miércoles, 16 de diciembre de 2015

Restaurantes en Manizales

Ya he contado acá que cuando estaba en el colegio trabajaba durante las vacaciones de fin de año en la papelería de mi familia, La Veyco. Mi tío Aurelio era un buen jefe en el sentido de que insistía y no se aburría de insistir sobre las cosas que le parecían importantes para que el negocio funcionara bien, el inventario, el manejo de la caja, la bodega, la limpieza de los estantes, la limpieza del local, la presentación de quienes trabajábamos ahí y entre esas cosas, con muchísimo ahínco, insistía sobre la importancia del servicio.

"No dejen llegar a nadie hasta el fondo del local sin haberle preguntado qué necesita, ofrezcan siempre más de lo que la gente está buscando y ofrezcan opciones si no tenemos exactamente lo que necesitan. No digan que no, piensen siempre en cómo ayudar. No sean agobiantes, dejen que la gente explore. Sean amables y sonrían. Gestionen, logren, ayuden. Si no tenemos algo en este local búsquenlo en los otros locales. Si no lo tenemos en La Veyco díganle a la gente que tal vez lo tiene la competencia e indíquenles donde está. Lo importante es ayudarle a la gente y hacerlo con alegría". No estoy exagerando nada. Esa es la ética de servicio de mi tío que la debió haber aprendido de mi abuelo León que fue comerciante toda la vida. 

Él también hizo parte de la junta de FENALCO y recuerdo que durante esa época trabajó en este sentido. Nos decía que fuéramos a otros departamentos de Colombia para que nos diéramos cuenta de la diferencia en el servicio que había en Manizales, lo bueno que era.

Era.

Yo como mucho por fuera, en promedio tres veces por semana y por lo tanto conozco buena parte de la oferta gastronómica de la ciudad. También sé cuáles son los meseros buenos de cada uno de los restaurantes que frecuento. No soy una cliente problemática, no discuto con los meseros, no me gusta la gente que los trata mal y siempre que me preguntan si quiero pagar el servicio (la propina) digo que sí. Y me llama mucho la atención que en promedio ese servicio sea tan regular en la ciudad.

Servir no es un trabajo fácil, pero no creo que eso disculpe el mal servicio y que uno tenga que aguantarse cualquier trato por consideraciones sobre lo jarto que debe ser tener que hacer esa labor teniendo en cuenta que hay que estar todo el día sonriente con un montón de personas, no todas tan fáciles de manejar como yo (ejem…). Creo en la ética del trabajo de mi tío Aurelio y veo, después de los años, que quienes trabajamos con él en la papelería aprendimos algo sobre eso que nos ha servido para lo que hemos hecho después. La actitud de servicio es útil en cualquier trabajo, hace parte del perfil de cualquier persona con la que yo quisiera trabajar y es cualidad necesaria para el trabajo en equipo. No hay manera de hacer equipo con alguien que no está dispuesto a servir a ese equipo.

Ejemplos, porque tengo que sustentar todo esto que estoy diciendo, sin nombres de restaurantes, porque no quiero causarle daño comercial a nadie.

Hace poco un amigo pidió un cambio en un plato. Quería que le cambiaran el calentado por arroz solo. La mesera le preguntó con tono displicente que “¿qué sentido tiene?”. Le contestamos que era así como lo queríamos y la mesera hizo cara de “qué solicitud tan ridícula”.

En otro restaurante hice mi pedido y la dueña, que fue nuestra mesera, lo tomó mal y me trajo otra cosa. Una cosa muy distinta. Al hacerle notar que eso no era lo que yo quería me dijo que por qué no me lo comía de todas formas, no como regalo porque ya estaba preparado, sino en lugar de lo que yo había ordenado.  En ese lugar, además, los platos demoraron más de 45 minutos en llegar, los cubiertos no estaban completos y nos los trajeron en la mano mientras los secaban con un trapo. Las mesas no estaban limpias cuando llegamos y tampoco estaban bien puestas. No crean que era un restaurante en los que eso es lo normal, que también los frecuentamos. Era un restaurante muy cachaco al que no regresamos.

