miércoles, 2 de julio de 2014

Diligencias

El primero que me atendió fue el guarda de seguridad que me indicó que tenía que pasar a una ventana (la número cinco) en la que me darían el dato que necesitaría para hacer el resto de la averiguación que fui a hacer a esa oficina del Estado. No me choca esa actitud de dueños del negocio que tienen los guardas de seguridad, a veces parece que son los únicos que saben bien cómo funcionan las cosas en medio de tanta burocracia.

Esa ventana a la que me dirigí en primer lugar es una "oficina" que le acomodaron a una esquina que estaba hecha para ser esquina y que convirtieron en dependencia a las malas. Tiene una entrada incómoda y está instalada contra una ventana de una oficina interna. Es decir, de ergonomía, ambiente propicio para el trabajo y salud ocupacional, nada.

La señora que me atendió ahí me preguntó la cédula y buscó mis datos en un computador. Se enredó porque a nombre mío le salían tres resultados y yo solo estaba preguntando por uno de ellos. Así que para desenredarla le dije que necesitaba los tres. Que me hiciera el favor de pasarme los tres datos.

Imprimió cinco hojas y media. Y media. Cortada por la mitad. La impresora está mal configurada e imprime texto encima de la línea divisoria que hay entre hoja y hoja. Un desperdicio de papel increíble para tres datos que necesitaba.  Por esta parte del trámite me cobró $3.600. Por buscar tres datos en un computador y pasármelos impresos en cinco hojas y media.

Antes de irme de esa ventana la señora me dijo que tenía que escribir los datos que me había dado en una hojita pequeña para poder hacer la averiguación completa en las ventanas siguientes. Es decir, las cinco hojas y media que me pasó no servían para pasarlas a la persona que con esos dato ubicaría mis papeles. No. Yo tenía que escribir los datos nuevamente en una hojita pequeña. Es decir, ellos saben que esa cantidad de papel para tres datos es innecesaria, estorbosa, poco eficiente, hay que buscar mucho y quieren que uno reescriba los datos impresos en una hojita pequeña. Para lo cual, como no, tienen dispuesto un mesón de banco con hojitas pequeñas y lapiceros amarrados por cadenas para que nadie vaya a robar la propiedad del Estado.

Hice lo que me ordenaron porque soy obediente.
De ahí en adelante todo fue más fácil, eso sí.

Fui a la ventana número uno donde me informaron que debía cancelar $40.000 por toda la averiguación. El señor se ofuscó porque en el papelito en el que anoté los datos no puse también mi cédula y sin ese dató cómo podía saber él a nombre de quién iba a hacer la factura. El señor en la ventana número uno es el que hace las facturas. La ventana número uno sí es una ventana hecha para ser ventana en propiedad. Tiene su entrada muy cómoda y está ubicada en un espacio diseñado para que una persona preste un servicio, que en este caso es la generación de una factura.

Pasé a la ventana número dos. En esa pagué los $40.000 y me entregaron la factura generada en la ventana número uno. El señor de la ventana número dos tiene también un sello que me puso en la factura para que constara que ya había pasado ahí.

No había nadie en la ventana número tres aunque existe esa ventana y hay un puesto de trabajo listo para ser usado. No sé por qué no ponen ahí a la señora de la ventana número cinco que está tan incómoda en esa esquina fría y apartada.

En la ventana número cuatro la señora me exigió la factura con el sello y revisó los papeles que salieron de la fotocopiadora y que eran, en definitiva, los que yo había ido a buscar. No sé qué fue lo que revisó, pero los miró uno por uno, muy rápido y con esa información tomó la decisión de cómo iba a poner el gancho de la grapadora. Le puso un sello a cada hoja, otro a la factura y me los entregó. Ella también tenía un sello y sabía cómo usarlo.

Yo fui la única persona que atendieron otras cuatro durante los más o menos 10 minutos que duró todo el trámite.

