sábado, 27 de septiembre de 2014

Trocatinte

Este debe ser el décimo sexto intento de escribir sobre Trocatinte.

Hace 15 años pertenecí al primer coro de cámara de mi vida. Éramos nueve mujeres. María Adelaida Robledo, que en esa época estudiaba Licenciatura en Música en la de Caldas, nos convocó a todas. Creo que ha sido una de las experiencias más tremendas por las que haya pasado en mi vida.

Como uno siempre piensa que las cosas que le pasan son las más especiales que hay, yo estoy convencida de que contar la historia completa de ese coro daría para novelón. Me propongo apenas una entrada de blog. Tengo que resumir. Vale la pena mencionar algunas cosas puntuales para que se entienda qué hizo esa experiencia tan impresionante en mi memoria:

  • En primer lugar habría que decir que esa experiencia fue enriquecedora musicalmente, pero eso no fue, ni de lejos, lo más importante.
  • Ensayábamos dos veces a la semana por un espacio de dos horas. Pero lo cierto es que llegábamos a las 7 de la noche y no sabíamos a qué hora sería la salida. Siempre, casi sin excepciones, teníamos que discutir alguna cosa: el vestuario, el nombre, el repertorio, las presentaciones, el compromiso con el noneto, el comportamiento general de todas, el temperamento de aquella y la cosita que me chocó de esta.
  • De las nueve integrantes del coro tal vez tres tenían un temperamento tranquilo. 
  • Yo era la mayor, tenía 26 años. La menor tenía 16. En promedio éramos unas adolescentes.
  • Si no hubiera sido por Paula Restrepo, que era sensata, nos hubiéramos terminado matando. Todas reconocemos eso.
  • Varias de las amigas que todavía tengo y que más quiero pertenecieron a ese coro. Las experiencias intensas unen como si fuera pegaloca. 
Y algunas anécdotas para ver si se alcanza a apreciar qué fue todo lo que nos pasó ahí:

Lo primero que hicimos fue El Canto de la Rana de José Sanchís Sinisterra, una obra de teatro con Tuto Muñoz y su compañía Punto de Partida. Un monólogo donde Cosme Pérez, que es un actor, trata de librarse, en medio de una borrachera, del personaje que ha venido interpretando durante toda su vida. Ahí Trocatinte participaba como las alucinaciones musicales del borracho. Con esa obra nos fuimos para Venezuela a participar en el Festival Itinerante de Occidente de ese país. Estuvimos 15 días montadas en una furgoneta recorriendo el occidente venezolano.

Muchas cosas nos pasaron en ese viaje pero voy a escoger una sola para contar aquí. Jenny Moreno, para la época mezzosoprano de Trocatinte, había sido diagnosticada recientemente con nódulos en los pliegues vocales. Le habían prohibido hablar, cantar, musitar, suspirar y respirar. Estaba llena de paranoia porque podía ser que no volviera a cantar nunca. En medio de su terror exageró en el tratamiento y se alivió rápidamente, pero la paranoia subsistió y nos la contagió a todas. Dentro de las recomendaciones que le habían hecho para no empeorar la situación estaba la de no hablar ni cantar en carros, buses, busetas, ni en nada que tuviera un motor que exigiera un esfuerzo vocal. Debido a eso todo el recorrido que hicimos desde Manizales hasta Venezuela y dentro de ese país estuvo marcado por un silencio de monjas de clausura como recomendación y con la vigilancia de Jenny. Llegando a Santander yo intenté cantar un poquito de lo que estaba sonando en el radio y de inmediato me reconvinieron desde la parte de atrás del carro: "Anita, shhh", con picada de ojo para aligerar el regaño.

Trocatinte, colores mezclados, nos pareció perfecto, ajustado a la cantidad de personalidades que había que representar con un nombre. Ahí llegamos después de varias discusiones eternas. Nueve mujeres que se habían propuesto decidir todo por consenso. Al día siguiente de haber tomado la decisión resultó que a algunos familiares y amigos les había parecido que eso era muy enredado, muy feo y que sonaba a trabalenguas. Casi naufragamos. Aprendimos, en medio de una discusión, que no se puede esperar que a todo el mundo le guste lo que uno hace o las decisiones que toma. Eso, que suena tan obvio, no lo era para nada. Al parecer no queríamos que nadie nos criticara por ningún motivo y muchos de los problemas que tuvimos en Trocatinte se dieron porque "de nosotras dicen que somos muy creídas", "de nosotras dicen que somos muy alborotadas" y cosas por el estilo. Para colmo de males el nombre dio para mil chistes y fuimos conocidas como "Rock y tinto", "Trockstars" y mi preferido "Trocatontas". 

