martes, 5 de abril de 2016

Idiotas

El papá de un amigo  que lee este blog, me enteré ese día llegó hasta mi oficina, se sentó frente a mí y después de saludar amablemente me soltó la pregunta:

¿Entonces Usted no se lo quiso dar a su amiguito, Ana María? Cuente a ver por qué.

Había leído en mi blog una historia en donde eso era apenas una anécdota porque la entrada se trataba de otra cosa. Pero no importa, hubiera podido ser sobre eso.

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Un compañero de trabajo que tomaba conmigo un curso en el que nos pidieron dibujar a alguien del salón para, a partir de esos dibujos, adivinar a quién habían dibujado los demás, me dibujó a mí empelota con tremendo par de tetas. Luego exhibió el dibujo muerto de la risa.

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Un conocido de Twitter, incluso diría que un amigo de Twitter, me pidió hace poco una foto empelota. Pedir fotos empelota no me parece ofensivo, ni una falta de respeto, ni nada. Si no fuera porque no había mediado de mi parte más que amabilidad y cortesía. Creo que nada indicaba que yo hubiera querido que él me viera empelota.

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Me parece llamativo que si digo que me he tomado y que he enviado fotos sin ropa, o si hablo de sexo, o si soy amigable y simpática, algunos hombres creen o interpretan licencias que estoy dando para que crucen líneas que nadie los ha invitado a cruzar.

Tengo otros amigos a quienes cada que me pasa algo así les cuento esas cosas para saber si estoy loca y si fue que me llené de escrúpulos feministas. Y eso lo hago porque de tanto que pasan estas cosas uno ya no sabe, o duda, sobre qué es lo normal y qué es lo que está bien o mal.

Hace poco en Twitter un completo desconocido que ni siquiera me sigue me escribió por DM para pedir mi autorización para hacerse la paja en mi "honor".

Ese día compartí una imagen de ese cruce de mensajes en mi cuenta de Twitter. Varios amigos me escribieron en el TL y por DM para solidarizarse y para decir que eso no les parecía bien hecho. En una de esas conversaciones, un amigo, uno de los más francos para hablar de sexo, me dijo lo siguiente:

"No creo que sea una buena persona. Utiliza la masturbación para acercarse, él quería que usted supiera. Él cree que es algo que debe compartir. Cuando a mí me provoca masturbarme yo creo que es algo mío, no cargo a la otra con mis ganas".

Cargar al otro con las ganas propias de esa manera es hacerlo parte de un tipo de encuentro sexual. Es como esas llamadas que se hacían antes de que se inventaran el identificador de llamadas en las que solo se oía a alguien gimiendo y respirando y que uno colgaba tan rápido como podía. El hecho simple de que se dé a través de un computador, o de una conversación, o de un teléfono no cambia el hecho de que me están involucrando en un deseo que no comparto.

De alguna manera siento que los tres ejemplos que expongo hacen lo mismo. Cruzan esa línea en la que el deseo de esas personas se vuelve asunto mío sin que yo lo haya permitido.

Y me cuestiono de dónde sale la torpeza de preguntarme detalles sexuales sobre mi vida, dibujarme empelota, pedirme fotos desnuda o solicitar mi permiso para masturbarse en mi nombre si no es de donde lo señalan tantas feministas: del derecho que creen que tienen los hombres sobre la sexualidad femenina. Del permiso autoconcedido por siglos y siglos de abusos de no tener que considerar lo que uno siente o piensa o quiere.

Pasan esas cosas, suman, una encima de otra y me siento paranoide y desesperanzada sobre los señores. Por fortuna tengo amigos como los que tengo, que me dejan saber que no todos son irremediablemente idiotas.

14 comentarios:

Claudio Andrés Mera Ruiz dijo...

Lo terrible es que lo normal, dícese de lo frecuente, no está bien.

@sandsuarez dijo...

Lo siento mucho, me pregunto a cada rato si eso alguna vez va a dejar de ser masivo.

Diana Lopez dijo...

No sé si sea la edad, la madurez o qué, pero va uno tomando conciencia de ese tipo de situaciones, que podríamos calificar claramente como abusos

Patricia Puerta dijo...

Lo horrible de esto también es la "normalidad"con la que tratan estos hechos, casi siempre en tono burlón como si se tratase de algo irremediable y que uno debe tragar entero.

puntosalaire dijo...

