miércoles, 22 de junio de 2016

Consejos de redacción vs Lluvias de ideas

Como los lectores de este blog sabrán, y si no, pues de una vez, soy una administradora de negocios que fue arrastrada por la vida, sin que yo opusiera mucha resistencia, hacia el periodismo. En este ejercicio me he encontrado con el escenario de los consejos de redacción que son espacios de discusión de las notas periodísticas que se van a producir para un medio de comunicación. He encontrado que los consejos de redacción me recuerdan mucho a las lluvias de ideas en las que participé mientras ejercí la carrera que estudié.

Aquí va un paralelo entre ambos ejercicios en el que, advierto de una vez, idealizo a los consejos de redacción y vitupero a las lluvias de ideas, pero todo con ánimo constructivo.

1. Sobre las ideas:

Mientras que en una lluvia de ideas se espera que usted, que lleva toda la semana trabajando en una cuadrícula de excel, de repente tenga un espacio de distensión para ser hipercreativo, en el consejo de redacción se espera que lleve para su discusión una, dos o tres ideas. Usted las lleva listas, no las produce ahí en cinco minutos. A veces las lluvias de ideas se realizan por fuera de la empresa: "nos vamos para una finca, nos vamos para el campo, para que cambiemos de ambiente y nos dispongamos mejor para la creatividad". En mis años como administradora recuerdo un ejercicio así del que jamás recibimos las conclusiones o el material para poner en práctica lo que habíamos hecho en dos días de trabajo en medio de un ambiente con pajaritos.

2. Sobre la propiedad de esas ideas:

En el consejo de redacción sus ideas son suyas, usted las sustenta y las defiende. Con la vida si es necesario. Los ataques a sus ideas son duros, tenaces, vienen de todas partes, no solo de su editor, también sus compañeros critican su idea, no es escenario para espíritus débiles, pero ese ejercicio logra dos cosas importantes: descubrir las malas ideas rápidamente y mejorar las buenas. Eso se logra por la relación horizontal que hay entre periodistas. Por mucho que se intente, en la administración hay una relación de verticalidad difícil de superar. ¿A su jefe no le gustó su idea? Chao idea. ¿Refutar al jefe?  Claro, sí, los más atrevidos. ¿Refutar a un compañero y quedar como un sapo? por lo menos no como se logra en un consejo de redacción. Es tímida la réplica de un asistente de dirección frente al Presidente de la Junta de la empresa, comparada con la reacción de la encargada de orden público de un periódico vendiéndole una idea al editor general del medio. Ella es quien maneja el tema diariamente, ella tiene el contexto completo, ella es quien habla con la fuente, el editor no tiene idea de lo que habla, no conoce la región, no ha visto a la gente denunciar el tema diez veces, ella le explica, le dice Nando, parce, o güevón. El editor no se ofende ni ve minada su autoridad, insiste, esa nota no puede salir así, no es el enfoque que necesita. ¿Y si cambiamos el enfoque? ¿Y si le damos la vuelta?

3. Sobre la pretendida libertad:

A las lluvias de ideas suele convocarse a todo el mundo, a todos los que participan en la empresa, a quienes jamás son tenidos en cuenta: "llamemos a Wilmer, el portero, él tiene relación directa con la gente que entra a este negocio, seguro tiene muy buenas ideas para aportar". Gente a la que normalmente le piden que siga un manual de pronto le dicen que puede ser libre, totalmente libre. Sé libre. Di todo lo que se te ocurra, hoy te vamos a tutear, think outside of the box, no hay ideas malas, tranquilo, trata de unir estos nueve puntos con solo cuatro líneas, tú puedes. Luego sus ideas no son tenidas en cuenta para nada, nadie les cuenta qué pasó con eso. Tan bueno que pasamos ese día que jugamos con cartelitos de colores.