Me gusta todo ese empleo que genera el Estado. Qué ineficiencia, eso sí.

martes, 1 de julio de 2014

Dos adultos

(Hablar sobre mi papá sería más cómodo si este blog no lo visitara nadie, pero igual hay cosas que uno tiene que hacer así lo estén mirando dos o tres personas).

Hoy le expliqué a mi papá por qué desde hace mucho tiempo no le cuento casi nada.

La verdad es que recuerdo muy bien el día que tomé la decisión de no volver a hablar sobre mis cosas con mi papá y mi mamá. No recuerdo el motivo, pero me comprometí a fondo con eso. Mi papá se dio cuenta muy rápido porque éramos muy amigos y me lo reclamó varias veces. Nunca pude explicarle bien por qué no quería hablar de mis cosas.

Pero mi papá y yo logramos tener hoy esa conversación.

Y le dije y quiero que él pueda leerlo siempre que se le olvide:

Entiendo que se preocupe por mí, es perfectamente entendible que un padre se preocupe por lo que le pasa a un hijo, eso no lo voy a discutir, ni tampoco quisiera que cualquier noticia mía le valiera huevo. Sin embargo hay dos cosas que me molestan cuando trato de contarle algo:

1. Aunque sus palabras, las que salen de su boca con la conciencia clara de quererme decir algo son de apoyo a la persona que soy, muchos de sus actos, o esas otras palabras que se dicen sin querer, como reflejo durante una conversación, son de desconfianza con lo que hago o lo que quiero hacer. Sé que he dado muchos motivos en el pasado, entiendo que haya temores frente a mi manera de hacer las cosas, porque además he resultado "rara", difícil de entender, distinta. Pero yo no puedo cargar con ese tipo de desconfianza porque pesa espantosamente. Así que suelto la carga a un lado y sigo con mi vida sin esa presión.

2. No me gusta que me den consejos. Como a él. En eso somos idénticos. Soberbios. No nos gusta que nos opinen sobre nada de lo que hacemos. Así que cuando me dice que con relación a tal cosa yo debería hacer tal otra he contestado muchas veces con palabras muy fuertes que son las mismas suyas para exigir respeto por su "yo con yo". Y como los dos somos adultos, pues ahí está, ya no podemos irrespetar el derecho que tenemos de querer ser islas.

Además dije que aunque tiene todo el derecho de opinar lo que quiera sobre mí o sobre lo que hago, también es cierto que yo tengo todo el derecho de no prestar ni cinco de atención a esas opiniones. Y que aunque tiene todo el derecho de decirme lo que cree que debo hacer, yo tengo todo el derecho de no hacer nada de lo que me dice. Y que eso es lo que generalmente hago, por una cosa muy sencilla: yo no soy él.

En estos días pensaba que mi papá me crió para independiente, crítica, auténtica y libre. Creo, y no quiero que suene a sarcasmo, que estas son las consecuencias. No me gustan del todo, creo que han terminado por aislarme de mucha gente, de él, entre otros.

Luego de todo eso le conté la historia que desató esta conversación y mi papá hizo un esfuerzo bello por oírme sin juzgarme y sin darme consejos. Aunque no lo logró del todo lo amo por eso.

lunes, 30 de junio de 2014

Casados

En estos días le preguntaba a un amigo por qué los tipos casados echan los perros tan descaradamente —de acuerdo con mi experiencia personal, así es— y le ofrecía una hipótesis: los tipos casados coquetean descaradamente porque tienen a mano la excusa de salida. "Yo te advertí que soy casado, amo a mi esposa y jamás me voy a separar; no puedo darte nada más, solo puedo ofrecerte esto, sé que no es mucho, sé que no puedo darte todo lo que te mereces, quisiera darte más, pero realmente no puedo, yo te lo dije desde que empezamos a hablar". Así que la responsabilidad es toda de uno. Uno verá si, después de semejantes advertencias, se mete en algo como eso a sabiendas de que terminará lastimado. No lo recomiendo. Se ve muy poco que los tipos casados terminen por separarse. Y en caso de que lo hagan se ve muy poco que los tipos casados comiencen una relación seria con la persona que estuvo ahí en medio del triángulo amoroso. Y en caso de que terminen casados con la tercera en discordia, la nueva pareja suele cargar con la culpa de haber hecho infeliz a otra persona en el proceso. Sobreviven pocos parejas como estas al final de todo el alboroto, debe ser amor verdadero. Digo todo esto desde mi alcance del mundo, puede ser que esté completamente equivocada.