También todo esto de las redes ha hecho que la gente crea que existe una confianza per se, «ella es amable y hemos interactuado par de veces, seguro está bien pedirle cosas porque ya somos amigos»; y si te quejas porque te sientes incómoda o crees simplemente que no está bien, los caminos tampoco son muy alentadores: o eres «morronga», o te has convertido en una feminista histérica o eres una desagradecida, pues a muchas mujeres ni siquiera las miran o las desean, «agradece».
No hace falta hacer parte de ningún movimiento, religión o partido para identificar situaciones que nos parecen violentas o incómodas, tampoco las advertencias del tipo «pero no todos son iguales», porque lo sabemos, son excepciones; pero no por eso vas a minimizar ni a callar ante la actitud de los que sí son así.
Ana, usaré un ejemplo bien personal: salía con un señor y ante mi reclamo por una actitud que me parecía irrespetuosa su respuesta fue de burla y de un indirectazo «ya todas creen que somos unos cerdos machistas»...
Entonces parece que cualquier cosa con la que te sientes incómoda, pierde legitimidad porque según la gente, la llevas amparada bajo un movimiento (sin importar si o estés o no).
De nuevo gracias, porque este tipo de textos y de anécdotas ayudan a concientizar; no sé a quién ni a cuántos, pero lo hacen, y por ahí se empieza.

Juliana Morales dijo...

Hace unos días después de una interacción por twitter en la que compartí contigo un enlace que decía la diferencia entre vibradores y consoladores comenzaron los IDIOTAS. Por DM un hombre que lo único que recuerdo es que en su perfil decía ser de Chile hizo lo mismo conmigo (mándeme fotos o permítame tomar una publicada para masturbarme) me desconcerté tanto que lo primero que hice fue preguntar a un amigo: ¿A vos te parece que mis fotografías sugieren que yo deseo compartir fotos de ese tipo?
Fue desagradable, además soy muy gráfica y no fue para nada alentador imaginarme a un extraño hacerme participe de sus ganas. Finalmente pense que tenia que ver con lo compartido en twitter, puede ser, aunque también es abusivo e irrespetuoso pensar que por eso hay una puerta abierta a ese tipo de solicitudes, es terrible que después de un saludo y una respuesta amable y sincera de nuestra parte se tomen ese atrevimiento.
En ese punto hasta llegue a pensar que no era prudente hablar o compartir ese tipo de cosas, pero también me pregunte: Por que no? que hayan tipos que cruzan esa línea es triste y que para ellos que una mujer tenga clara esa diferencia la haga querer hacer de todo con todos y saber de su intimidad es verdaderamente deprimente.
Ana, fue agradable leer el texto pues me sentí identificada con el y con el sentimiento expresado. Un abrazo.

monawhitee dijo...

Qué desagradable, pero como dices al final, pensar que todos los hombres son iguales solo nos hace caer en ese cliché, yo apoyo la idea de que sí existen hombres respetuosos, o que por lo menos intentan ser agradables sin caer en lo grotesco, haciendo ver cosas como el sexo o el acercamiento intimo de manera tan vulgar. IDIOTAS.

Ana Mesa dijo...

Gracias por leer y comentar.

Sobre lo que han dicho:

1. Sí creo que uno entra en un proceso de "darse cuenta" de que muchas cosas con las que creció no están bien. No sé si sea por la madurez, o por leer tantas mujeres que nos han hablado sobre esto. Y por el reconocimiento y la consciencia sobre todo de la propia incomodidad frente a esas cosas.

2. Sí, la risa infantil de muchos hombres cuando hacen o dicen esas cosas es especialmente molesta.

3. Nos la pasamos cuidando el ego masculino. Buscando no ponerlos incómodos, no señalarles que son tontos. Para que no vayan a pensar que somos morrongas, difíciles, lesbianas, ¡feministas! Nos enseñaron a complacer. A salir siempre sonrientes para la foto. Y no hay nada malo en ser difícil, gay o feminista. (A mí la morronguería no me gusta, pero tampoco hay nada necesariamente malo en ser morrongo).

4. Tanto que para presentar esta entrada expuse lo que otros hombres opinan sobre lo que me ha pasado a mí para validar que no estoy loca. Necesité cuatro hombres para confrontar a un solo idiota. Para validar mi opinión. Eso me tiene reflexionando.

5. Sí, el problema no es compartir cosas o hablar sobre sexo o ponerse una minifalda, para el caso. El problema es que sean irrespetuosos.

6. Y sí, aunque no sé si es un problema cultural o qué es, creo que es cultural, también pienso que son más los tipos bacanos y respetuosos. Y creo que ayuda mucho cuando un hombre le dice a otro que se está portando como un idiota.

Ángela Cuartas dijo...