Ese es un ejercicio que requiere entrenamiento y un consejo de redacción es eso, un entrenamiento en la creación de ideas y productos periodísticos. Se hace regularmente, diariamente en muchos casos. La gente se entrena en encontrar ideas y en encontrar argumentos para sustentarlas, y una vez la idea triunfa esa misma persona la desarrolla y la ve convertirse en realidad.

4. Sobre el alcance y las restricciones:

En el consejo de redacción se tienen en cuenta todas las limitaciones de tiempo, recursos, fuentes, información y posibilidades reales para producir una pieza de información. En las lluvias de ideas no. Se pierde mucho tiempo echando globos que no tienen ninguna posibilidad en el mundo real. En lugar de decir "qué se les ocurre que podemos hacer para aumentar las ventas con un presupuesto de un millón de pesos", proponen "cómo nos convertimos en una empresa líder en la venta de zapatos en toda Latinoamérica" o "este es un ejercicio de planeación estratégica". Limitar el alcance de las ideas es productivo, aterriza las propuestas, aunque parezca una idea contraria a la libertad que vende el concepto "lluvia".

En conclusión, el consejo de redacción logra entrenar la libertad que se necesita para ser creativo, propositivo y argumentativo y entiende que demasiada libertad no es buena, ni cierta. Las lluvias de ideas en cambio, en las que participé, por lo menos, no pasaron de ser anécdotas para desperdiciar la mañana, la tarde o el día entero y comer refrigerio de cuenta de la empresa. No fue del todo tiempo perdido cuando el refrigerio fue bueno.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Sobre extrañar

Hay preguntas que no me quedan muy claras, no porque no tenga una respuesta, sino porque no sé a qué obedecen o en qué contexto se formulan o si es que las personas saben algo que yo no sé y estoy contestando un examen para el que no estudié.

Como la pregunta, "¿qué es lo que extrañas?".

¿A qué va esa pregunta cuando se hace en el contexto de una ruptura de cualquier tipo?, ¿vale la pena buscar exactamente qué es lo que uno extraña?, ¿para qué?

Uno extraña. Todo. Lo que sea, por poco o mucho. Uno ya tenía unos hábitos, unas rutinas, unas costumbres. Pero además uno extraña las cosas del otro, los chistes, las anotaciones, los gestos y el cariño. Uno extraña aunque no haya mucho para extrañar. Y extrañar lo conduce a buscar esas cosas en otro lugar, en otras personas y a no encontrarlas, tal vez porque no son lo suficientemente parecidas, o porque aparecen como desajustadas. Y entonces uno extraña un poquito más.

¿Y para qué responderse esa pregunta?, ¿acaso eso ayuda a no extrañar?, no creo. La conclusión es la misma: el tiempo acaba por diluir los recuerdos y uno comienza a extrañar con sordina y luego ya no extraña más. Y solo recuerda, sin que duela mucho. Y a esa sentencia se puede llegar sin preguntarse nada sobre los recuerdos o preguntándoselo todo, que solamente ayuda a extrañar más.

Pero hacen la pregunta, así que uno intenta contestar.

Extraño, sobre todo, la influencia positiva que tienes sobre mí y me asusta, más que nada, perderme un poco en el camino por no tener acceso a la perspectiva con la que tú ves la vida.

Eso es lo que más extraño.

viernes, 22 de abril de 2016

La Orquesta Sinfónica de Caldas

No sabía que Andrés Felipe Betancourth López, el Vicerrector de Proyección, es buen orador. Sin un texto de apoyo hizo el discurso —breve, como me gustan— del III Concierto de Temporada de la Orquesta Sinfónica de Caldas. 

Contó que la Orquesta estuvo desde octubre hasta marzo, otra vez, a la deriva, sin casa, sin dueños. Pero eso sí, con muchos dolientes que vez tras vez tienen que volver a explicar por qué es importante su existencia. La Orquesta es un proyecto complejo, difícil de entender para los que no son músicos, que son los que finalmente deciden sobre su financiación y sobre su administración. Explicarlo implica entrar en conversaciones como "hay que tener una tuba y un arpa así aparezcan en poquitos programas" y "hoy solo toca el 30 % de la Orquesta porque el programa es del período barroco, pero igual hay que pagarles todo el año a todos los músicos porque ellos están trabajando" y cosas como esas que para los administradores y economistas significan ineficiencias, pérdidas de tiempo y bajos niveles de productividad. Cosas como esas que al arte le importan un pito. 