He visto varias amigas que se meten en cosas como esas bien advertidas de que eso —amantes— es todo lo que serán y que después reclaman y exigen. A mí, que no me gusta quebrar los compromisos que hago, me ha parecido que eso es desleal, aunque no sea una relación basada precisamente en el valor de la lealtad. Cuando mis amigas se han puesto a decir  cosas como "él tiene que tomar una decisión ahora que me ha dicho que me ama" puede que tengan razón, pero a mí me parece que iban con esta idea desde el principio y que lo que querían era sonsacarse al tipo y no tanto "amarlo así como es, con todo y su matrimonio" que es lo que inicialmente proclamaban. Aunque tengan razones válidas para reclamar responsabilidades sobre las cosas que pasan una vez el tipo asume una relación por fuera de su matrimonio.

Qué tema tan enredado y difícil.

El caso es que mi amigo me dijo algo para que deje de ser injusta con los tipos casados: "los hombres podemos ser unos hijueputas, pero unos hijueputas no es lo único que somos". Sí, tal vez deberían empezar por no coquetear nada, nada. Ni una sonrisa, no abrir la puerta de la simpatía porque por ahí se mete el deseo, no sé. Pero también es cierto que muchas veces son tipos que no calculan hasta dónde puede escalar una sonrisa y que no tenían intención de que escalara a ninguna parte. Luego las consecuencias de un coqueteo inocente parecen tener vida propia. El deseo, la novedad, el enamoramiento, la curiosidad son motores muy poderosos.

Espero no sonar moralizante porque soy del modo de pensar de que arrieros somos y en el camino nos encontramos. Este tipo de cosas no hacen a la gente buena o mala. Son cosas que pasan y ya. Esa es la vida, un montón de riesgos y no es posible escapar de todos ellos. Evitar el dolor de la gente que amamos es un buen propósito, pero a veces no será posible que lo hagamos si es que, además, queremos hacer felices a la primera persona que nos encargan: nosotros mismos. ¿Muy egoísta? Sí. Alguien dijo que soy "buena hija de mi época" y este que nos tocó parece que es un mundo muy individualista.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Espectáculos

Si me ponen una orquesta sinfónica voy a mirar al instrumentista que más se mueva.
Si me ponen una orquesta sinfónica con un instrumento solista, voy a mirar al solista.
Si me ponen una orquesta sinfónica con un instrumento solista y un coro, voy a mirar al coro. (Esto tal vez sea deformación profesional).
Si me ponen una orquesta sinfónica, con un coro y un cantante solista, voy a mirar al cantante.
Si me ponen una orquesta sinfónica, con un instrumento solista, con un coro, con un cantante principal —una soprano, un tenor o lo que sea— y me ponen una persona bailando, voy a mirar al que baila, aunque lo haga mal y aunque no esté adelante de todo eso, por el mismo motivo por el que si me ponen una orquesta sinfónica voy a mirar al que más se mueva.

Me encanta ver bailar.

El que baila bien lo pueden poner solo en el escenario y para mí es un montón de entretención.

lunes, 19 de mayo de 2014

Cómo querer de vez en cuando

Arránquese el corazón. Deposítelo en un plato a un lado. No lo vuelva a determinar y déjelo irse arrugando. Examine semanalmente que sigue latiendo constante. Sin mucho cariño ni atención revise que todavía salte.