No creo que sean más los bacanos y respetuosos. Creo que el machismo es una de esas cosas que uno tiene adentro sin querer y que por más que queramos no es tan fácil como decir: ya no quiero ser machista. No quiero dármelas de nada, porque me falta muchísimo para dejar las güevonadas que no me gustan del machismo, pero eso no me inhabilita para decir que he sentido mucho asco hacia manes y mujeres que se consideran y son considerados liberales, pensantes, intelectuales (incluso modelos de intelectualidad) y relajados con el tipo de mujer que buscan (no una "susanita", no una mujer "tradicional"), pero que en sus círculos masculinos (o ellas hablando con ellos o ellas criticándolas a ellas o ellas criticándolos a ellos, porque no cumplen con las expectativas del modelo masculino) tienen unos códigos horrorosos, una manera despectiva e irrespetuosa de tratar a las mujeres, sobre todo en lo que tiene que ver con su sexualidad. Sobre todo, deduzco por sus actos y palabras, que sienten que una mujer que se sale de lo tradicionalmente aceptado y es promiscua o liberada o como lo quieran llamar, entonces ya es material de lo que se les dé la gana (hablar de sus intimidades con desconocidos, tratarla mal, ser ofensivos al referirse a ellas, etc), pero a escondidas y en círculos privados, porque en público toca mantener la imagen de hombres o mujeres muy abiertos. Creo que ese es un síntoma de que el machismo sigue siendo muy fuerte y complicado, que ahora se camufla mucho: "soy muy feminista, siempre y cuando la mujer sea como a mí me parece que debe ser, en lo más profundo de mi inconsciente". Eso me da asco, pero siento que no se combate ni se cambia de la noche a la mañana, eso es un proceso muy largo. El feminismo es muy nuevo y las mujeres y los hombres tenemos más derechos, pero también unas presiones nuevas que salen de convivir con las dos cosas al tiempo. Un ejemplo es ese: puedes ser "liberada" (y debes serlo), pero no puta; puedes ser marica, si quieres, pero no se te ocurra darte besos con tu novio al frente mío; puedes trabajar, ni más faltaba, pero además debes ser un montón de cosas más que vienen del modelo clásico de mujer (y ganar poquito); puedes y debes tener tu lado femenino desarrollado, pero no puedes mostrar inseguridades o dudas y así.

A veces me gustaría que no me diera rabia, pero ya no creo. Creo que la rabia que me da que los manes sean irrespetuosos en la calle, por ejemplo, es legítima y debo dejarla ser y expresarla (a ellos y en general), porque es injusto y es asqueroso. Porque así lo siento, me da ira cuando siento mi espacio y mi cuerpo invadidos por señores que "no entienden de feminismo" o que sí entienden, pero de dientes para fuera. #permisomedesahogué

Ángela Cuartas dijo...

Icluso me han sorprendido positivamente mucho más manes que no se las dan de feministas, que ni siquiera tienen eso como un tema, que no son "humanistas", que simplemente son compasivos en general y tienen los ojos y oídos abiertos para tratar de entender lo que las demás personas dicen que las hace sufrir.

Ana Mesa dijo...

Debes tener razón Ángela en que no son la mayoría. Y en que las mujeres también hacemos el juego de denigrar a otras mujeres. Y solamente con base en la cultura debe ser cierto que son más los irrespetuosos. Creo entonces que yo los evado o todavía no soy tan consciente de todas las bobadas que hacen. Ya un amigo solidario con esta entrada, solidario y todo, me dijo algo incómodo. Qué cosa tan rara y tan arraigada.

Ángela Cuartas dijo...

O tal vez yo confundo a la gente hiriente y poco compasiva con machistas. Se puede ser grosero o denigrante por pura rabonada, tal vez eso no se quita feminismo sino quién sabe con qué.

Ana Mesa dijo...

Yo a todo eso le digo idiotez. Sí creo que se resuelve enseñando compasión. Repitiendo que todos somos iguales y distintos al mismo tiempo, y que merecemos respeto, y que cada quien puede ser lo que quiera ser desde que no le haga daño a los demás. O así siento que me trataron de enseñar a mí eso. Y con el ejemplo. El ejemplo es clave.

Luisa dijo...

Hola Ana María, muy buena tu entrada, no son pendejadas feministas, es lo que diariamente vivimos todas las mujeres y es como tan "normal". Me quedé pensando en la anécdota del compañero que te dibujó y mostró el dibujo muerto de la risa, y me quedé pensando cuál sería tu reacción en ese preciso instante. Es muy intimidante y uno no sonríe pero tampoco se enoja. Una vez me pasó algo similar y decidí no callarme y expresé mi molestia, la respuesta me sorprendió aún más: "cómo te has vuelto de aburridora desde que te volviste feminista", claro, la mala, al final, tenía que ser yo. Un saludo!