En un corrientazo medio elegantico donde solemos almorzar una vez por semana mis amigos y yo, las personas de la mesa en la que yo estaba llegamos en dos tantas. A los que llegamos de último nadie nos vio entrar, nadie nos vio sentarnos, nadie nos vio alzar la mano varias veces para ordenar. Nadie estaba atento a las mesas. Los platos tardaron más de media hora, llegaron fríos y con la comida cambiada porque se habían terminado las porciones. Y hubiéramos podido irnos sin pagar porque nadie nos quería cobrar.

En  general los meseros son lentos para atender, no están atentos a las necesidades de los comensales, no ofrecen opciones, no conocen la carta con la que trabajan, no saben qué traen los platos, no dicen su nombre, como ya se usa en otras ciudades donde sí le han trabajado a eso, es evidente que nadie les ha hablado sobre el trabajo de servir, no hay un sistema ordenado de atención, en muchos lugares una misma mesa es atendida por más de una persona, a veces hasta cuatro, lo que habla sobre el desorden y la falta de método. Los meseros no saben solucionar problemas, no saben dar la cara, no saben decir “no tenemos esto, pero le podemos ofrecer esto otro”, o “disculpe la demora, tenemos este inconveniente”, o “sus platos se demoran un poco porque esto y esto y esto”. Servir es todo eso.

En los restaurantes más caros donde tienen mesero principal el servicio sí suele ser muy bueno, te reciben en la puerta, te preguntan que si mesa para cuántos, el chef te explica los platos, el mesero tiene nombre, te llenan de vino (lo cobran, por supuesto), te dejan probar otras cosas mientras llega lo que pediste, te sonríen, te preguntan cómo estuvo todo, todo estuvo fantástico. También los hay.

Destaco a Buffalo Republic que sin ser un restaurante costoso está lleno de meseros con experiencia que lo hacen muy bien. Es tan excepcional este caso que me parece justo de resaltar.

Por último, no creo que la calidad de la atención sea culpa de los meseros, creo que es responsabilidad de todos los tíos Aurelios que no lo son. Y a los meseros también habría que decirles que, aunque no debería ser su principal motivación, a una mejor atención probablemente mejores propinas.


Alguien en Manizales tiene que trabajar en eso, creo que el llamado sigue siendo para FENALCO; aprovechar que estamos en el mejor vividero del mundo y que mucha gente querrá venir a conocer y a gastar en este paraíso. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Abogados

Esta es una idea a medio elaborar...

Creo que la parte que más me gusta de mi trabajo es la de conocer gente. Hoy me escribieron dos personas a las que conocí porque las entrevisté. Una quería dejarme una información, y creo que un detalle, y la otra quería darme más información sobre otras cosas que me interesan. Me gusta que sientan que fui útil para ellos y que tal vez por eso me busquen de nuevo. Soy afortunada con el trabajo que tengo.

Durante mucho tiempo fui infeliz trabajando y por eso entiendo cuando la gente se queja de lo que hace. Me parece un poquito brusco el comentario "si desprecia los lunes es porque no le gusta su trabajo y porque no se atreve a luchar por sus sueños" que creo que desconoce que tener un trabajo en esta vida —en este modelo económico— que sea verdaderamente satisfactorio es una chiripa.

No creo que quienes están en cargos de servicios generales, quienes recogen y procesan nuestra basura, quienes tienen puestos en los que deben ser serviciales y amables con una fila infinita y variopinta de personas hayan soñado con eso desde chiquitos. Ser pobre no es una condición mental, como muchos dicen de manera arrogante olvidando que tuvieron la fortuna de nacer en un mejor barrio, es una realidad de nuestra economía y de la escasez de oportunidades.