Por fortuna Andrés Felipe y Felipe César (el rector de la U de C) entienden de arte y la Orquesta ahora está otra vez en la Universidad de Caldas que es donde lógicamente debe estar. 

Debo confesar que yo soy fan hasta el tuétano. Que conozco la Orquesta de cerquita desde 1999. Que conozco a los músicos que la integran (cada vez a menos, pero todavía a muchos). Que he vivido con ellos varios de los momentos más difíciles, como el de 2009 donde literalmente se iba a acabar.

En esa época la Orquesta costaba $1'300 millones de pesos al año para el sostenimiento de 75 músicos, incluyendo al director y a una planta administrativa pequeña, con una programación de 10 meses. Una chichigua para el presupuesto de esta ciudad, como lo dijo alguien en un texto quejándose de que se fuera a acabar. 

Pero debo decir también que desde que empecé a trabajar en radio no conozco su día a día. No sé cuáles son los problemas más urgentes. No sé cuánto cuesta la nómina actual. No sé quiénes se siguen oponiendo a su existencia. Le sigo la pista un poquito de lejos, pero permanezco atenta y voy a muchos de sus conciertos. Es uno de los patrimonios manizaleños que más orgullo me hacen sentir. Me parece importante que la ciudad tenga una Orquesta Sinfónica y no creo que la gente sea muy consciente de lo afortunada que es de poder ver una semana tras semana. 

Gracias a ella aquí hemos podido ver ópera (y yo he podido cantar ópera y obras sinfónico corales), tener compositores, directores e intérpretes de primer nivel, los conjuntos de cámara abundan, hemos visto ballet, han acompañado obras del Festival Internacional de Teatro, etc.  Para dar solo un dato, si aquí no hubiera habido Orquesta Sinfónica quién sabe si el Director Asistente de la Orquesta Filarmónica de Bogotá sería el caldense Leonardo Marulanda. Uno de los músicos más importantes que tiene esta ciudad y que es el resultado de que haya programa de Bandas de Caldas y también Orquesta Sinfónica de Caldas, porque esas cosas funcionan sistémicamente y cada una contribuye a la existencia de las otras. Los chicos que comienzan en el programa de bandas y que tienen buen nivel buscan agrupaciones más exigentes. Estudian como locos para obtener una de las plazas de la Sinfónica. Por cada uno de los músicos que la integran hay por lo menos dos o tres que no alcanzaron un lugar, y eso habla de calidad. Esos músicos y ese ambiente conforman un ecosistema que se alimenta de la mística que cada uno de ellos le inyecta a tratar de ser un buen instrumentista. Estudian como locos, hacen campamentos por secciones (la percusión, las maderas, los bronces, las cuerdas). Y no sé cómo, y pueden acusarme de romántica, pero todo eso contribuye y construye, con los años, con el tiempo, desde ellos hasta el público, un ambiente particular que es el que tantas veces le reconocemos a esta ciudad. No será el único factor, pero sin duda es uno de ellos. 

La Orquesta Sinfónica tiene, desde sus orígenes con Oliva Manchola y Nelson Monroy, como 30 años de existencia. 30 años de Orquesta Sinfónica es un montón, es de aplaudir a cada uno de los que han luchado porque exista.

Hoy, viendo el programa que la Orquesta presentó pensaba en los que oí tantas veces decir que hubiera debido acabarse, que era desafinada, que tenía problemas administrativos, que era costosa (los que opinan que la orquesta es costosa son unos tacaños que no sirven para la vida con lo que tiene de bella), que nadie iba a verla, que la gente no sabía de su existencia, que para qué ver obras mal interpretadas, que mejor que eso era poner un CD... y otra cantidad de sandeces. 

