martes, 6 de octubre de 2015

La Nueva

Si 20 años no es nada, qué febril la mirada, 10 años son menos que nada, un suspiro. No da para hacer balances aunque los haga, no siento que tenga tampoco muchos aprendizajes para compartir, aunque haya aprendido muchísimo en estos años, pero sí quiero celebrar que este camino me encontró porque me ha dado mucha felicidad.

Pensando en esta fecha recordaba ayer una conversación con mi familia en la sala de mi casa cuando estaba empezando la adolescencia, tendría 11 - 12 años, tal vez, no recuerdo. Estaba hablando con esa vehemencia con la que se habla a esa edad sobre cosas que no entendía: la paz, la guerra y la humanidad. Y recuerdo pensar o decir, no sé bien, que lo que yo necesitaba era un megáfono. Que solo necesitaba que me oyeran para convencer a La Humanidad de que El Amor era el camino. Ese era más o menos mi discurso.

Lo que me pareció bonito de ese recuerdo no fue el discurso, sino el megáfono. Porque sentí que la vida hizo un círculo y encontró un origen. Siempre creí lo que he oído y repetido durante tanto tiempo, que yo no sé qué quiero en la vida, y resulta que siempre he sabido y no lo había valorado, notado, visto, admitido, entendido: un megáfono. Un canal de comunicación. Hoy tengo varios que me sirven distinto y por los que de alguna manera editorializo con los temas o con los enfoques.

Lo que sí es cierto es que aunque lo supiera y no lo pudiera ver, no fui yo la que tomó las decisiones que me trajeron hasta acá. Tal vez la única decisión que fue mía en todo este recorrido fue la de estudiar música. De ahí en adelante todo fue de mano de El Destino y yo solo me limité a decir que sí. Llegué a Radio Nacional por estar en Radio Cóndor a donde me llevó Gabriel Eduardo Jaramillo mi profesor de Historia de la Música a hacer parte del Comité de Programación, primero y de la Dirección, después.

Hacer radio se me parece a cantar. A hacer parte de un coro donde a veces uno es el solista y otras veces, la mayoría, es la voz de apoyo para que sean solistas otros. Y donde hay que seguir un ritmo, dejarse llevar, sentir el paso que van a dar los compañeros, llevar el ritmo, bailar. Como una forma de arte que idealmente debe hacerse con belleza y rigor.

Llevo 10 años y, como siempre yo, me siento La Nueva.

6 comentarios:

Aleyda Rodrìguez Pàez dijo...

Lindo

Claudio Andrés Mera Ruiz dijo...

Qué chistosa coincidencia... justo por estos días le vengo diciendo algo así a mis amigos.

Culmino un proceso que para mí es eso: tener un megáfono que me permita decir más fuerte cosas que vengo pensando hace mucho y de las cuáles quiero convencer o por lo menos creo importante debatir.
:D Debe ser bonito seguir siendo la nueva, pero no siempre.

Ana Mesa dijo...

Yo me demoro mucho para dejar de sentirme nueva. ¿Qué estabas haciendo?
Gracias a los dos por pasar, leer y comentar.

Claudio Andrés Mera Ruiz dijo...

Estuve haciendo un doctorado (en 'ciencias' de la administración) en la UNAM; es la razón por la cuál me vine para México. Sí tienes insomnio o curiosidad te comparto mi hijito de ciento sesenta y algo de páginas, no es tan ladrilludo ni tiene lenguaje tan especializado.

Ana Mesa dijo...

Jajajajaja Lo leería si tuviera tiempo, pero realmente para qué te digo bobadas. ¿Ya terminaste, vuelves a Colombia?

Claudio Andrés Mera Ruiz dijo...

Laaaa pregunta de los veinte millones. (Inserte música y set de 'Quién quiere ser millonario') Doña Ana, aún no tengo última palabra.
Ahora estoy felizmente unido por la cadera con una mexicana y pues mis decisiones incluyen en parte a mi otra significante, así que sigo pintando escenarios (planeación estratégica y esas tonterías que le enseñan a uno) pero la cosa pinta a que sí.
Pero sería para agosto-septiembre del otro año, probablemente a mi amada, caótica, fría y llena de empanadas Bogotá.