eso condujo a un montón de gente con los mismos apellidos porque aquí todos somos primos lejanos o cercanos.   

2. Además, un gen vasco que vino a dejarnos cosas como decir crispeta, cachucha o motilar y un material genético enriquecido de enfermedades mentales.

Entonces en esta zona del país hay mucha esquizofrenia, bipolaridad y depresión. Tanta, tanta, que la Universidad de Antioquia en asocio con una universidad gringa, de la cual no recuerdo el nombre, están ejecutando aquí el Paisa Project, un estudio psiquiátrico y psicológico de la población enferma contrastado con un grupo control que en total incluirá a diez mil personas para tratar de entender mejor estas enfermedades, que por lo demás, parece que son todavía más misterios que certezas, aunque algunas de esas últimas sí hay. El mismo día que me diagnosticaron me preguntaron si quería hacer parte del proyecto. Dije que sí y mi sangre y mis pruebas están contenidas en el estudio.

Como dice Lorena Beltrán, #NoEsDeLocos hablar sobre estas cosas y es necesario que lo hagamos. No he leído (pero lo haré) el libro de Margarita Posada "Las muertes chiquitas" que entiendo que habla sobre depresión. Cuando estaba en medio de la enfermedad me regalaron Mi bipolaridad y sus maremotos, de la periodista bogotana Catalina Gallo que cuenta y explica cómo funciona su cabeza. Y bueno, la bibliografía es mucha, hago referencia a los libros que siento más cercanos porque qué bueno que cada vez más personas con nombre propio contemos y mostremos que tener estas cosas es tan normal como tener diabetes o cualquier otra condición médica y que, en los casos de las enfermedades mentales, ningún diagnóstico nos condena, ninguna enfermedad nos define, solo es otra cosa que aprendemos sobre nosotros. Mi psiquiatra (el Dr. Juan Carlos Castro, de las mejores cosas que me pasaron este año fue tener la fortuna de que fuera mi psiquiatra) dice que incluso una enfermedad que parece tan severa como la esquizofrenia si se trata a tiempo y bien, no tiene porqué impedir que se viva una vida plena. Y lo mismo pasa con la depresión o la bipolaridad.

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Esta semana estaba en un almacén del centro de Manizales cuando llegó una señora que resultó ser la mamá de una de las dependientes. La señora me pareció un poquito acelerada, pero yo no hubiera dicho que estaba enferma de nada. La que me contó que la señora es bipolar fue la hija, muy apenada por el comportamiento de su mamá. Traté de tranquilizarla diciéndole que yo tengo lo mismo, y que tener esto es normal, y que en Caldas la bipolaridad es frecuente y que tranquila y creo que ella no me creyó de a mucho nada de lo que le dije porque me preguntó, entre otras cosas, que si yo me cambiaba la forma de vestir y me dijo que yo no me veía como si tuviera lo mismo que su mamá. Tan difícil explicar tantas cosas sobre estas enfermedades en cinco minutos, no solamente porque uno también está aprendiendo, sino porque además la carga de estigmatización es tremenda y verdaderamente impide una conversación franca de esa manera, porque casi todo el tiempo está uno diciendo que no, que las cosas no son como los otros creen que son. Qué necesario decir, repetir e insistir en que estas cosas son completamente normales, frecuentes, tratables y que uno no es solamente ese diagnóstico.

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A pesar de que me aconsejaron lo contrario, que no contara, que no era necesario, que no era estratégico, cuando me preguntan por qué estuve tanto tiempo incapacitada, cuando tengo que contar que ahora me duermo muy temprano, cuando me ofrecen trago y digo que no puedo, cuando me preguntan cualquier cosa que implica contar que tengo una enfermedad mental contesto eso, que tengo una enfermedad mental y que tomo medicamento para controlarlo. No le doy mucho trámite a esa respuesta. Porque aprendí de un amigo homosexual (José Carlos, no te lo he dicho nunca, pero qué ejemplo el que das) que el mundo se cambia cambiando, cambiándolo, saliéndonos de las respuestas hipócritas de siempre, dejando de disimular las verdades, asumiéndonos delante de los demás. Es la mejor manera de quitarle al asunto el velo de tabú, corriéndolo simplemente. La reacción de los demás no me pertenece, los prejuicios de los demás no me pertenecen, cada uno verá cómo lo asimila, no es tanto mi problema como suyo y si tienen problema, pues se enfrenta, como también he tenido que hacerlo, porque sobre todo la ignorancia hace a la gente muy torpe para expresar o gestionar sus preocupaciones.

Todavía estoy aprendiendo. Estas enfermedades significan, más que todo, un cambio en el estilo de vida: no mezclarle trago o drogas, dormir por lo menos ocho horas, alimentarse bien, hacer ejercicio, meditar, tratar de estar aquietado. Es decir, lo mismo que le mandan a un infartado. Lo mismo que le mandan a un diabético. Lo mismo que los médicos le recomiendan a cualquiera, porque el estilo de vida influye tremendamente sobre todas esas cosas. ¿Si ven? Como tantas cosas. Muy normal.