martes, 12 de julio de 2016

Solterona

Tengo una historia para ilustrar lo poco que me ha interesado el matrimonio. Como muchas mujeres, crecí con las críticas de mi mamá. Sin juzgarla, porque la alentaban solo buenas intenciones, nos costaba mucho trabajo entendernos. Mi pelo, los novios, los amigos, las amigas, mis zapatos, mi ropa, el trabajo, la plata, mis intereses, la música, etc. Casi nada fue como ella hubiera preferido que fuera. Yo me dediqué a afirmarme en esas cosas y a tratar de construir una identidad que fuera mía, un poco como rebeldía a eso y luego un poco tratando de que eso no me importara tanto. Porque claro, rebelándose uno encuentra algo, pero es probable que no sea tan parecido a uno, como tan distinto de lo que le piden que sea.

El caso es que bien o mal surgí yo y me fui consolidando. Y mis decisiones no me llevaron a la debacle que mi mamá presentía, ni me volví una buena para nada, y no creo haber escogido, como ella decía, el camino más cómodo porque le parecía que yo era muy buena vida. Me mantengo sola, trabajo y soy una buena profesional; en las cosas que todavía tengo que tratar de controlar ya tengo un plan para hacerlo y voy por el mundo más o menos bien. No es fácil calificar el propio desempeño en esto de la vida, pero, a pesar de que me ha constado trabajo, yo sí me siento orgullosa de la persona en la que me convertí.

No hace mucho, sin embargo, cuando todo este resultado ya se veía claro, mi mamá todavía tenía críticas. Y me repetía constantemente algo que, de tanto repetirse, no lo entendía completamente: "estoy muy preocupada con su situación".

"Situación" es un genérico. Acostumbrada como estaba a que casi nada le gustara, yo pensaba: debe ser el pelo, o los novios, o los amigos, o las amigas, o mis zapatos, o mi ropa, o el trabajo, o la plata, o mis intereses o la música, o etc. Y seguía rebelándome genéricamente contra todo eso. Hasta que un día caí en cuenta de que no había realmente nada que mi mamá pudiera reprocharme: tenía trabajo, vivía sola y no tenía mayores problemas... más que el hecho de no estar casada.

La preocupación de mi mamá era que yo no me había casado y esa era mi situación. Mi situación muy preocupante.

Nunca en mi casa se me pidió directamente que me casara. Nunca nadie me afanó con eso. Mis novios no eran prospectos de maridos y nadie me dijo nunca "con ese novio no vas a poder casarte". Así que yo asumí que a todos les importaba tanto como a mí: casi nada. Pero casi nada tampoco era una idea así de clara. Porque tan poquito me importaba que ni lo consideraba. Siempre me sentí demasiado inmadura para eso. Siempre pensé que eso no era conmigo. Nunca me vi como "la señora de...". Ni entrando de blanco a una iglesia, ni comprando mercado para mi familia, ni siendo la mamá de nadie. Esa opción estaba ahí para cualquiera y me parecía válida, pero no para mí.

Creo que por eso no me he casado, no me atormenta, no me siento "solterona" porque nunca quise ser "casada", y uno no puede ser lo opuesto de algo que en principio no le interesa. Son dos estatus ajenos a mis intereses. Soy sola. Y en ese sentido sí me interesa la compañía, pero no cualquier compañía, ni tampoco me importa que la forma sea convencional.

La reivindicación de la soltería no me interesa tampoco, porque yo no me siento minoría, ni en desventaja, aunque reconozco, como lo dicen muchas mujeres, que existe una exigencia y una mirada todavía como de lástima a quienes no nos hemos casado, pero en lo personal, aunque esa mirada me molesta, la siento muy poco.

Todo esto viene porque estaba leyendo una entrevista a Kate Bolick quien escribió un libro que se llama Soleronas donde menciona que en Estados Unidos las mujeres solteras son ya el 53 %. Y que aunque la cifra incluye adolescentes, divorciadas y viudas, es evidente que cada vez más las mujeres nos quedamos solas y decidimos no casarnos por motivos muy variados. Casi que uno podría decir que cada una ha tenido sus propios motivos.

Ya he dicho esto, pero creo que a mí de esa urgencia, o de esa exigencia social, o de ese apremio me salvó mi papá. No porque me dijera que no tenía que casarme, sino porque me convenció de que no importaba lo que los demás opinaran, uno tenía que hacer lo que le diera la gana. Me enseñó intentar ser auténtica y a pensar por mí misma.

Si uno quiere el aporte de mi mamá terminó siendo definitivo. Ayudó porque me dio un motivo para rebelarme y se me quitó el miedo a intentarlo.

5 comentarios:

Sunny dijo...

En el cuento del niño que salió de una lata (http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14007374/helvia/aula/archivos/repositorio/750/766/html/primer%20ciclo%20secundaria/Konrad.pdf) la protagonista le pregunta a su profesora:
- ¿cuál es la diferencia entre soltera y solterona?
- La solterona ya perdido la esperanza...
Y si, a todas las mujeres nos persigue el estigma del Solteronismo, y pero si tienes pareja, porque fuera de defender tu posición, debes defender a tu pareja a quien acusan de calzonazos poco hombre que no ha sido capaz de proponerte, porque les cuesta entender que el tema si ha salido, pero que por razones propias no se ha puesto uno en tal situación...
:/

Ángela Cuartas dijo...

La cosa fue así:
Dios creo la preocupación y dijo: "No es bueno que la preocupación continúe sola, voy a hacerle unas mamás, como su complemento".
Y así arrancó todo y se fue moviendo el mundo de preocupación en preocupación y de madre en madre hasta llegar a nosotras.

Ángela Cuartas dijo...

La cosa fue así:
Dios creo la preocupación y dijo: "No es bueno que la preocupación continúe sola, voy a hacerle unas mamás, como su complemento".
Y así arrancó todo y se fue moviendo el mundo de preocupación en preocupación y de madre en madre hasta llegar a nosotras.

Ana Mesa dijo...

Jajajajajaja

Sara Ortega dijo...

Ser desobedientes por convicción.
Siempre he pensado que en el mundo en el que nos educaron – por lo que veo el tuyo fue igual al mío – ser desobediente es un don.

La desobediencia nos hizo distintas, nos hizo libres.