Pero también comprendo a las personas aparentemente afortunadas que tienen cargos de los que nos parecen más dignos, con buenos sueldos, para los que hay que vestirse bonito y que tampoco están contentos.

Parece que el Derecho, por ejemplo, promete La Justicia y entrega los trámites. La filosofía promete el mundo de las ideas y entrega un salón de clase lleno de colegiales o primíparos, la medicina promete El Servicio en una de sus formas más elevadas y entrega un POS y un sistema de salud que los explota. Tal vez las ingenierías sí cumplen lo que prometen y me parece que el periodismo promete mucho menos de lo que da. Puede ser que sea porque me gusta mucho, claro. Pero a los médicos también les gusta el ejercicio médico, a los filósofos las ideas y a los abogados... Bueno, no sé qué es lo que les gusta a los abogados.

Hace tiempo hablando con un amigo me decía que hay unos trabajos en los que es muy difícil calcular el nivel de contribución que uno tiene frente a los productos de la empresa en la que está. Es decir, si soy abogado en una oficina jurídica de una Universidad, ¿cuál es mi nivel de contribución al producto de esa empresa? ¿Qué tuve que ver con La Academia? Probablemente nada. Soy un eslabón necesario para tramitar la demanda, la tutela, el oficio, el decreto. Es más fácil para un operario en una fábrica de zapatos sentir su utilidad al ver la suela que él cortó haciendo parte de un mocasín, que para un abogado que elabora un acta de grado al ver 200 estudiantes que salen de la Universidad este semestre.

Hay trabajos que no retan, que no emocionan, que no inspiran, que no conmueven, muy bien pagados y muy bien trajeados. Deberían pagarles mejor o prometerles algo más parecido a la verdad.

martes, 24 de noviembre de 2015

De la indignación a la participación

Tres datos tomados del informe de Manizales cómo vamos sobre participación ciudadana:
  • Uno de cada seis manizaleños ha presentado quejas ante autoridades competentes y solo el 5 % de los manizaleños dice haber participado en marchas, firmado peticiones o solicitado apoyo de personas influyentes.
  • El 65 % de los manizaleños dicen no haber participado nunca en ejercicios de donaciones o en acciones para apoyar ideas o personas que los motivaran.
  • El 67 % de los manizaleños no participan de ninguna organización social. Y la primera organización social en la que participa un 10 % de los ciudadanos es en iglesias. 
A grandes rasgos y con esos datos uno puede concluir que no hay un gran ejercicio de participación ciudadana, ni una voz de la comunidad que sea representada más allá del voto, con la abstención del 40 % que ya conocemos, en escenarios diferentes a los del Concejo Municipal y la Asamblea Departamental. 

Contrasta el dato con la indignación colectiva permanente en la que vivimos ahora y que es alentada por las redes sociales. Las páginas de Facebook para hacer denuncias se llenan de posts, Twitter se llena de Hashtags y con eso y dos clicks la gente siente que participó y que ayudó a hacer mejor a la ciudad en la que vive. El ejercicio real de participación ciudadana se limita entonces a lo que cada uno hace en su trabajo, pero no es lo mismo. 

Pensando en eso hace algunos años nos juntamos unos amigos que nos conocimos a través de Twitter mientras pasábamos los días indignándonos porque en Manizales no dura un árbol, porque el Macroproyecto San José iba a dejar a un montón de gente sin casa, porque el Servicio Integrado de Transporte no fue bien socializado, porque van a dejar caer esto o aquello, porque tal funcionario público no sirve para nada, etc... 

Queríamos hacer algo, pero no sabíamos cómo. Alguno, creo que Fernando Alonso Ramírez, recordó la existencia de la Corporación Cívica de Caldas, una ONG que fue creada hace más de 30 años y que se dedica a tres cosas:

1. Veeduría ciudadana sobre el ejercicio de lo público.
2. Educación sobre participación ciudadana.
3. Y a desarrollar acciones cívicas. 