No se quite la sonrisa. No pierda la sonrisa. La necesitará para enamorarse. Entienda que para estirar unos músculos faciales solo se necesita la voluntad de que permanezcan de esa manera, rígidos hacia los lados. Ríase con la cara completa, no olvide los ojos y las cejas. Si no lo logra imite a alguien. Si después de eso sigue sin saber cómo ejecutar una sonrisa honesta hágalo con el hígado, nadie notará la diferencia.

Y quiera. Desee. Déjese llevar por esa emoción que se llama enamoramiento. Pero no ame. Llénese de emociones que no encuentren dónde situarse. Sáquelas también desde cualquier parte. El corazón no es el único lugar de su cuerpo con la capacidad para sentir y eso Usted lo sabe.

Cuando haga falta tome el corazón del plato. Póngalo en su lugar y déjelo que haga su parte. Por fortuna el corazón actúa rápido. No lo deje más de media hora. Retírelo cuanto antes.

De manera simultánea apiádese de Usted mismo y evádase. Déjese ir. Esto no dura lo suficiente como para que el desamor lo mate. Antes llegará un buen cáncer.

Y no llore, es receta para corazones débiles que no frágiles.

Si ya entendió la mecánica lea nuevamente. Cámbielo todo, haga exactamente lo contrario. Deje de cuidarse con cinismo el corazón y ame.

Publicado originalmente aquí para +Oscar Rodriguez 

Cualquiera

Lo maluco de hablar de política es que hay que sustentar las posiciones. Hablar en público, digo. Y no tengo como sustentar nada de lo que voy a decir porque me falta leer teóricos.

El caso es que no me gusta la democracia porque me parece mala idea que CUALQUIERA pueda ser presidente, o senador, o concejal, o diputado, o miembro de una junta de acción comunal, o administrador de un edificio. Eso no debería ser para cualquiera, debería ser para personas capacitadas para hacerlo, para un buen candidato entre los ciudadanos que quieran hacerlo. O algo así, la idea es esa.

La democracia tiene eso de bonito: cualquiera, ay, qué lindo. Pero bonito no es bueno. Es una bonitura como la de las buenas intenciones que tapizan el camino hacia el infierno. Que es exactamente donde nos encontramos. Usted está aquí.

Sí, muy bonito y como para idealistas ingenuos y cándidos, que CUALQUIERA pueda ser senador. Y por eso tuvimos a ese señor lustrabotas en el Concejo de Bogotá. Y qué pena pues yo lo poco respetuosa de nuestras instituciones, y qué pena también discriminar al señor lustrabotas, pero, ¿qué puede hacer un lustrabotas de este país, educado en este país, educado de una manera en la que solo alcanzó a ser lustrabotas porque las oportunidades que le dio este país no le dieron para más, por este país? Nada, no puede hacer nada, lo único que puede hacer es sentarse en su curul el tiempo reglamentario para ganarse una pensión vitalicia que pagamos todos, ¿por hacer qué? Nada. Y creo que ni nada hizo, porque no fue.

Algo de justicia tiene eso, también. Claro. Este país que le niega una oportunidad de buena educación a este señor, es el mismo que colectivamente vota por él por un sentimiento de entre compasión y "nos hace mucha gracia" —decisión marcada también por la ignorancia— y equilibra en algo la distribución de la riqueza.

Pero, ¿puede devolver el señor lustrabotas algo de lo que el país le da? No, no puede. No puede y no hay cómo exigírselo. Sería injusto en todo caso.

No me gusta la democracia. Cualquiera puede ser presidente. Y eso tendremos, cualquiera. Y da lo mismo, cualquiera.

Gente que vive en China

¿Por qué están entrando a mi blog?
Abajo pueden dejar sus respuestas.
Abrazos, saludes desde Colombia.

PD: ¿Algún tema que les gustaría que tratara?