Otro momento memorable de Trocatinte fue cuando no sé cómo decidimos que unas fotos bien femeninas para hacernos con el grupo podían ser unas donde las nueve estuviéramos desnudas. Wow, qué idea tan maravillosa. Paula, la sensata que mencioné antes y que contaba con toda la credibilidad dentro del grupo, nos convenció del potencial de esas fotos. Nueve mujeres, desnudas, bien divinas, medio tapadas con unas pashminas, en unas poses totalmente inocentes y, por supuesto, en blanco y negro. Nada vulgar, qué tal. ¡Gran idea, qué belleza! Hubo algunos comentarios en contra pero fueron acallados con palabras como "mojigatas", "eso no tiene nada", "no se trata de salir pierniabiertas", "a nadie se le va a ver nada", etc. Pues nos tomamos las benditas fotos en bola. Creíamos que sería fácil, cuestión de ponerse ahí y actuar natural. Un fracaso. Se necesita toda la actitud y se necesita emparejar nueve actitudes. Yo creo que nos faltó trago. Salimos en todas las fotos haciendo pucheros de incomodidad. De ese tema no volvimos a hablar. 

Pero lo más tenaz fueron tantas discusiones. Éramos románticas, adolescentes, apasionadas y convencidas cada una de su propia forma de querer hacer las cosas. Y por eso mismo, después de cuatro años, se terminó Trocatinte. Aprendimos y repasamos nuestros defectos. Todas salimos con una lista bien completa de las debilidades de carácter que teníamos. Yo supe que soy torpe, mandona, intolerante, impaciente, agobiante, creída,  rosquera, sabionda y medio hijueputa. Eso sí, afinada y muy juiciosa para estudiar. Estoy segura de que cada una podría contribuir aquí con su propia lista de defectos y virtudes de las que tuvo conocimiento gracias al feedback de las otras niñas del coro.



La lista de Trocatintes da más de nueve por circunstancias que harían más larga esta entrada y ya quiero terminar, pero sí quiero dejar constancia de sus nombres. En la foto de arriba: Paula Restrepo, María Adelaida Robledo, Jenny Moreno, Mónica Aranzazu, Ana María Mesa, Juliana Zuluaga, Tatiana Londoño, Yolima Hurtado y Lorena Zuluaga. En la foto de abajo sale Carolina Guacaneme de primera a la izquierda. Luego pasaron por el coro otras niñas, pero esas diez componen la formación inicial y la que pasó por lo más difícil. Con cada una de las que se iba saliendo se iba acabando algo de la magia que hizo que eso fuera tan duro y tan bueno.



En la música siguen María Adelaida, Jenny y Mónica. Esta semana oí cantar a Jenny después de muchos años, ella se fue para Portugal a estudiar, todavía estoy asombrada con la voz que le oí y que es otra distinta de la que tenía cuando cantábamos juntas, "un profesor", fue lo que me dijo "en Manizales no hay escuela de canto". Le dije que teniendo por fin ese punto de llegada de pronto era capaz de escribir esta entrada.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Y las fotos en bola?

Ana Mesa dijo...

Por ahí andan, Anónimo.

Anónimo dijo...

gah

Sandra Páramo dijo...

Divinaaaaaaaaas, tan bonitas esas historias, pude reír imaginándolas a todas... pasajes tan lindos que tiene la vida.

Andrés Salcedo dijo...

Ejercicio complicado, resumir muchas imágenes y recuerdos en un solo post.

No me pareces agobiante.

Me gustó leer.

Ana Mesa dijo...

Uy, sí, muy complicado. Yo no siento que haya quedado bien, no lo digo como disculpa, sino que creo que en este caso es lo que menos importaba. Haber escrito esto hizo que me escribieran algunas de ellas y que se murieran de la risa recordándolo todo. E hizo también que me reconciliara con una. Ese me parece mejor resultado. Gracias, Andrés.