Este tipo de ONGs tienen sentido en la medida en que representan "la voz de los que no tienen voz". No es lo mismo que la Corporación Cívica de Caldas tenga 100 corporados a que tenga 1.000. Con cada nueva persona que ingresa a la corporación ella crece en representatividad. No es lo mismo que sus corporados sean en su mayoría personas naturales o jurídicas. Muy bueno que haya personas jurídicas que hagan grandes aportes y que también contribuyan a defender los intereses colectivos, pero mejor que sean en su mayoría personas naturales que equilibren la representatividad que debe tener esa organización. Porque al final del día, mejor si la Corporación Cívica de Caldas representa la voz de los que no tienen voz a que sea la voz de los que de todas maneras siempre hablan.

Por eso quiero invitarlos a que se metan conmigo a la Corporación Cívica de Caldas, a que fortalezcamos el ejercicio de participación cívica de Manizales, a que hagamos más que indignarnos en redes sociales, a que cambiemos esas cifras de participación cívica de la ciudad y a que aprovechemos que ya existe la institución para hacerlo, que no hay que crear nada, que esas organizaciones están ahí para que les saquemos jugo. 

La Corporación Cívica de Caldas ha tenido siempre muy buenos gerentes, personas idóneas y comprometidas con la ciudad para una labor muchas veces difícil e ingrata. En este momento la Gerente de la Corporación Cívica de Caldas es Adriana Villegas a quien conozco desde que estamos en tercero de primaria y de quien puedo decir que comprende la función que debe cumplir esa organización y que a pesar de llevar muy poco al frente de la Corporación ha logrado orientar su rumbo y mostrar los resultados que ese tipo de ejercicios deben tener. 

Esta invitación es para todos los manizaleños, para los que viven aquí y para quienes viven lejos (me imagino que desde la distancia a veces quisieran contribuir con la ciudad y no saben cómo, esta es una buena manera de hacerlo), para los jóvenes en las redes sociales y para los adultos que no tienen Facebook o Twitter, pásenles esta información a sus papás y abuelos, por favor, ellos tal vez quieran vincularse a la Corporación. Para mis amigos de Twitter y Facebook con quienes conversaba hace unos años sobre la idea de participar de ejercicios como estos. Y si usted no es manizaleño y todavía me está leyendo, seguro en su ciudad existe algo como la Corporación Cívica de Caldas, lo invito a participar en eso.

Si quieren más información aquí les dejo el link al blog de la Corporación Cívica de Caldas y si todavía les quedan dudas yo con mucho gusto se las puedo resolver o ayudar a resolver.

Pero participemos, hagamos algo más que indignarnos, traduzcamos las quejas en un ejercicio real de participación ciudadana. 

sábado, 31 de octubre de 2015

La tía Lía

Tal vez lo sabía, pero no lo tenía en cuenta, no lo alcanzaba a ver, no era determinante, por lo distantes que estaban sus futuros 79 años de los 19 que tenía en ese entonces, que cuando eligió irse con las Hermanitas de los Pobres no solo estaba tomando la decisión de vivir para siempre lejos de su casa, sino también la de morir lejos de su familia.

Hace una semana empezaron a llegar los mensajes diarios contando sobre la salud de la hermana y la tía. Que ya no ha vuelto a levantarse de la cama, que se ve cómo se va apagando, que hoy amaneció mejor, que tiene fiebre y no se le quita a pesar de los tratamientos médicos, que ya no abre los ojos, que estamos en oración todas las hermanas, que la estamos acompañando, que sabemos que ustedes también nos acompañan, que no tienen nada de qué preocuparse, que no le hace falta nada, que está tranquila, que se murió y que tuvo una muerte bella. Que ya está en donde siempre quiso estar, con Dios, sus padres y su hermano Aníbal.

Cómo se duele la muerte de alguien que se fue hace 60 años si no es con un poco de rabia por no poderla acompañar, por no haberla visto una última vez, por no haberle escrito más, por no haberle hablado más, por no haberle pedido que rezara más por nosotros, y sin reprocharle un poco que haya decidido pasar la vida lejos. Como se duele la muerte de alguien sin un poco de egoísmo. Cómo se vive una vida monástica sin un poco de egoísmo.

