viernes, 24 de febrero de 2017

Perspectiva

Hace algunos años, cuando yo tenía como 38, invité a un amigo de 45 a que fuera con mis amigos y conmigo a un concierto de la Orquesta Sinfónica.

Mis amigos son mucho menores que yo. A la que menos le llevo es a mi hermana, 3 años, a Carolina le llevo 8, a Javier 10 y a Lorena 12. Esos son mis amigos más cercanos, a los que llamaría si necesito que me cuiden una gripa y los primeros que llegarán el día que algo grave me pase.

Ese día Lorena me preguntó que a quién había invitado y no sé por qué surgió el asunto de la edad. Tal vez porque justamente es raro que yo ande con gente mayor que yo aunque sea por un día. Le contesté que a pesar de que tenía 45 años se veía muy joven.

Mi amigo llegó cuando ya estábamos sentados, yo le estaba guardando el lugar, se sentó y le presenté a los demás.

Dos minutos después, Lorena me dijo en secreto "Ani, cómo vas a decir que se ve joven, es un cuchito". Y me arruinó cualquier idea.

Es una asunto de perspectiva.

Desde los 40 todo el mundo se ve más o menos igual. Más o menos. Los de 25 se ven jóvenes, pero ya son adultos con quienes se puede conversar. Y los de 60 están grandes, pero uno ya es un adulto para conversar con ellos. Para no mencionar otras actividades para las cuales también se amplía el espectro. Tal vez sea la mejor perspectiva. O tal vez sea una excusa mía para tener amigos de todas las edades.

Diversidad también es querer a tu amigo cuarentón.

viernes, 3 de febrero de 2017

Mafalda no es feminista

Esta entrada de blog debería ser un ensayo sociológico muy serio para que quienes usan a Mafalda como bandera del feminismo dejen de hacerlo. No porque no nos guste la causa feminista, sino porque Mafalda no es feminista.

Dos cosas me llevan a afirmar esto:

1. A pesar de que a Mafalda la escribieron entre los 60 y 70, momento en el que comenzaron todas esas luchas por la igualdad en los derechos, fue escrita por un hombre. Y aunque eso no sea argumento suficiente sí hay que decir que no fue escrita por un hombre feminista.
2. Mafalda es misógina. Detesta a Susanita, aunque la tolera, y detesta el estereotipo femenino.

Voy a argumentar de la única manera posible en este caso: con tiritas.

1. Las mujeres son unas chismosas incapaces de guardar un secreto.


2. Ser madre de familia y dedicarse al hogar es ser mediocre.


3. Ese movimiento de la liberación fememina no va para ningún Pereira...

4. Ser madre de familia y ama de casa no es vivir. 


5. Hay unas aspiraciones femeninas que son despreciables. 


Creo que en algún momento fui de la línea Mafalda. Me parecía mal que las mujeres solo quisieran ser mamás y esposas; despreciaba a las que le prestaban demasiada atención a lo físico, tanto en ellas como en los demás; las juzgaba como superficiales. Creía que las mujeres eran débiles, demasiado suaves, un poco pusilánimes, frágiles, muy emocionales y emotivas. De la misma manera negué esos aspectos de mi personalidad y me prohibí ser así. 
En fin, pero aquí vinimos fue a criticar a Mafalda y a señalar que no es tierna, no es suave, es contestoncita, no es emotiva ni emocional. Y que el feminismo es respetar que haya mujeres así y de las otras y también esperar que esas características de la personalidad que suelen ser asociadas con lo femenino puedan habitar también en los tipos.

Y a decir que seguramente Mafalda lloraba en la ducha.

lunes, 30 de enero de 2017

Sobre Whatsapp y el agobio de la información y las redes sociales

Al parecer con el nacimiento del correo electrónico se exacerbó la necesidad de compartir información. Con la facilidad de darle forward a un mensaje bonito que nos enviaba alguien tuvimos instantáneamente la capacidad de difundirlo ya no a dos o tres personas cercanas a las que de verdad creíamos que ese mensaje podía interesar, sino a toda la base de datos porque, qué carajo, tan fácil que es poner ahí en esa casillita "send to all".

Antes no era así. Antes, si usted leía un artículo bacano en una revista, lo máximo que podía hacer era intentar leérselo en voz alta a quienes estuvieran con usted. Y mínimo decirle a esas personas "en esta revista hay un artículo que creo que les gustaría". O poner el tema y comentar. Y ya. A eso se limitaba el asunto de compartir información. Si dos días después usted todavía estaba impactado por un contenido de un periódico corría el riesgo de recomendarlo a otras dos personas. Y si era de los que coleccionaba recortes de prensa, de pronto a cinco.

Pero con el correo electrónico y las redes sociales toda clase de información se volvió facilísima de compartir, y todo el mundo comparte información todo el tiempo. Y está muy bien, que circule la información, libre, generosa, de cualquier tipo, toda clase de basura... Noliace.

Lo que no podemos pretender es que toda la gente que recibe toda esa información no termine por ponerle alguna especie de filtro a esa andanada de cosas.

A veces recibe uno comentarios dolidos de los papás o los tíos "como tú no ves los videos que te mando". No, yo no los veo. Si me pongo a mirar todo lo que manda la gente, no trabajo, no leo, no veo televisión, no miro lo que a mí me interesa. Es perfectamente lógico que a uno no le interese lo mismo que a otro, uno escoge su basurita, y está muy bien.