Hoy la Orquesta presentó el Concierto para Trompeta en Re Mayor de Henri Tomasi interpretado por Oscar Fernando Trujillo un músico que es un James de la trompeta, que si no juega en el Madrid es porque quiere vivir en esta ciudad y no en otra. Y luego hicieron la Sinfonía Nª 1 en Sol Menor de Tschaikowsky dirigidos por el muy joven Maestro caleño Miguel Santiago López que es el director asistente y que dirige hermoso. Y la gente se paró a aplaudir porque verdaderamente fue un gran programa interpretado maravillosamente. 

Son procesos, se toman su tiempo, son inversiones que requieren paciencia y aguante y explicar y volver a explicar por qué es importante que todos participemos, que el patrimonio es de la ciudad, suyo, mío; que lo que eso nos deja nos favorece a todos y que por eso es poco pagar por una boleta. 

Es mi única crítica. La única que quiero hacer hoy en todo caso. El ejercicio de gratuidad ya se ha hecho durante muchos años. Durante todos los años. ¡30 años! Los manizaleños tenemos que dejar de ser tan michicatos de asistir masivamente cuando el concierto es gratis y no ir de la misma manera si nos cobran dos mil o diez mil pesos. Algo hay que hacer en este sentido. Cobrar, digo yo. Y que la gente se acostumbre a que no todo es gratis, porque además no lo es. Cada uno de los músicos de la Orquesta es un empleado que depende de ese trabajo para pagar sus facturas y sus deudas. Eso también hace parte, como las historias que cuenta el Maestro Gorka Sierra antes de comenzar cada programa, de la formación del público.

Bueno, y otra cosa: fantástico que sepamos en qué momento se aplaude, pero pésimo el "shhhh" cuando alguien lo intenta en medio del tercer y cuarto movimiento. Que aplaudan si quieren aplaudir, peor ese "shhhh" intolerante y fanático. Y eso que lo digo yo, que, como queda demostrado, hago parte de los Hooligans de esta Orquesta. 

jueves, 7 de abril de 2016

Pasado

Me molesta del pasado su condición de para siempre. Lo poco que le interesa mi voluntad del presente. La imposibilidad de retirar de ahí para que no me pese el tiempo. Lo definitivo, como la muerte, que tiene el pasado. Su capacidad para definirme. Porque para siempre ahí está todo eso que hice y que me sucedió, bueno y malo. Me gustaría poder decir "esto no me pesa". "Esto no hace parte de mi vida". Aunque me construya, aunque haga parte de mí y yo me guste. 

martes, 5 de abril de 2016

Idiotas

El papá de un amigo  que lee este blog, me enteré ese día llegó hasta mi oficina, se sentó frente a mí y después de saludar amablemente me soltó la pregunta:

¿Entonces Usted no se lo quiso dar a su amiguito, Ana María? Cuente a ver por qué.

Había leído en mi blog una historia en donde eso era apenas una anécdota porque la entrada se trataba de otra cosa. Pero no importa, hubiera podido ser sobre eso.

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Un compañero de trabajo que tomaba conmigo un curso en el que nos pidieron dibujar a alguien del salón para, a partir de esos dibujos, adivinar a quién habían dibujado los demás, me dibujó a mí empelota con tremendo par de tetas. Luego exhibió el dibujo muerto de la risa.

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Un conocido de Twitter, incluso diría que un amigo de Twitter, me pidió hace poco una foto empelota. Pedir fotos empelota no me parece ofensivo, ni una falta de respeto, ni nada. Si no fuera porque no había mediado de mi parte más que amabilidad y cortesía. Creo que nada indicaba que yo hubiera querido que él me viera empelota.

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Me parece llamativo que si digo que me he tomado y que he enviado fotos sin ropa, o si hablo de sexo, o si soy amigable y simpática, algunos hombres creen o interpretan licencias que estoy dando para que crucen líneas que nadie los ha invitado a cruzar.