Luis, su papá, la lloro mucho cuando se fue de la casa. Tal vez él sí fue consciente, vio una vida completa sin una hija y lloró su muerte a tiempo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cultura en Manizales (Manizales Grita Rock y demás)

Dos cosas me preocupan sobre el sector cultural en Manizales: 1. lo desunidos que somos y 2. lo mal preparados que estamos, en general o en promedio, para hacer las cosas que tienen que ver con la operación de la cultura: la gestión y los asuntos estratégicos.

También me preocupa que es un sector sin recursos económicos, claro, pero esa me parece una consecuencia lógica de las fallas que menciono antes.

Y viene al caso una comparación que hace Octavio Escobar sobre el negocio del fútbol y el de la cultura. Dice él:

"¿Cómo es posible que unas personas supuestamente brutas -así los vemos desde el sector cultural- sean capaces de hablar durante semanas sobre un partido de fútbol manteniendo el interés y el entretenimiento y otras personas, supuestamente inteligentes, sean incapaces de hablar durante 15 minutos de un libro sin dormir a la audiencia?".

Y es que mientras nos parece que la cultura debería escribirse siempre con mayúsculas iniciales -La Cultura- y la distanciamos con ese discurso poco atractivo de los escenarios de comunicación masivos, hablando sobre ella siempre en tono pretencioso, el fútbol ha pasado de ocupar un espacio de 10 o 15 minutos diarios en los noticieros de 1980 a tener canales especializados que solamente hablan sobre eso durante todo el día, a todas las horas. Sí, también hay canales como Film & Arts, pero no es lo mismo: sabemos qué desayuna James y en qué se gasta su sueldo, pero nos parece indigno preguntar o hablar sobre los premios de Octavio y cuántas gorras alcanza a comprarse con ellos.

Eso tiene un riesgo, sí. Que el asunto se vuelva un show y que por ese camino se aliviane y pierda peso específico. ¿Y qué? ¿No es eso lo que debería hacer un proceso de formación de público? Ponerse un poco al nivel de los que espera convocar e ir especializando la conversación. ¿No ha pasado eso con el fútbol?

Hasta yo, que no tengo idea de fútbol, soy capaz de entender una conversación en la que digan que Pékerman alineó un 4 - 4 - 2. Así que sí, creo que no es muy osado decir que de tanto oír hablar de fútbol hasta los que no estamos interesados hemos aprendido algo.

Y me preocupa el asunto porque en estos días salió en La Patria un artículo en el que se debatía el apoyo que recibe Manizales Grita Rock por parte del Municipio. Ese periódico convocó a dos actores culturales para conversar sobre eso: Rafael Echeverri, organizador de MGR y Uriel Giraldo, poeta, director de Acántaros Danza y propietario de la sala de teatro El Escondite.

Y en sus respuestas Uriel dijo, y me parece gravísimo, que le parece que el aporte del Municipio a Manizales Grita Rock es excesivo. Y la respuesta de Rafael, que tampoco me gustó, dice que no es excesivo porque se paga con la presencia de 30 mil personas que invierten $1.500 millones de pesos en la economía de la ciudad.

A mí me parece que lo que habría que decir es que esa es la plata que se necesita para hacer un buen evento de rock como lo demuestra Manizales Grita Rock. Punto.

Si queremos hacer cosas buenas, bien hechas, bien producidas, con buenos carteles, eso es lo que cuestan. O tal vez más. La inversión en cultura debe ser así, sin hambre, ambiciosa. ¿Pero cómo es posible que personas del sector cultural digan que eso es demasiado o que no lo es tanto mientras sea rentable?