Y como siempre, no para que lo hagan los demás, ni a modo de manual de convivencia, ni de urbanidad de Carreño, pero sí para que sepan el criterio con el que finalmente muchos terminamos haciendo las cosas, aquí están mis criterios de operación en lo que a compartir bobadas se refiere:

1. Solo comparto información general a través de Facebook y Twitter. Ahí no obligo a nadie a leer lo que comparto. La gente bien puede omitirme, silenciarme o dejarme de seguir si lo que comparto no les interesa. No hay daño.

2. No comparto información como Spam. No le doy reenviar a todos. Send to all. No utilizo las herramientas de envío masivo. Ni por Whatsapp, ni en el correo.

3. No etiqueto a 123 personas en mis publicaciones para darles mayor alcance. Etiqueto solamente a quienes sé que les interesa y a quienes es necesario.

4. No utilizo los grupos de Whatsapp para enviar información que le interesa a una sola persona de ese grupo. En general no comparto cosas en los grupos de whatsapp a menos que crea que pueden interesarles a todos o a que haga parte de la información que necesita el grupo, cuando se trata de cosas laborales.

5. No presiono a nadie para que vea, lea algo. Procuro entender que la gente tiene otros intereses, poco tiempo, están en otras cosas, y que lo que me gusta a mí puede que solo me guste a mí.

6. Procuro no agobiar con información, aunque seguramente me sale mal. Tengo una necesidad imperiosa por contar cosas, intento ser consciente de eso porque sé que no es precisamente una virtud.

7. Por último, procuro compartir solo información que me parece de verdad interesante. Una manera de ayudar a los demás a filtrar información es que de alguna manera se reconozca el criterio con el que lo hacemos. Ricardo es el de los chistes, Jorge el de la musiquita, Carolina la de las cosas de moda, etc. Entre todos contribuimos a hace un mundo de la información mejor.

8. En general dejo de interesarme por seguir a quienes comparten información falsa, sin verificar, de medios pecuecos, o que comparten chistes ofensivos que contribuyen a reforzar estereotipos. Y si pudiera recomendar algo en ese sentido, sería eso, no ayudar a difundir idioteces, no contribuir a darle pantalla al idiota, pero estar atentos a eso para señalarlos cuando haga falta.

Capítulo especial merece el trato que le doy a Whatsapp. Creo que de todas las redes sociales puede ser la más agobiante. En general, para no alargar más este post, creo que el criterio debería ser el del respeto por el tiempo y los recursos (esa herramienta consume datos y batería) de los demás. Esa no debería ser una red para compartir información, sino para encontrar a alguien, o pasarle información a alguien, cuando de verdad lo necesitamos. Ese es mi criterio.

sábado, 28 de enero de 2017

El miedo a la felicidad

Creo que lo que más me gusta de Alain de Botton es que escribe sobre el amor desde el amor. Hay una gran cantidad de compasión en lo que uno le oye o le lee. Se dedica a diseccionar cada uno de los pensamientos estúpidos que tenemos cuando estamos enamorados, o cuando nos estamos enamorando, o cuando simplemente somos y antes que sentirnos juzgados, nos sentimos reflejados, comprendidos, acompañados, menos solos. Mal de muchos, consuelo de tontos. Pero es que sí, todos somos igual de bobos.

El amor es una cosa frágil porque habita en nosotros que somos frágiles, acomplejados, inseguros, temerosos, culposos. A veces encontramos a alguien con quien nos sentimos reafirmados y a quien podemos reafirmar y nos enamoramos. Y brilla el lado bonito que tenemos todos, y se potencia, y alumbra y puede ser que seamos mejores de lo que normalmente somos.

El amor es una cosa maravillosa y con mucho que el amor propio hace su trabajo, nada como encontrar quien nos confirme que tenemos razón y que merecemos ser amados.

"Uno de los principales inconvenientes del amor, al menos durante un tiempo, es que corre el riesgo de hacernos felices". Alain de Botton.


viernes, 20 de enero de 2017

Alain de Botton sobre el poliamor

Alain de Botton es un filósofo sueco que me tiene embobada. Me gusta la claridad para expresar ideas y para desmitificar cosas. Solo para conservarlo y también para discutirlo, aquí está lo que dice sobre el poliamor. No sale precisamente bien librado. Claro que la monogamia tampoco, ahí empatamos.

"Vivimos una época de grandes expectativas alrededor del sexo. Hay dos cosas que queremos en esta área y van en direcciones completamente opuestas. Por un lado queremos sentirnos seguros, ser y sentirnos leales. Y por el otro lado queremos excitación. Entonces de manera cíclica, digamos cada 20 años alguien aparece con una solución: Amor Libre. En ese esquema tienes un poco de ambos, un poco de seguridad y un poco de excitación. Ahora estamos en la época del poliamor. Y entonces se oye decir que es lo mejor, que es la solución a este asunto, que los celos son solo una invención de los capitalistas. Bueno, señoras y señores, simplemente no es verdad. Estas dos cosas son completamente incompatibles. Realmente lo que sucede es que hay que tomar una decisión entre diferentes clases de sufrimiento. ¿Qué clase de sufrimiento quieren en sus vidas?

El sufrimiento de quienes escogen seguridad y lealtad es que muchas veces extrañarán lo que sucede en los bares, los fines de semana y se sentirán aburridos.

O el sufrimiento de quienes escogen excitación, y es que la vida es un caos, hay muchas recriminaciones, celos y confusión.

Tienen que tomar una decisión".

Yo también creo que ninguna de las dos opciones es mejor que la otra y además proponía, seguramente con arrogancia, que le trabajáramos al a comunicación para que no nos sintiéramos tan agobiados por los celos y por la confusión y el caos. Pero de pronto estoy pidiéndole mucho al ser humano y probablemente Alain tenga razón. Sobre todo viendo que la vida que uno ha escogido tiene, ciertamente, mucho de eso que él menciona.