Tengo otros amigos a quienes cada que me pasa algo así les cuento esas cosas para saber si estoy loca y si fue que me llené de escrúpulos feministas. Y eso lo hago porque de tanto que pasan estas cosas uno ya no sabe, o duda, sobre qué es lo normal y qué es lo que está bien o mal.

Hace poco en Twitter un completo desconocido que ni siquiera me sigue me escribió por DM para pedir mi autorización para hacerse la paja en mi "honor".

Ese día compartí una imagen de ese cruce de mensajes en mi cuenta de Twitter. Varios amigos me escribieron en el TL y por DM para solidarizarse y para decir que eso no les parecía bien hecho. En una de esas conversaciones, un amigo, uno de los más francos para hablar de sexo, me dijo lo siguiente:

"No creo que sea una buena persona. Utiliza la masturbación para acercarse, él quería que usted supiera. Él cree que es algo que debe compartir. Cuando a mí me provoca masturbarme yo creo que es algo mío, no cargo a la otra con mis ganas".

Cargar al otro con las ganas propias de esa manera es hacerlo parte de un tipo de encuentro sexual. Es como esas llamadas que se hacían antes de que se inventaran el identificador de llamadas en las que solo se oía a alguien gimiendo y respirando y que uno colgaba tan rápido como podía. El hecho simple de que se dé a través de un computador, o de una conversación, o de un teléfono no cambia el hecho de que me están involucrando en un deseo que no comparto.

De alguna manera siento que los tres ejemplos que expongo hacen lo mismo. Cruzan esa línea en la que el deseo de esas personas se vuelve asunto mío sin que yo lo haya permitido.

Y me cuestiono de dónde sale la torpeza de preguntarme detalles sexuales sobre mi vida, dibujarme empelota, pedirme fotos desnuda o solicitar mi permiso para masturbarse en mi nombre si no es de donde lo señalan tantas feministas: del derecho que creen que tienen los hombres sobre la sexualidad femenina. Del permiso autoconcedido por siglos y siglos de abusos de no tener que considerar lo que uno siente o piensa o quiere.

Pasan esas cosas, suman, una encima de otra y me siento paranoide y desesperanzada sobre los señores. Por fortuna tengo amigos como los que tengo, que me dejan saber que no todos son irremediablemente idiotas.

martes, 22 de marzo de 2016

Ana Cristina

Mi prima Ana Cristina se paró encima de la tarima de los músicos cuando estos se estaban acomodando para empezar a tocar y dijo algo sobre ser cursi. "Germán y yo somos muy cursis y yo quiero, contando con la alcahuetería de la banda, dedicarle hoy a Germán No te necesito". Pensé que iba a cantar. Se sentó con su vestido de novia en la batería y tocó una canción que se llama No te necesito.

Durante el matrimonio una hija de Germán habló hermoso sobre Ana y contó de la manera en que su papá ve a las mujeres y dijo: "sé que mi papá tratará a Ana como ella se merece, sé que será un buen acompañante para ella. Y digo acompañante y no otra cosa porque Ana es una mujer de esas completas que no necesita a nadie". Parafraseo. Pero esa era la idea.

Martín —una especie de Jodoroski, sin la pose, que ofició la ceremonia— habló de las características del amor completo. Dijo que los amores completos tienen estas características: se proclaman, no se ocultan; son compasivos, no lastimeros ni despiadados; son inclusivos, con lo bueno y con lo malo; son para la alegría, que me voy a permitir interpretar como tranquilidad y no para la pelotera, para el agarrón diario y tienen presencia, están, puede contarse con ellos.

Eso me gustó, me pareció sensato y bonito. Pero me gusta más que mi prima tiene todo eso aunque no tuviera a Germán. Y lo quiere, pero no lo necesita.