Esa discusión, planteada de esa manera, tiene además otras dos consecuencias espantosas: sigue dividiendo al sector: Uriel, un gestor querido e importante para la ciudad, criticando el evento de Rafael, otro gestor querido e importante para la ciudad. Y ellos dos dejándose convocar a esa conversación, distrayendo la atención sobre lo verdaderamente importante: Uriel dice en el mismo artículo que el aporte del Municipio a Manizales Grita Rock -$650 millones de pesos- obedece a más del 50 % del presupuesto local para cultura.

¡Ese presupuesto cultural de Manizales es una chichipatada vergonzosa!

¡Pues claro que con esa cifra lo único que puede hacerse es repartir inequidad! No alcanza para más.

Sobre eso y unidos es de lo que deberían estar conversando.

viernes, 9 de octubre de 2015

Lección Final de Juan Felipe Gaviria Gutiérrez

En estos días conversando con un amigo que también se graduó de Eafit y acordándonos de Juan Felipe Gaviria, que era el rector cuando nos graduamos, recordé este texto que nos entregaron ese día. Este es el discurso que Juan Felipe había dado como Lección Final a los que se graduaron el semestre anterior al nuestro, pero alguien, con razón, vio que el texto merecía ser publicado y entregado a todos los graduandos. Ojalá se los sigan dando.

Lección Final

Esta última lección está compuesta de siete partes. Siete sugerencias, siete consejos, si se quiere. Nada tienen ellos de imperativo. Pueden, si así lo desean, ignorarlos, olvidarlos, o interpretarlos a su antojo. Creo, sin embargo, que les serán útiles, o, por lo menos, a eso aspiro, no sin cierta ingenuidad.

Esta lección está inspirada en una sola idea: creo que la universidad debe jugar un papel protagónico en la generación y transmisión de la cultura. En mi opinión, la universidad no debe limitarse a ser un agente pasivo en la acumulación de capital humano. La cultura, con todo lo que tiene de inquietante y, por qué no, de inútil, debe ocupar aquí un papel prominente. La creación de la Escuela de Ciencias y Humanidades es un primer paso en esta dirección.

Permítanme pues ofrecerles mis sugerencias, que vuelvo y lo repito, hablan desde la cultura a través de este no muy caro interlocutor.

1. 

Mi primera sugerencia es simple. No se tomen muy en serio ni a sí mismos ni a sus proyectos. No es esto una invitación a la irresponsabilidad. No es tampoco una apología a la pereza. Es más bien una posición ontológica que reconoce la insignificancia de nuestros avatares.

Sólo si reconocemos que el mundo puede vivir sin nosotros, que no somos más imprescindibles que la hormiga que se pasea por la pared de nuestro cuarto en una noche de desvelo, sólo entonces estaremos equipados para afrontar las complejidades de la vida de adultos.

Reírse de la vida tiene que convertirse, al menos en mi opinión, en un imperativo. Ello nos permitirá sobrellevar la derrota, nos hará sabios en el triunfo; y, lo que es más importante, nos hará menos egoístas y más conscientes de nuestra posición en el mundo, y, por lo tanto, menos susceptibles a lo mucho de absurdo e irremediable que tiene la vida.

2. 

Quiero ahora, parafraseando al poeta Joseph Brodsky, llamar la atención sobre una enfermedad de nuestro tiempo: la tendencia a buscar culpables. La lista es larga y ustedes la conocen: los profesores, el gobierno, el sistema, el jefe, y otros y otras, abstractos y concretos, nacionales y extranjeros.

Mi propuesta es clara: nunca asuman el papel de víctima. Nunca por nada del mundo sucumban ante
la tentación de la autocompasión. Aunque todo parezca venirse abajo y la evidencia sea irrefutable, nunca se digan perdedores. Y si lo hacen, recuerden que si nos decimos libres, sólo nosotros somos culpables por nuestros desafueros.

3.

Esto me lleva a mi tercer punto. Respeten la vida no sólo por lo que tiene de bueno, sino también por lo que tiene de difícil, de complejo.

La razón es obvia: sin lo segundo lo primero carece de sentido, pues como todos ustedes lo saben, la alegría no existe sin la tristeza ni la felicidad sin pesadumbre.

Mi propuesta es clara: los invito no solo a aceptar con entereza las dificultades inherentes de la vida, sino también a buscarlas, y por qué no, a promoverlas. En otras palabras, traten de ser un poco masoquistas, pues sin un toque de masoquismo la vida es incompleta.

Sé que mi propuesta requiere especial esfuerzo pues es difícil resistir el embate del entretenimiento pasivo que domina nuestra cultura, pero recuerden que lo mejor que tiene para ofrecer la vida cuesta trabajo y que si rehusamos hacer el esfuerzo, también rehusamos al goce. Ustedes escogen.

4.

Traten de ser modestos. Recuerden que somos muchos y que muchos de nuestros éxitos vienen a expensas de los fracasos de otros. Aunque soy algo escéptico respecto a los imperativos morales, hay dos que encuentro inaplazables: disfracen sus victorias y recuerden, además, que toda victoria inútil es un crimen.

Cada vez que se sientan superiores y sientan ese impulso de hacérselo saber al mundo, háganlo con dignidad.

Recuerden también que el arrogante cree tener la verdad. Por ello teme al sentido del humor que todo lo relativiza. Esto nos lleva de regreso a mi primer punto: si desarrollamos la capacidad de reírnos de la vida, la arrogancia nunca tocará a nuestra puerta.

5. 

De la ética quiero pasar a la estética. Mi sugerencia aquí es enfática: traten de combatir, a más no poder, la vulgaridad del corazón humano. No le hagan el juego a la prensa amarilla. No compren sus mentiras. Ignoren, así sea por un rato, las vicisitudes de la farándula.

Así mismo, traten de evitar los clichés y no sucumban ante los lugares comunes. Hoy en día cuando las ideas han dado paso a los eslogans y el arte al entretenimiento, ello se hace más importante que siempre.

Quiero proponerles que lean siempre, esto no solo los hará más conscientes de la vulgaridad que nos rodea, sino que también, y de ñapa, los hará mejores personas.

6. 

Cambiando de tema, mi próxima sugerencia es un poco más práctica. Nunca le apuesten todo al mismo número. No pongan todos los huevos en la misma canasta. No depositen todas sus ilusiones en un solo proyecto. Deseen varias cosas, mientras más disímiles mejor.

Como todos ustedes lo saben, o si no muy pronto lo aprenderán, no siempre todo sale bien. Muchos proyectos fracasan, y muchos sueños nunca se hacen realidad. Por ello nunca sucumban ante las opciones que prometen todo, pero que, a cambio, pueden dejarlos sin nada. La prudencia es siempre el mejor camino, sobre todo si ustedes, como yo, odian la tarea de disculpar ilusiones.

De otro lado, estén preparados para enfrentar la desilusión que siempre acompaña las ilusiones cumplidas. Nuestros sueños siempre prometen más de lo que dan. Como bien lo decía Santa Teresa hace más de 500 años: "se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas".

Así pues, nunca conviertan su vida en una lucha por un único y solo ideal. De allí no hay salida: si no se cumple, mal, y si se cumple, peor.

7. 

Mi última sugerencia es simple y más que apropiada para la ocasión. Hagan todo lo necesario por no ignorar a sus padres. Ténganlos en cuenta en sus decisiones y en sus oraciones. Nunca dirijan sus rabietas contra ellos: son un blanco demasiado fácil. Préstenle atención a sus consejos: ellos que han vivido más que ustedes siempre tendrán algo qué decir. La edad, sobra decirlo, confiere cierta perspectiva. Hoy, especialmente, muéstrense agradecidos pues este grado también es de ellos.

Con esto termino, Les deseo la mejor suerte del mundo. Disfruten este día, cultiven buenos recuerdos, alimenten futuras nostalgias, pues de eso está hecha la vida.