Mi prima, tocando en su matrimonio No te necesito:
Fragmento
Completo

jueves, 17 de marzo de 2016

Consciencia

Cuando quiero dejar de sentir lástima por los animales y todo lo que les hacemos me convenzo de que no tienen consciencia. Para ellos la vida, lo que les sucede y el destino, son lo mismo. Si se mueren, si los patean, si los cazan, esa es la vida, lo que les sucede y el destino. Las tres cosas. No pueden plantearse una escapatoria o gritar "¡esto es injusto!" porque no tienen consciencia. Si crecen encerrados en un zoológico o en un circo es nuestra consciencia la que puede salvarlos de permanecer allí; pero la de ellos, su consciencia, simplemente les indica que esa es su realidad y como eso no lo pueden someter a discusiones o a reflexiones sufren menos. No es que no sufran, pero sufren menos que si supieran que mucho de lo que les hacemos es injusto y podría evitarse. En fin, cuando quiero darme un poquito de paz pienso eso, pienso que ellos sufren menos porque no saben que deberían sufrir más si supieran que en nuestras manos está que sufran menos. ¿Se entiende? No quiero que me crucifiquen los animalistas.

Pero la naturaleza humana es muy jodida. Es capaz de hacer mal a consciencia. Es una de las cosas que nos separa del resto de las especies. En los otros animales opera más la arbitrariedad o el instinto y hacen mal. Pero ninguna persona indignada podría decir "¡es que son unos inconscientes!" sin que alguien le haga caer en cuenta de que exactamente por eso no son culpables de ningún delito o etc.

Entrar en consciencia, de todas maneras, para los seres humanos es un proceso demorado. No es que nazcamos y con nacer estemos llenos de consciencia. Durante un buen tiempo somos como animales: la vida, lo que nos sucede y el destino, son la misma cosa.

Un día uno cae en cuenta de algo y se va despertando la consciencia. Tengo dos recuerdos claros sobre eso. Dos momentos que sucedieron como un "oh, esto no lo había notado antes y ha estado aquí todo el tiempo" con cosas que, creo, me moldearon. Hacen parte del equipaje con el que me doy al mundo. La primera va a sonar vanidosa, pero quéliace, sucedió así como quiero contarla.

Me estaba mirando en el espejo. No sé por qué. No sé cuánto tiempo llevaba mirándome en el espejo. Tenía cinco o seis años. Es tan claro ese recuerdo que sé muy bien la cara que estaba mirando y sé que estaba chiquita, como en las fotos de esa época, porque no solo estaba frente al espejo sino que me estaba observando con detalle. Recuerdo que estaba mirando cada una de las partes de mi cara y cuando iba por la curva de la nariz me pareció bonita. Me parecí bonita. Y caí en cuenta, antes no lo sabía, de que me gustaba. Yo me gustaba. Creo que es uno de los sentimientos más poderosos que he tenido en mi vida. Me seguí mirando otro rato, y desde ese momento -croe que para siempre- con la consciencia de que me gustaba mi cara, de que mi nariz era bonita. Yo me aprobé. Qué poder eso.

La otra es sobre los demás. La primera vez que caí en cuenta de que los adultos eran menos buenas personas de lo que yo pensaba, según el juicio que hice a los, digamos, 7 años. Por primera vez entendí el concepto de hipocresía. Me enteré de que en mi familia no todos se llevaban bien. Supe que detrás de toda esa cordialidad se escondían opiniones y juicios no muy positivos sobre personas que yo quería mucho. Estábamos juntos y alguien hizo un comentario bajito. Una crítica. Recuerdo que me dio dificultad procesarlo, me demoré muchos días pensando en eso, hasta creo que años.

Me demoré mucho tiempo para ser consciente de mi propia hipocresía. Me demoré aún mucho más para reconciliar a los demás por hipócritas.

Todavía me cuesta reconciliar que el ser humano pueda ser malo a consciencia. Para no hablar de mis propias maldades a sabiendas. Seguro nos morimos sin ser del todo conscientes. Seguimos siendo muy animales.